Thiago Aranha, Guilherme Goulart, Eric M. Lang y Fred Perret, 2014 – Cool Mini or Not (EDGE Entertainment)
No hay lugar como una buena mazmorra con sus orcos, sus trasgos, sus enanos cabreados y sus magos con pinta de mala gente. Tú y yo lo sabemos y, aparentemente, todos los editores de juegos lo saben también. Arcadia Quest no es ni siquiera el primer juego de este tipo que nos presenta Cool Mini or Not, pero después del culebrón de Super Dungeon Explore se ve que tenían un huequecito en el corazón que había que llenar, y éste ha sido el elegido.
Para los que crecimos con el grito de ¡Fuego de ira! del anuncio de HeroQuest grabado a fuego en la memoria y poníamos el termómetro en el radiador para quedarnos la mañana en casa jugando a Zelda, cada juego de mazmorras que sale es una nueva promesa, un te prometo que esta vez será distinto, vas a volver a sentir la misma magia que sentiste hace veinte años y te ha convertido en el pedazo de friki que eres hoy e, invariablemente, una nueva decepción porque nada puede hacernos ser niños de nuevo. Así que lo digo desde ya: si estás buscando esas sensaciones de años ha, ni aquí ni probablemente en ninguna parte las vas a encontrar.
Lo que nos ofrece Arcadia Quest es un punto de vista ligeramente distinto: esta vez, en lugar de llevar cada uno un personaje y enfrentarnos a un maestro mazmorrero o al propio juego, cada jugador controla a tres personajes distintos y con los que intentará cumplir las misiones que propone cada escenario antes que los grupos de los demás jugadores. Y si alguien tiene que morir entre tanto, pues qué le vamos a hacer.
Todo en Arcadia Quest está pensado para transmitirnos la sensación de estar jugando a un videojuego, pero moviendo figuritas y tirando dados en lugar de aporreando los botones de un mando: lo rápido que se suceden los turnos, el modo en el que se soluciona el control de los monstruos al activarse cuando se mueve uno demasiado cerca de ellos o al atacarlos, el respawn tanto de monstruos como de personajes muertos… No hay tiempo para elaborar estrategias que, al fin y al cabo, vas a tener que modificar cada turno por la cantidad de caos e interacción del juego: simplemente queda abandonarse, tirar dados y disfrutar.
Si te gusta tenerlo todo bajo control y trazar planes que seguir al pie de la letra, vas a aborrecer Arcadia Quest. Si buscas inmersión temática, contar una historia e identificarte con tu personaje, inténtalo en otra parte. Si eres de los que llevan regular eso de intentar hacer una cosa y que llegue el de al lado, te dé un capón y te chafe la idea, mantente bien alejado. Pero si buscas algo con lo que pasar un rato divirtiéndote a costa de la mala suerte de unos y otros, levantarte cuando estás a punto de hacer una tirada de dados crítica y hacer pactos de no agresión que nadie va a respetar, todo esto mientras correteas por una mazmorra recogiendo pociones, encontrando tesoro y armas y matando monstruos y, de vez en cuando, a los personajes de tus amigos, estás ante una mina de oro: Arcadia Quest es el juego que Munchkin pretendía ser, siempre y cuando no te importe multiplicar espacio y precio, claro está.
Lo mejor: tira dados, mata monstruos, consigue tesoros y sube de nivel, ¡atacando de paso a tus amigos! ¿Quién podría no querer algo así?
Lo peor: con menos de cuatro jugadores la experiencia se resiente, al igual que si no estás dispuesto a encadenar al menos dos o tres escenarios.
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