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Jack ataca de nuevo

Aquí donde me veis, me cuenta el señor WordPress que llevo con El dado de Jack desde febrero de 2008, lo que en un principio querría decir que este blog tiene casi diez años de vida, pero la cosa no es tan sencilla. Podemos decir que desde febrero de 2008 hasta hoy siempre ha existido un blog llamado El dado de Jack, pero no siempre ha sido éste.

Lo que había por aquel entonces era un blog en el que hablaba de suplementos de juegos de rol y de Magic, y que prácticamente no usaba porque estaba más enfrascado en mi blog de microcuentos, Gruñidos de un balrog, en el que así a lo tonto llevo cinco años sin escribir nada y que está casi mejor así, tranquilito y tan a gusto. Esa fue la primera vida de El dado de Jack: un catálogo de lo que me iba comprando y probando, sin pretender siquiera ser leído, pero que me resultaba más cómodo que un archivo de Excel.

A finales de 2011 El dado de Jack cambió de rumbo. Seguía siendo un blog personal sin ninguna aspiración, que actualizaba de higos a brevas y en el que sólo hablaba de mis juegos favoritos (la segunda reseña de esa época es Sombras sobre Londres, que sigue estando en lo más alto de mi top personal). De hecho, poco después empecé a participar de manera más o menos activa en el foro donde se organizaban las quedadas de los martes en Generación-X Puebla y decidí que añadir a una comunidad era más beneficioso que un blog personal. Ya venía un poquito cansado de egos del mundillo seudoliterario y la toxicidad de su entorno, y me pareció buena idea. Luego mejoré.

La tercera etapa tiene fecha: 21 de marzo de 2013. Tras una polémica que no viene al caso, decidí que mi contenido estaba más a salvo en un soporte manejado por mí que en otro en el que el acceso al botón rojo lo tenía otra persona. Lo que en un principio fue simplemente irme de un sitio en el que no era bienvenido parece que hizo su gracia, y El dado de Jack empezó, pasito a pasito, a convertirse en un niño blog de verdad. En esa época empezó el Be-Top-100 anual, la mayoría de los Be-Top-10 e incuso los inicios del infame Videoblog de Jack.

Otro momento clave, quizá el más importante, tuvo lugar en las LES de 2014, y no sólo por el hecho de haber perdido unos cuantos kilos a base de sudar ese fin de semana. Fue allí donde el señor H, emperador del Mal en Generación-X Carranza y youtuber de pro, decidió confiar en mí y apoyar este proyecto. Gracias a él el ritmo de publicación y el número de novedades que reseñaba en El dado de Jack aumentaron espectacularmente, que con mi sueldo de profesor de academia difícilmente podría comprar todo lo que sale para reseñarlo. Y me permitiréis el ataque de ego, pero creo que en estos años la relevancia de lo que escribo por aquí ha ido adquiriendo bastante peso (y yo también, que no hay más que verme). Dentro de todo lo relevante que puede ser un friki que escribe sobre cartoncitos y muñecotes de plástico, claro.

Me lo he pasado genial todo este tiempo echándole el ojo a todas las novedades, viendo crecer el mercado nacional, emocionándome a tope cuando salía un pelotazo y martilleando lo que debía ser martilleado, pero toda cara tiene su cruz, y ahora me toca reconocer que la parte negativa está empezando a pesar más que la positiva, antes de que sea tarde.

Lo principal que he aprendido en este tiempo es que, con algunas honrosas excepciones, autores, editores, creadores de contenido y aficionados españoles carecemos del más mínimo atisbo de autocrítica. Se dice mucho en redes sociales y conversaciones de bar que es una vergüenza que blogs, podcasts y canales de Youtube se estén convirtiendo cada vez más en escaparates publicitarios y que hace falta más objetividad, pero es que es lo más comprensible del mundo. Publica una opinión que se salga del cauce establecido, y ya te conviertes en un apestado. Tienes que perdonar que un juego se publique con unos componentes de pena porque la imprenta está en tu barrio, hay que ignorar agujeros en reglas porque el autor se va de cañas con un señor que te va a llamar de todo en su próximo podcast, y ojito con decir que este juego es normalillo en lugar de buenísimo que si no el editor te bloquea en Twitter. Y ya cansa hacer el trabajo sucio, recibir alabanzas por privado del que calla en público cuando te insultan y tener que llevar la cuenta de a quiénes se puede criticar porque son malvados y los pedos de quiénes huelen a rosas por decreto.

Pero no es todo una pataleta porque los chicos guays no me invitan a jugar en su patio, que al fin y al cabo soy una persona bastante poco social y ya tengo todos los amigos que quiero. También hay un cierto hartazgo y una incapacidad de abarcar todo lo que pretendía abarcar sin perderme cosas valiosas. Agradeciendo mucho la negativa de algunas editoriales a que me acerque a sus productos (que nos viene muy bien a ambos: ellos no tienen nadie que diga «este juego es una mierda», y yo no tengo por qué jugar a sus mierdas de juegos), el ritmo de novedades es infernal, y muchas veces se ven cosas que se publican simplemente porque hay que publicar algo esta semana para no desaparecer de las estanterías de las tiendas en la rotación. Y me encuentro en casa con ganas de echar una partida en mi tiempo libre y mirando la pila de juegos pendientes, y hay un límite al número de veces que estoy dispuesto a no jugar a Blood Rage porque hay que probar la última novedad insulsa para reseñarla, más aún cuando sabes que el siguiente paso es escribir varios cientos de palabras acerca de esa última novedad insulsa para buscar el enésimo modo de decir que ni chicha ni limoná. Habréis notado que desde verano el ritmo de publicación ha descendido muchísimo, y en gran parte es por eso, porque me sentaba a escribir una reseña tibia de un juego que iba a ser olvidado en dos meses y mis dedos se negaban.

Así que voy a hacerme un favor a mí mismo y, antes de odiar algo que se supone que hago por placer, voy a echar el freno. Toca empezar la quinta etapa de El dado de Jack con menos contenido en grasa y conservantes y más vitaminas:

Ea, tan a gustito que me he quedado. Nos leemos el martes.

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