Responsabilidad

Asió el lápiz con más fuerza y volvió a mirar el papel en blanco. Quiso escribir «érase una vez, había un hombre», pero fue incapaz. ¿Cómo iba a crear tantas cosas: un momento, un lugar, un hombre, sin estar seguro de poder hacerlo bien? ¿Y si el momento no era el adecuado? ¿Y si el sol de aquel lugar no brillaba como debía? ¿Y si el hombre no era feliz? Le parecía cruel dar vida a un personaje para luego atormentarlo, aunque sabía que tenía que hacerles sufrir: el sufrimiento ayuda a mejorar, pero no tendrían que mejorar si él, su creador al fin y al cabo, los hubiese hecho perfectos desde un principio. Era tanta responsabilidad crear algo sin ningún impedimento, sin ningún límite, que no podía soportar el fracaso de no crear lo mejor. Derrotado, dejó el lápiz sobre la mesa, suspiró largamente y pidió otro café.

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