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Reseña: Un imperio en 8 minutos

Eight-Minute Empire. Ryan Laukat, 2012 – Red Raven Games (2014 – Devir)

 

Un desparrame de cubitos en cuarto de hora

 

Perdona, ¿tienes un momentito para dedicarlo a la dominación mundial? No es mucho, de verdad: ocho minutitos. Bueno, tal vez quince, pero ya está. Conquistamos el mundo y nos tomamos otra, ¿qué te cuesta?

Desde la aparición de Risk en 1959, los diseñadores de juegos se han vuelto locos buscando un sustituto que nos diera toda la emoción de luchar por conquistar el mundo con nuestros ejércitos, pero reduciendo el tiempo de juego (la primera hora de una partida de Risk es divertida – las otras tres, no tanto) y mitigando el peso del azar, para enganchar a los jugadores más «serios». Entre medias, en los años 90, se publicó El Grande, que nos enseñó que no hacía falta destruir a los ejércitos del oponente para derrotarlo: bastaba con tener más. Y en 2012, a Ryan Laukat se le fue la mano.

En Un imperio en 8 minutos cada jugador intenta poner en juego la mayor cantidad de fuerzas posible y colocarlas en las posiciones que permitan obtener el control de cuanta más tierra, mejor. Para ello irán robando cartas de una fila (la primera es gratis; las demás hay que pagarlas, y la cantidad de dinero de cada jugador es finita y nunca se recupera) que le indicarán qué acción pueden realizar: poner tropas en juego, mover las tropas de un lado a otro del mapa por tierra o mar, fundar ciudades e incluso destruir tropas enemigas. Una vez que cada jugador haya robado entre 7 y 9 cartas, dependiendo del número de jugadores, y realizado ese número de acciones, se cuentan puntos. Hay puntos por tener mayorías en regiones, por ser el que más regiones controle en cada continente y por haber reunido cartas de acción con el mismo símbolo durante la partida.

Ah, qué cinco magníficas civilizaciones.

¿Y ya está? Pues sí, ya está, no tiene mucho más. Los símbolos de las cartas tienen diferentes frecuencias y valores, y se pueden poner sobre el tablero alguno de esos símbolos al azar para darle más vidilla, pero la cosa se resume en eso. ¿Ofrece toda la profundidad y sensaciones épicas de un juego de imperios más largo? En absoluto, pero eso no es necesariamente malo: Un imperio en 8 minutos es un jueguecín más que correcto para pasar el rato con mucha interacción a la hora de disputarse mayorías en regiones específicas, un puntillo de decisiones a la hora de escoger una acción más potente o una cuyo símbolo nos vaya a dar más puntos al final, o cuándo gastar el poco dinero que tenemos para hacernos con una carta que nos interese más, y nada más y nada menos que eso.

En resumen, Un imperio en 8 minutos no va a sustituir a El Grande o Dominant Species en tu colección y, si lo que buscas es eso, muy probablemente te decepcione, pero es un más que decente juego para echar una partida frente a un café y un grupo de amigos sin ocupar toda la mesa del salón ni tener que reservar la tarde para ello, pero con algo de espacio para las decisiones estrategias y tácticas. No es un chuletón, pero es que a veces lo que apetece es una palmerita de chocolate.

Lo mejor: ocupa un hueco en el que no había demasiados juegos en el mercado.

Lo peor: algunas regiones del mapa son demasiado pequeñas y se forman acumulaciones de cubos en esos puntos.

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