Podemos asumir, una vez estás aquí, que o bien eres un rebelde o bien no lees los títulos de las entradas. También puede ser que tu gato haya decidido pasearse por el teclado justo en este momento o que te haya dado por estornudar justo cuando ibas a pinchar en otro enlace, pero entre todas las posibilidades me voy a quedar con la de la rebeldía, que siempre resulta más bonito.
Resulta que estos días ha habido un cierto revuelo por las distintas interpretaciones que se han hecho acerca de un dato: que el contenido en vídeo sobre juegos de mesa tiene más tirón que el escrito. Y claro, como internet es lo que es, todo el mundo ha corrido a buscar su esquina del ring y a decidir por qué motivo decide sentirse ofendido, que aquí lo importante es construirse una identidad contra alguien, no vayan a pensar que somos seres capaces de empatizar con los demás, con lo feo que está eso.
¡Cuidado! ¡El ataque de los blogueros de juegos de mesa!
Por un lado tendremos la típica visión pesimista, que la juventud de ahora aborrece la palabra escrita y va a lo fácil y lo inmediato, a la mueca y el chiste fácil y todo es peor siempre. Quizá haya que tener en cuenta que, cuando se habla de la gente que crea vídeos, pocas veces se es consciente del enorme trabajo que esto supone: saber qué equipo usar y cómo hacerlo, guionizar o al menos saber qué decir, cuidar la calidad tanto de la parte visual como del sonido, todo ello supone una enorme inversión de dinero, tiempo y talento que no están disponibles para todo el mundo: sí, grabar algo y subirlo a YouTube es algo que puede hacer todo el mundo (hasta yo), pero hacerlo bien ya es más difícil, y al ladito de los dos o tres canales que suman miles de visitas en cada vídeo tenemos otros que con suerte llegan a contar decenas. Catalogar a todo un iceberg por la mínima parte de él que vemos sobre el agua nos puede llevar a conclusiones precipitadas y erróneas.
Por otro lado está el que supongo que deberé considerar mi bando, el de los que seguimos escribiendo a pesar de esta supuesta decadencia del medio, y aquí a lo mejor también hay varios asuntos que discutir. El primero será el de la supuesta ofensa a causa de la afirmación y a ver, que nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio, y si los blogs no son hoy en día las rodillas de la abeja pues qué se le va a hacer: en todo caso no creo que nadie que mantenga un blog activo estos días pretenda que eso le saque de pobre. ¿Quieres fama y dinero rápidos? Búscalos en otra parte. Escribir es querer sacar fuera en negro sobre blanco cositas que tienes dentro, que pueden ser lo mucho que sufres por no tener novia, tus descubrimientos sobre la conspiración reptiliana o, por qué no, lo bien o mal que te lo has pasado moviendo cubitos y tirando dados la tarde anterior, que hay gente para todo.
Sex sells.
Pero ojo, que es distinto el hecho objetivo de que un medio tiene más tirón que otro y las conclusiones que alguno ha sacado de que todo lo que no está en el primer puesto está en declive, y en esto no puedo estar más en desacuerdo, al menos en lo que al pequeño rinconcito del mundillo que me corresponde, y es que yo lo que veo es un crecimiento exponencial de la afición y, siendo los blogs parte de esa afición, por fuerza estamos experimentando a nuestra vez ese crecimiento. Claro que para que el tren te lleve a alguna parte no basta con observarlo sino que vas a tener que subirte a él. Que sí, que este año El dado de Jack (me perdonaréis que hable de mí mismo, pero es que me conozco mejor a mí que a otros) está mes a mes avanzando y rompiendo barreras que me había puesto y a las que hace apenas un año ni siquiera soñaba con llegar, pero también, llamadme loco, me da a mí que tiene más que ver con el hecho de estar dedicándole mucho más tiempo, trabajo y ganas que antes que con que me pille de paso una revolución sociocultural.
Estos últimos días el hamijo Edgard de Muevecubos se montó su habitual megavotación acerca de juegos, blogs, podcasts, vídeos y demás, y como no podía ser de otra manera me voté a mí mismo, dije que por un ejercicio de pura coherencia: ¿porque me considere mejor que los demás? No exactamente, sino porque considero que lo que hago es exactamente lo que quiero hacer, y para mí no tendría sentido continuar con El dado de Jack si no fuera mi blog favorito: ¿cómo no va a serlo, si el contenido lo decido yo y nadie más que yo? Y quizá esa sea, al menos para mí, la clave: no hacer lo que más éxito creas que va a tener, o lo que los cuatro expertos de siempre consideran que tienes que hacer, sino aquello con lo que más a gusto estás y más orgullo te produce. Tan orgulloso estoy de estas cuatro tontás que escribo de vez en cuando que las comparto con vosotros, y no dejaré de agradeceros que perdáis el tiempo con ellas.
