Hacía tiempo que no disfrutábamos de un triple repaso y, ante el final de las vacaciones, ya iba tocando. Nuestras víctimas hoy son tres criaturitas recién salidas del cascarón y que, desde luego, han salido a sus papis. Veamos qué jugo hemos podido sacar de ellas:
Skull King (Brent Beck y Apryl Stott, 2013)
Las diferencias que presenta Skull King respecto a la Pocha de toda la vida son un par de cartas especiales del palo «A gana la ronda siempre a no ser que se juegue B, que pierde siempre a menos que alguien haya jugado A» y que las apuestas se hacen todas a la vez, en lugar de por turnos. No es un mal juego porque es clavado a uno que, para mí, es el top de los juegos de bazas, pero tampoco es tan distinto como para justificar una compra que ya tienes apañada con una baraja de 0,60€, a no ser que realmente quieras jugar con dibujos de piratas. Y yo juego a Póker con una baraja con fotos de Elvis, así que tampoco voy a decirle nada a quien prefiera loros y parches a copas y bastos.
Tesoros Inesperados (Friedemann Friese, 2002)
El juego en sí es una especie de dilema del prisionero multijugador: hay una serie de fichas en el centro de la mesa y queremos coger las que necesitemos para cumplir los requisitos de las cartas de objetivo y llevarnos los puntacos. Para ello decidimos qué transporte vamos a llevar al vertedero, sabiendo que, cuanto más rápido el transporte, menos fichas podremos llevarnos y que, si dos de nosotros elegimos el mismo transporte, nos quedamos en casa. Me recordó a una versión más euro de ¡Tiburón! aunque, si tengo que quedarme con uno de los dos, me temo que las visitas furtivas a vertederos sale perdiendo. Pero es que arrancar brazos y mover las mandíbulas del tiburón de plástico tira mucho.
Cortex Challenge (autor desconocido, 2016)
Sin ser mi género favorito ni mucho menos, sí tengo que decir que Cortex Challenge es quizá el juego que más me ha gustado en ese estilo ya que, en lugar de limitarse a la competición de reflejos, lo que lleva a situaciones en las que muchas veces no merece la pena jugar a según qué juegos porque ya sabes quién va a ganar y quién no (pista: ser daltónico no ayuda), los retos que nos ofrece son, dentro de un patrón parecido de «a ver quién resuelve esto antes», lo suficientemente distintos como para que a distintos jugadores se les den bien o mal distintas pruebas. También tiene un mínimo punto de decisiones, ya que sólo puedes guardar cuatro cartas «sin canjear», con lo que a veces tendrás que pensar si te compensa pelear por una carta que a lo mejor no vuelves a ganar o te centras en las pruebas que más controlas. Ya digo que a mí no me ha disgustado, así que para los fans del género puede ser muy recomendable, que ya está bien de jugar con las mismas cartas sobadas y empapadas en calimocho.

