Educar, adoctrinar y evangelizar

Leo ayer domingo un quiero suponer bienintencionado artículo en el que se culpa a una aparente obsesión del currículo por la literatura medieval de la falta de interés de los jóvenes por la lectura. Dejando de lado las falacias argumentativas y las falsas premisas de las que parte, me interesa la pregunta de fondo que plantea el artículo: ¿cómo se puede inculcar una pasión? O, si nos ponemos más profundos: ¿se puede, se debe o es siquiera aconsejable hacerlo?

Ser friqui, entendido como sentir una pasión por disfrutar y conocer un mundo cultural determinado, ya sean los juegos de mesa, la literatura, los tebeos, el cine, el fútbol o las cervezas artesanales, se ha normalizado hasta el punto de considerar que lo normal, dentro de lo terrible del adjetivo, es tener un campo de especialidad más o menos delimitado y que vivimos con mayor o menor intensidad. Porque en un mundo en el que cada vez nos acercamos más a los drones-ciudadanos de una distopía literaria de mediados del siglo XX, aferrarnos al resquicio de individualidad que nos queda escogiendo un ámbito no productivo al que dedicarnos en nuestro tiempo libre se ha vuelto tan común que ya ha empezado la reacción de la conformidad, ya sea exigiéndonos producir también cuando nos dedicamos a nuestra afición (el ¿y por qué no haces un podcast de esto? del que hablé aquí), ya sea intentando normalizar este ámbito a base de franquicias y estrategias de mercado. Y toca resistir para que no nos roben también eso y, llegado el caso, pasar a la ofensiva.

Y, reconozcámoslo antes de nada, en ese aspecto tendemos a ser unos pesados. Porque cuando alguien menciona en la oficina que ha estado jugando a Virus!, que ha estado de senderismo por la sierra o que ha ido al cine a ver la última película de superhéroes no podemos evitar las ganas de contraatacar con un discurso sobre las últimas tendencias en juegos de gestión de recursos, nuestra experiencia haciendo el Camino de Santiago o aquella saga de los 70 que cambió la manera de hacer tebeos. Y no hay nada malo en ello, siempre que nuestra intención no sea hacer de menos al otro, porque pocas cosas son tan bonitas como escuchar a alguien hablar con pasión de aquello de lo que ama, pero si nuestro objetivo es ganar un nuevo adepto para la causa puede que estemos entrando en terreno pantanoso.

Porque, ¿cómo conseguimos que los demás amen nuestra afición como lo hacemos nosotros? En realidad, hacer que nuestro cuñado se una a la timba semanal de Magic y crear una nueva generación de ávidos lectores se parecen mucho entre sí, y ambos caminos se encuentran con obstáculos similares y usan herramientas análogas, hecho en el que también podría yo haberme fijado para darle al artículo un título con más gancho clickbait estilo «LOS CINCO ERRORES QUE VAS A COMETER CUANDO HABLAS DE TU AFICIÓN», pero todos sabemos que hay gente que tiene ideas millonarias y luego otros tenemos un blog, así que lo hecho, hecho está.

Busca la conexión

Vale, tú sabes por qué te gusta lo que te gusta pero, ¿por qué debería gustarle a Mariví de finanzas? Puede que aplastar enemigos, verles destrozados y oír el lamento de sus mujeres esté bien para Conan, pero habrá otros que se apunten a la vida de bárbaro por respirar aire fresco, ver mundo o probar recetas de otras gastronomías, así que haz un esfuerzo por conocer a quien tienes enfrente y pregúntate qué es lo que le puede atraer a tu cuarto de los juegos. Habrá quien prefiera el componente social, quien busque relajarse tras un día de estrés en el trabajo o quien busque emociones fuertes que le saquen de la rutina, y ahí estás tú para escuchar, que tampoco pasa nada porque se oiga alguna voz que no sea la tuya de vez en cuando.

Respeta a tu público

Esto puede parecer de cajón, pero lo voy a decir igualmente porque nunca se sabe y luego me venís con los lloros a decir que no os había avisado: a la gente no le suele gustar que la insulten. Sorprendente, ¿verdad? Y si te cuento con una sonrisa en la cara lo bien que me lo he pasado jugando al Zombicide o leyendo Crepúsculo y lo primero que me sueltas es que eso que a mí me gusta tanto es una mierda, tampoco te sorprendas si no me muestro demasiado receptivo a esa alternativa tan estupenda que me vas a proponer. Que las ganas de dejar claro lo listo que eres no acaben revelando que eres un gilipollas.

