Steffen Bogen, 2014 – eggertspiele (Ediciones MasQueOca)
El Spiel des Jahres es el premio más prestigioso de juegos familiares del mundo (tanto que siempre hay algún intento de copiarlo por ahí), así que me veía en la obligación moral de, al menos, probarlo para contaros qué tal estaba el ganador de la edición de 2014 y cómo se comparaba con los otros nominados, Splendor y Concept, de los que ya os hablé en su momento. El juego, a primera vista, parece bastante sosote, pero uno es un profesional y si hay que probar algo, aunque sea para luego avisaros de que huyáis, insensatos, se prueba y ya está. Sí, lo sé, soy un valiente.
El juego, no se puede negar, es bonito. Un tablero funcional, cartas coloridas (aunque hubiera agradecido algún tipo de símbolo para diferenciar mejor los distintos camellos aparte de por su color, pejiguero y daltónico que es uno) y una pirámide que es a la vez el principal atractivo o gimmick del juego y su mayor engorro. Las primeras dos o tres veces hace ilusión usar el mecanismo de poner la pirámide del revés y darle al pitorro para sacar un dado, pero luego estás pidiendo a gritos una bolsita de tela corriente y moliente, que además no te hace temer continuamente por el momento en el que la goma que sujeta todo el artilugio se parta y le saque el ojo a alguien.
En cuanto al desarrollo del juego, poco hay que contar: hay un grupo de camellos que están haciendo una carrera alrededor de una pirámide, y los jugadores son ricachones que han decidido apostar en esa carrera. Cuando un camello cae en una casilla con otro camello, se sube encima de él y, cuando le toca mover a un camello con otros jetas subidos a su joroba, se los lleva de paseo, con el aliciente de que se considera que el camello que esté arriba es el primero. Así explicado puede parecer un poco engorroso, pero cualquiera que lo haya visto o que haya jugado alguna vez a Carrera de tortugas sabrá perfectamente de qué estoy hablando.
Un jugador en su turno puede elegir llevar a cabo una de cuatro acciones: apostar por qué camello va a quedar primero o último al terminar la carrera, hacer una apuesta «de etapa» sobre qué camello va a quedar mejor una vez todos hayan movido una vez, poner una loseta en el tablero o sacar un dado al azar de la pirámide y tirarlo.
Y ya está. La verdad es que no hay mucho más que decir de este juego. El control que tienes sobre el desarrollo de la partida es bien poco, ya que la cosa está básicamente en tirar dados y aportar a cuál va a ser el mejor resultado, metiendo un poquitín de manejo de suerte a la hora de decidir cuándo apostar: las primeras apuestas se hacen a ciegas, pero pueden dar muchos puntos si se tiene suerte, mientras que conforme vas sacando más información al ver qué camellos se han movido ya y cuáles quedan por mover puedes ir un poco más sobre seguro pero, si alguien ya ha hecho la apuesta gorda antes que tú, el beneficio que vas a sacar es mucho menor. Aparte, el ver cuándo y dónde poner tu loseta (que afecta al movimiento del camello que cae en ellas y de paso te da un puntito de victoria cuando eso sucede), aunque no es en ningún momento una decisión compleja, sí puede afectar moderadamente al resultado final si tienes la suficiente suerte.
¿Es Camel Up un juego que me muera por tener? En absoluto. Creo que, una vez superada la novedad de la pirámide-cubilete, hay otros muchos juegos mejores con mecanismos parecidos como Horse Fever, Colossal Arena, Cheaty Mages o incluso Carrera de tortugas. Tampoco lo veo como un juego familiar demasiado recomendable porque el tema de apostar en carreras quizá no sea algo que mucha gente quiera inculcar a sus hijos como algo positivo. Pero por otro lado, tampoco es una experiencia desagradable, es cortito y, si me proponen una partida y estoy lo suficientemente borracho, puede que no me importe darle un tiento si no tengo otra cosa a mano.
Lo mejor: los momentos «¡corre, plátano!» cuando haces una apuesta que por pura chiripa sale bien.
Lo peor: no es muy distinto en cuanto a decisiones a la ruleta, el bingo o la oca.
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