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Dojo Kun: ¿Y mi kimono? ¡Kiaaaaa!

Roberto Pestrin, 2015 – Yemaia (Ediciones Primigenio)

Ficha en BoardGameGeek

Firme candidato a «portada más awesómica de 2015».

No podía no caer. A ver, seamos serios: si le pones delante a un hijo de los 80 un juego sobre luchadores de artes marciales que entrenan para ganar torneos en nombre de sus respectivos dojos pues, qué queréis que os diga, uno no es de piedra y tenía que hincarle el diente. Ahora, pongamos que, por no sé qué extraño motivo, habéis sido capaces de resistir los cantos de sirena de esta portada que nos lleva de nuevo a los recreativos y sus máquinas chetadas de Street Fighter y queréis informaros un poquito más acerca del juego antes de comprarlo. Bueno, pues aquí está el tito Betote para contaros:

Al abrir la caja perdemos así en plan instantáneo 20 añitos de golpe: mientras miramos las cartas de los luchadores e identificamos sus mil guiños a pelis, tebeos, series, videojuegos y todo lo homenajeable que se pueda uno imaginar nos damos cuenta de que este juego es obra de alguien que le ha puesto mucho cariño o, al menos, que sabía que quienes lo íbamos a mirar esperábamos mucho. Que las primeras impresiones cuentan y, aquí, Dojo Kun cumple más que de sobra.

Por supuesto.

Luego vamos a mirar el regolamento rulebook reglement regelheft… Pero… ¿y las %$&%· reglas? Ah, que no te has fijado que en la pegatina esa del pulpo arcano comiéndose un dado (que a ver para qué le pones un pulpo a un dado pudiéndole poner una chistera, pero eso ya es otro asunto) lo que dice no es «reglas en español», sino «reglas descargables en español». Pues ya sabes: toca aprender idiomas o conectarse a internet. En fin, más difícil lo tuvo Daniel Larusso y no vamos nosotros a ser menos.

Superado el escollo inicial lee uno las reglas y… ¿ya está? Nos hemos perdido algo, ¿verdad? Pues no; es así de simplote, que se ve que los torneos de artes marciales incluyen varios golpes en la cabeza y no está la cosa para complicarnos más la vida. El «juego» de Dojo Kun se basa en una colocación de trabajadores de lo más básica en la que vas a adquirir luchadores, aumentar un poquito sus características y si acaso darle un golpe especial o mandarlo a una misión a llevarte un puñado de puntitos de victoria, y ya. A buscar estrategias y jugadas maestras a otro lado, chaval. Por suerte, son sólo 6 turnos de esto y pasan rapidito.

Luego está la chicha, lo que estábamos todos esperando, que son los torneos que se celebran a mitad y final del juego y en los que cada jugador manda a sus mejores luchadores a conseguir gloria, honor y algún esguince que otro. Y aquí nos encontramos con que, si pensábamos que la parte de gestión de recursos tenía poca estrategia, aquí ya directamente es que no hay. Cada combate se resuelve tal que así: ambos jugadores tiran los dados correspondientes a su luchador, aplican modificadores por ataques especiales que compraran en su momento y, tras consultar los símbolos, uno de los dos gana. Ya. En serio, que no tomas decisión alguna… A no ser que no tengas a ningún luchador en el combate, que ahí puedes intentar adivinar quién va a ganar y si aciertas te llevas un puntete.

Si tienes un control total sobre tus giros de muñeca, a lo mejor encuentras un nivel de estrategia oculto.

Como juego, si eres de los que valora las mecánicas, las posibilidades estratégicas y las decisiones de calidad, Dojo Kun es un juego homeopático: por su aspecto y su precio parece ser un juego de verdad pero, cuando lo analizas un poquito, te das cuenta de que no. Si lo que quieres es contar una historia y meterte en la piel de los personajes del juego, aparte de las ilustraciones de los luchadores poco más vas a encontrar a lo que agarrarte. Por otro lado, es uno de esos juegos en los que, si la compañía acompaña y estáis todos por la labor, siempre podéis encontrar vuestro punto hooligan animando a vuestros luchadores favoritos en el torneo, un poco como pasaba con Luchador!,  que tiene más o menos la misma cantidad de decisiones, aunque a mí me funcionó más por ser más rápido, más directo y por tener un cuadrilátero con sus cuerdas y todo al que tirar los dados.

Dojo Kun no me ha funcionado a mí, quizá porque esperaba demasiado de él y confiaba encontrarme con una versión más amable y suavizada de Spartacus con personajes de videojuegos en lugar de gladiadores depilados y sudorosos, o porque el combate de dados me parece demasiado complicado para ser simplemente un «tira dados y el que saque mejores resultados ha ganado» pero, si el tema te llama tanto como para compensar con entusiasmo e imaginación las carencias mecánicas que tiene, puede ser uno de esos juegos fetiche que saques una y otra vez como excusa para revivir esos años en los que, como nuestros padres no nos querían dar más monedas de 25, pulsábamos los botones de la máquina imaginándonos que estábamos jugando en lugar de ver cómo los muñequitos se movían.

Te gustará si: le pones la emoción suficiente y el ambiente es el adecuado.

Lo odiarás si: esperas que sea el juego el que te ofrezca algo.

Juego proporcionado por Generación-X.

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