Empieza por el postre

No hagas ver una afición como si fuera una lista de deberes. Cuando alguien me pide que le enseñe un juego de mesa, suelo sacar el ¡Aventureros al tren! no porque me parezca un buen juego de iniciación, sino porque es uno de mis juegos favoritos, y si luego esa persona solo quiere jugar al ¡Aventureros al tren! y le importa un bledo que tenga una habitación forrada con cajas de juegos, bienvenido sea. Si recomiendo leer ¡Universo! o Frankenstein es porque me flipan y creo que a la persona a la que se los recomiendo le va a flipar también, no porque considere que son un escalón para llegar a una supuesta obra X que sería mi objetivo final. Porque cuando lo que recomiendas es un escalón estás también transmitiendo que eso no es lo que quieres para ti y, si no es lo que quieres para ti, ¿por qué lo quieres para otros? No ofrezcas migajas, corta un pedazo del pastel que estás comiendo tú.

Sé un guía, no un poste

Imagínate que comienzas a interesarte por las artes marciales: has visto un par de películas de Jackie Chan y quieres saber algo más. Le preguntas a un amigo que sabes que va los miércoles a karate y lo que hace es apuntarte a un torneo de MMA del que, cuando recuperas la consciencia, lo único que recuerdas es a una mole tatuada apoyándote la rodilla en la nuez mientras te muele el hígado a puñetazos. ¿Qué ganas vas a tener de volver a vivir esa experiencia, por muchas lecciones vitales que hayas aprendido? Recuerda que todo eso que sabes lo has tenido que ir aprendiendo y, una vez más, el impulso de demostrar tu superioridad por conocer los mejores emplazamientos iniciales para Catán va en perjuicio de la meta de jugar una segunda partida con esa persona, así que puede ser buena idea comentarle que quizá no quiera poner esa casa en la intersección entre un 12 de ovejas y el desierto. Los clubes de lectura y los coloquios son buenas ideas precisamente por eso, porque convierten el viaje en una actividad de grupo en la que nos acompañamos y explicamos o contextualizamos las barreras que nos podamos encontrar. Si queremos que alguien se aficione al bricolaje, qué menos que dejarle herramientas adecuadas y recordarle por qué se llevan guantes y gafas protectoras para hacer esas cosas.

No es no

Esta es quizá la parte más difícil de aceptar: puede que eso que a ti te gusta tanto, sencillamente, no sea del agrado de otra gente. Habrá quien, tras estar ocho horas diarias organizando páginas de Excel, luego tenga cero ganas de gestionar recursos para construir una catedral que agrade al rey de turno. Quien no vea sentido a leer una novela de quinientas páginas pudiendo disfrutar de una buena película, o quien pase de salir un domingo temprano a dar vueltas con la bicicleta de montaña en lugar de envolverse en el edredón como un bollito de canela calentito. Y no pasa nada. No es que no lleguen, que no estén preparados o les falte compromiso: simplemente, para ellos, la meta no compensa el camino, y prefieren otros destinos. En estos casos, el consejo de no intentar forzarlo y dejarlo estar no obedece a una estrategia a largo plazo de esperar hasta el momento perfecto para acercarse de nuevo, sino a simple y llana decencia humana: no es no, no canses.

Espero que con esta pequeña guía nos quede a todos un poquito más claro cómo hacer para intentar encender la llama de nuestra afición en pebeteros ajenos, que podríamos resumir en respetar siempre al otro como entidad independiente y no como simple receptáculo de nuestras ideas, centrarnos más en contagiar nuestra pasión que en demostrar nuestro nivel de conocimientos sobre el tema y asumir que un gusto no se puede forzar y que lo obligatorio siempre mata el ocio. Y ahora que os he iluminado, os dejo, que he pedido un trabajo obligatorio sobre El Quijote que hace media con el examen para aprobar la asignatura, y me toca corregir. A ver si así les creo hábito lector, que hay que ver lo poco que leen estos chicos por culpa del TikTok.

1 Comment on Educar, adoctrinar y evangelizar

  1. Excelente artículo, entrada de blog, o como quieras llamarle. Aunque no comento en todas publicaciones, si que las leo todas.
    Es cierto que muchas veces uno peca de querer aparentar ser sabelotodo y termina alejando a las personas de nuestros gusto e intereses
    Creo que alguien que sabe ampliamente de un tema en particular, nos puede conducir de manera más fácil y sencilla por intereses y gustos más acordes a nuestras preferencias.
    En este sentido, como en todas las cosas, uno debe ser capaz de adaptarse de acuerdo a las circunstancias y el grupo de gente que nos rodea.
    Te mando un cordial saludo.

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