Un día de oficina
Me esparce crema solar por el cogote, me ajusta unas gafas naranjas y me da una palmadita en la espalda. Le pregunto al de Recursos Humanos si está seguro, y me responde entre confuso y enfadado que es lo que ha podido encontrar en el manual, que era la primera vez que un dragón anidaba en el archivo. El jefe vuelve a gritar, interrumpiéndonos, y voy hacia allá armado con una regla y maldiciendo a García, que se había dejado la ventana abierta el viernes.

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