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Reseña: Star Realms

Robert Dougherty y Darwin Kastle, 2013 – White Wizard Games

Universos de bolsillo.

Hay un hecho, una ley natural, que dice que tarde o temprano todo jugador top de Magic: el Encuentro va a acabar o bien pasándose al póquer o bien diseñando un juego de construcción de mazos. De lo primero no voy a hablar de momento, aunque es algo que da que pensar, pero lo segundo me interesa y tiene su porqué: al fin y al cabo, tanto los juegos de cartas coleccionables como los de construcción de mazos tienen muchas cosas en común: la parte principal de las decisiones en estos juegos depende de qué cartas decides incluir y cuáles no, qué combinaciones te van a resultar más beneficiosas en el entorno en el que te encuentras y en qué proporción debe ir cada carta para que el conjunto sea lo más efectivo posible. La principal diferencia es que, mientras que en Magic estas decisiones las tomas antes de la partida, en un juego como Ascension o este Star Realms forman parte de la partida en sí misma.

Otra ley natural es que estos juegos de construcción de mazos vienen y van, y sólo unos pocos consiguen permanecer al pie del cañón. Dominion sigue exprimiento la vaca expansión tras expansión a fuerza de ser el primero y más puro; Ascension tira de inmediatez y de tener una versión electrónica más que decente, y Legendary le saca el máximo partido a sus licencias (Marvel y Alien de momento) para alegría de los que buscamos experiencias temáticas. Fuera de estos tres nombres, todo o casi todo son flores de un día. Pero, desde un tiempo a esta parte, al principio como trasfondo y cada vez de manera más visible (ayudado también por una versión electrónica fabulosa), Star Realms se está haciendo un hueco en el corazón y la mesa de muchos jugadores. ¿Por qué?

El formato, no nos engañemos, ayuda mucho: gastarse 30-40 euros en el mejor de los casos para probar un juego nuevo de cartas que tiene toda la pinta de ser más de lo mismo da un poco de perezote, pero un juego presentado en una caja como las que se usan para guardar un mazo de Magic a un precio asequible y que promete una experiencia plug & play es mucho más difícil de resistir. Así que pasas por caja, barajas las cartas, plantas el mazo sobre la mesa y echas tu primera partida. Y luego otra, y otra más, y otra… Porque Star Realms es algo más que una cara bonita, y resulta ser extremadamente adictivo sin necesidad de recurrir a vueltas de tuerca complicadas. De hecho, es más una vuelta atrás: la meta en Star Realms no es conseguir puntos de victoria, sino acabar con tu oponente. Para ello usa un mecanismo muy parecido al de Ascension con su fila central común para comprar cartas y la separación entre recursos y poder de ataque, con la diferencia de que ese poder de ataque lo vas a utilizar no para vencer monstruos neutrales, sino para tirárselo a la cara a tu oponente y a sus bases. Otra diferencia, como acabo de mencionar, es que aquí puedes también atacar a las cartas del rival, lo que te presenta un punto de decisión más aparte de qué carta comprar ese turno: ¿prefieres ir reduciendo la resistencia de tu oponente y acercarte más a la victoria, o te compensa más a largo plazo acabar con una base suya momentáneamente y privarle de unos cuantos recursos?

Ni midiclorianos ni gaitas.

Algo que también se han currado muy bien en Star Realms y donde se ve que han hecho los deberes que les mandaron en clase de diseño de juegos es a la hora de jugar con las sinergias entre cartas. Las cartas que vas a comprar aquí son naves y bases espaciales divididas en cuatro facciones y, aunque puedes comprar cartas de cualquier facción, te suele compensar centrarte en una o dos cada partida, ya que muchas cartas tienen un efecto más potente si las juegas junto a otras con su mismo símbolo de facción. Estas facciones tienen sus especialidades y sus puntos fuertes, y con el tiempo verás que las experiencias de jugar con la que se dedica a eliminarte cartas del mazo, la que se basa en ir subiendo tus puntos de vida o la que busca robar cartas y hacer que el oponente se descarte son muy distintas y te exigen centrarte en un tipo de cartas u otro.

Star Realms no es el juego más profundo del mundo y, como todos los juegos de este tipo, si juegas mucho y muy seguido corres el riesgo de quemarlo, pero tiene la suficiente chicha como para que los 20 minutos aproximados que dura una partida se te pasen volado y el «venga, al mejor de tres, no, de cinco, de siete…» salga casi sin darte cuenta. Y lo mejor es que ni siquiera tienes que hacerme caso: tú bájate las aplicaciones para Android o iOS, prueba un par de partidas y dime si no vale los cuatro duros que te vas a gastar seguro en la versión física.

Lo mejor: un juego de construcción de mazos en el que por fin hay enfrentamiento directo.

Lo peor: para jugar más de dos jugadores tienes que juntar varias copias. Haz nuestra encuesta

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