Cualquier reseñador en serie que se precie disfruta más cuando puede dedicarle a su víctima todo el tiempo que se merece y usar sus herramientas para llevar a cabo la disección con calma y tranquilidad. Por desgracia, no siempre es posible hacer tal cosa. Y cuando el ansia ataca, un aquí te pillo, aquí te mato en el paredón tiene que bastar.
Bar Bestial (Stefan Kloß, 2014)
bichos en el bar, gana.
El juego recuerda muchísimo al clásico Guillotine, aunque esta nueva versión es al mismo tiempo más simple, más corta y menos azarosa, ya que todo el mundo tiene las mismas 12 cartas que va a jugar y la cuestión está en cuándo poner sobre la mesa cada una de ellas. Como pega, las cartas grandotas tamaño Dixit hacen que todo acabe ocupando más de lo que debería para un juego tan cortito que, de haber escogido un tamaño más apañadete, bien podría ser un clásico de cafetería. En cualquier caso, recomendable si os van los chorrijuegos con un pelín más de juego que de chorri.
It’s Mine (Unai Rubio, 2015)
La idea es buena y el juego, desde luego, funciona, pero simplemente no es para mí. La simbología se me hace demasiado farragosa e, irónicamente, echo en falta algún símbolo o forma que me ayudase a distinguir colores de cartas cuando estos son importantes (la cruz de los daltónicos frikis). Es un juego que me parece más complejo que profundo, en el que la habilidad está en saber aprovechar combinaciones entre los distintos símbolos y excepciones para escoger la carta óptima en cada momento más que en adelantarse al oponente o saber leer sus intenciones, que es donde para mí está muchas veces la gracia a la hora de jugar. Sin embargo, si os gustan los juegos en los que cada turno se te presenta un puzle a resolver, seguramente disfrutaréis bastante de la variedad que ofrece It’s Mine.
Junta (Eric Goldberg, Ben Grossman, Vincent Tsao, 1978)
Esta nueva edición que acaba de ser editada en español por MasQueOca lleva los componentes y el aspecto del juego al siglo XXI, lo que se agradece muchísimo, aunque en su afán de ser fieles al juego original han mantenido las reglas tal cual estaban, y el modo en el que estaban no era óptimo precisamente: el modo en el que las votaciones funcionan y detalles como cuándo está abierto el banco y cuándo no son, por decirlo con suavidad, algo confusos, y el modo en el que funcionan los golpes de estado, que debería ser el foco del juego, se convierte en un peñazo en el que nadie está seguro del todo de cuándo puede mover o en qué orden ataca cada quién. Una pena, porque el concepto del juego es único y, cuando todo funciona, resulta increíblemente divertido, pero el reglamento parece pensado para intentar impedir esa diversión (aunque, eso sí, hay que admitir que la organización del manual es mucho más amigable que la original). Pero, si estáis dispuestos a poner de vuestra parte, la experiencia sigue siendo algo que contar a los nietos. Y oye, siempre será mejor que un República de Roma.

