Icono del sitio El dado de Jack

Reseña: Eat me, if you can

Jun’ichi Sato, 2012 – Kunpu

El mercado de los microjuegos está en pleno auge, desde el bombazo de Love Letter, y no se ve todavía el final de la moda. Cierto es que no estamos hablando de nada realmente nuevo (Hombre-Lobo tiene unos 30 años, y sólo se necesita una carta por jugador), aunque sí es cierto que cada vez son más las editoriales que lo usan como punto a destacar y parece haber una pequeña guerra por ver quién consigue hacer un juego con menos cartas. Está por ver si ese es el auténtico futuro de los juegos o si los microjuegos saldrán del ámbito de «juegos de relleno» y nos llegaremos a encontrar con productos que compitan con Through the Ages o 1830 usando diez cartas y unos cubitos de madera.

¿Dónde vas, caperucita?

Una de las «trampas» que hacen estos juegos es poner el peso principal del desarrollo de la partida en la interacción social. Love Letter se basa en el faroleo y la deducción, Hombre-Lobo te da como único componente una carta que te dice qué metas tienes y cómo vas a actuar, y en Coup la chispa está en adivinar cuáles de las pocas cartas que componen el juego están en poder de qué jugadores. Eat me, if you can no es ninguna excepción, aunque en este caso el misterio no está en quién tiene cada carta sino en una variación del dilema del prisionero. Pero, ¿de qué va el juego?

Los componentes, cómo no, son mínimos: unas pocas cartas de personaje : Lobo, Caperucita, Mamá cerdo y tres cerditos; dos cartas más para cada jugador (dormir y poner trampa) y contadores para llevar la cuenta de los puntos. Al principio del juego, se reparten las cartas de dormir y trampa y una carta de personaje al azar (se eliminan cerditos con menos de 6 jugadores). Quienes no sean el Lobo deben decidir si duermen o ponen una trampa y, cuando ya han elegido, el Lobo señala a quién va a intentar comerse. Entonces, pueden pasar dos cosas:

Después de eso, todos los demás jugadores que hubieran escogido dormir ganan puntos de acuerdo a su carta, el jugador que haya perdido puntos recibe todas las cartas de roles, las reparte como prefiera y comienza una nueva ronda. Cuando alguien llegue a 10 puntos, esa persona habrá ganado.

¿Y ya está? Pues sí, y no le hace falta más para llenar los 15-20 minutos que dura una partida completa. Obviamente, el Lobo intentará conseguir la mayor cantidad de puntos posible, pero eso los que tienen las cartas más valiosas lo saben y, por tanto, es más probable que esas personas escojan poner trampa. Por otro lado, poner trampas sólo es útil si sabes que el Lobo va a ir a por ti ya que, en caso contrario, sólo ganas puntos yéndote a dormir. Esto crea una serie de «tú sabes que yo sé que tú sabes» que va desarrollándose conforme se suceden las rondas y uno va observando los hábitos de elección de cada jugador.

Eat me, if you can es por estas razones un excelente juego que sacar entre una partida y otra a cosas más «duras» o mientras os estáis tomando algo en un bar o en casa después de cenar, que responde exactamente a la filosofía de estos microjuegos y encaja como un guante para 4, 5 ó 6 jugadores. ¿Como pega? Buena suerte si quieres comprar uno, ya que no es precisamente un juego muy extendido, y sólo nos queda cruzar los deditos para que alguna editorial española decida publicarlo.

Lo mejor: diversión y tensión aseguradas, y un reglamento a prueba de cuñaos.

Lo peor: de momento es muy difícil de comprar en España.

Haz nuestra encuesta

 

 

Salir de la versión móvil