Mac Gerdts, 2013 – PD-Verlag (Ediciones MasQueOca)
2-5 jugadores, 90-120 minutos
Si hay un concepto de juego que está más gastado que el de los zombis, es el de comerciar con distintas mercancías para sacar puntos de victoria. Y aun así siguen saliendo juegos así. ¿Por qué? Porque es muy sencillo de justificar: en los juegos de gestión de recursos, pensar en esos recursos como mercancías de distintos valores con los que comprar puntos es muy fácil. Concordia, entonces, no va a ganar ningún concurso de originalidad pero, por otro lado, si eres un eurogamer de pro, probablemente ni siquiera tengas muy claro qué quiere decir eso de «originalidad» y vienes aquí a que te hable de mecánicas. Vamos allá, pues.
En Concordia los jugadores quieren expandir su imperio comercial viajando con sus colonos por el Imperio Romano, adquiriendo y mercadeando con diferentes bienes, estableciendo puestos comerciales en las distintas ciudades y regiones del mapa para… Pues para ganar la partida, claro, ¿para qué si no? Que parecemos nuevos con estas dudas a estas alturas, caramba.
Lo que hace a Concordia especial es que todo esto lo hacemos por medio de cartas. Vale, sí, eso dicho así tampoco es que sea ninguna revolución, pero no es tanto el hecho de que use cartas como el de cómo las usa. Para empezar, el reglamento podría resumirse en una frase: «en tu turno juega una carta y haz lo que dice», y con eso ya tiras. Claro que la cosa no es tan sencilla, y cada carta tiene sus cosas a la hora de cuándo y para qué las usamos: para construir puestos comerciales necesitamos mercancías, que conseguimos al activar la producción de las regiones, pero a su vez necesitamos puestos comerciales en esas regiones, así que buscamos dinero con el que comprar las primeras mercancías, y para conseguir ese dinero tenemos que vender algo… Y así, en bucle.
Para hacernos la cosa más fácil (o más complicada, según se mire), en lugar de tener un mazo del que vamos robando unas pocas cartas cada vez, tenemos siempre todo nuestro «mazo» en la mano, por supuesto excepto las que hayamos ido jugando, que estarán frente a nosotros, un poco como en Lewis & Clark. También como en L&C, tenemos la opción de, cuando veamos que necesitamos otra vez las cartas jugadas, usar una opción para recogerlas y empezar de nuevo la serie, e incluso de ir comprando cartas nuevas, cosa que va a ser bastante necesaria tanto por las acciones que nos permiten como por un detallito que os voy a contar ahora…
Si entornas los ojos, puedes pensar que es cualquier otro juego.
Y es que hasta aquí el juego es increíblemente estándar: usas cartas, recolectas recursos, vendes y compras, construyes… Nada malo si se ejecuta bien, pero tampoco nada sobre lo que escribir a casa. Lo que hace que Concordia se vaya a quedar en mi colección es algo que aún no he dicho: ¿quién gana? Sí, gana el que obtenga más puntos de victoria, pero la chispa está en que lo que tienes que hacer para conseguir esos puntos viene dictado por las cartas que has ido comprando a lo largo de la partida, de modo que al adquirir una carta no estás consiguiendo sólo una oportunidad de acción mejorada sino que, además, estás determinando qué es lo que vas a hacer durante el resto de la partida para conseguir puntos: hay un tipo de cartas que te da puntos según la cantidad de colonos que tengas en el tablero; otro que te premia expandirte por regiones distintas; otro que quiere que tengas una variedad a la hora de producir; otro, que te especialices en un tipo de recurso…
Es esta sensación de libertad en el sentido de estar determinando tú mismo lo que quieres hacer y cómo lo que hace que Concordia, sin dejar de ser un juego de gestión de recursos bien engrasado pero no por ello menos estándar, tenga un puntito de interés, esté más centrado en el juego como actividad lúdica de exploración que como resolución de un problema. Si estás cansado de los juegos en los que se te ofrecen muchas opciones que a la hora de la verdad no puedes probar porque no son óptimas y tienes que seguir el camino marcado para ganar la partida, Concordia puede ayudarte a ver que no tiene por qué ser siempre así, que otro euro es posible.
Te gustará si: te gusta explorar distintas estrategias en cada partida.
Lo odiarás si: buscas conflicto directo entre jugadores y temáticas emocionantes.
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