Icono del sitio El dado de Jack

Reseña: Coin Age

Adam P. McIver, 2013 – Tasty Minstrel Games

La cartera es un regalo.

Hay gente que no puede parar de jugar, y todos conocemos a alguno así. El que cuando queda todo el grupo siempre está diciendo: «Bueno, ¿se juega a algo o qué?», el que se queda echando partida tras partida en la tienda hasta que lo tienen que sacar a rastras, el que entre bocado y bocado al filete está con el móvil moviendo en alguna partida online. Para esa gente (grupo en el que, tampoco voy a engañar a nadie, suelo estar incluido), salir de casa sin un juego encima provoca entre perezón y nerviosismo. ¿Y si llego antes que el resto y sólo hay otra persona? ¿Y si nos toca esperar a los dos solos una eternidad como, pongamos, diez minutos? ¿Qué vamos a hacer, hablar? Por suerte, en Tasty Minstrel Games han pensado en nosotros y nos ofrecen la posibilidad de llevar siempre encima un escape a situaciones en las que de otro modo tendríamos que recurrir a sucedáneos como la conversación o la interacción social: una respuesta a esos incómodos momentos en los que nos preguntan eso de ¿llevas un juego de mesa en el bolsillo o es que te alegras de verme?

Coin Age es otro microjuego más, en la línea de Love Letter o This Town Ain’t Big Enough for the 2-4 of Us, pero llevado al extremo: para jugar a Coin Age lo único que necesitamos es un mini tablero del tamaño de una tarjeta de crédito (o de una carta de Magic, según prefieras verlo) y monedas sueltas: en euros, ocho de un céntimo, seis de dos, cuatro de cinco y dos de diez (aunque yo usaría de veinte por cuestión de tamaño). El juego en sí está entre los juegos de guerra como Senderos de Gloria y los de mayorías como El Grande, y representa la lucha entre dos grandes potencias (el Regio Reino de la Cara y la República Popular de la Cruz) por ejercer su control sobre una franja de territorio disputado.

En tu turno, tomas una moneda de cada denominación de tu reserva, las agitas en la mano, las plantas sobre la mesa y, según la cantidad de resultados de tu bando que obtengas, podrás hacer una acción u otra, siendo la más común colocar monedas de tu reserva sobre el tablero. Una moneda la puedes colocar en una región vacía o en una que tenga una moneda de mayor valor (es decir, 1 céntimo gana a 5). Cuando un jugador se ha quedado sin monedas o todas las regiones están ocupadas, se cuentan puntos: una región da un número de puntos a su controlador igual al valor de la moneda con la que lo controla (1, 2, 3 ó 4); el doble de eso si se controla la mayoría de regiones de una zona. El que tenga más puntos, ha ganado.

Gana el Reino de la Cara por 16 a 11.

No se puede negar que Coin Age es un juego en el que la suerte influye bastante, pero sólo con suerte no se va a ninguna parte. Además, es tan rápido (no más de 10 minutos si se juega con gente despierta) que se pueden encadenar varias partidas y jugar al mejor de tres, cinco o cuarenta y una. Y la verdad es que sorprende la cantidad de juego que cabe en una tarjetita: conforme lo vas jugando vas descubriendo en qué momentos compensa colocar una moneda de 4 puntos como cebo, cuándo ahorrarte las de 1 para atacar en el momento justo y las situaciones en las que es mejor luchar por zonas con más regiones o asegurarse las menos extensas.

Hasta ahora, Coin Age es el microjuego que más me ha convencido por duración, adecuación al género (hay ocasiones en las que parece que para hacer un microjuego basta con hacer las fichas pequeñitas) y relación suerte-estrategia. Si tengo que ponerle una pega es que sea tan sólo para dos jugadores, aunque seguro que a estas alturas ya hay alguien buscando la vuelta de tuerca usando dados en lugar de monedas o algo así. Si os perdisteis el Kickstarter del juego, siempre tenéis la opción de imprimir la versión gratuita aquí (tranquilos que no os vais a quedar sin tinta), o incluso directamente garabatear un mapa cualquiera en una servilleta de bar. Yo seguiré con mi versión de lujo, eso sí, que para algo soy un magnate capaz de desprenderse de 2 euros por conseguir todas las expansiones y añadidos.

Atiende el derroche.

Lo mejor: lo fácil que es picarse y ver cómo funcionan distintas estrategias.

Lo peor: jugar con monedas de verdad no es tan visual como hacerlo con fichas.

Haz nuestra encuesta

 

 

Salir de la versión móvil