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El círculo mágico y la paradoja de la tolerancia

Todos tenemos ideas, querencias, miedos y odios, y todos nos vemos limitados en mayor o menor medida por ellos, dependiendo en gran parte de lo cerca que estén nuestros prejuicios de los prejuicios mayoritarios en nuestro entorno. Durante las últimas semanas ha aparecido en mis redes sociales de manera recurrente la pregunta de si uno se sentaría o no a jugar con alguien cuya visión del mundo fuera totalmente opuesta a la propia, pero creo que la cuestión es más profunda que eso ya que, entre otras cosas, si vamos a jugar con alguien por primera vez (por ejemplo, en las jornadas de puertas abiertas de un club) no vamos primero a preguntarle a esa persona sobre su voto en las últimas elecciones; se trata más bien de si estaríamos dispuestos a jugar una partida con alguien con quien no querríamos compartir tiempo y espacio en otro tipo de situaciones, y el hecho mismo de que nos hagamos esta pregunta debería hacernos pensar acerca de cuáles son las propiedades, reales o imaginarias, que le atribuimos al hecho de jugar que lo convierte en un entorno distinto a, por ejemplo, compartir mesa en una cafetería.

Huizinga mencionó de pasada en Homo Ludens el concepto de círculo mágico para referirse a situaciones (entre las que podía o no encontrarse el juego) en las que los estándares de comportamiento se ponen en pausa para dar lugar a un conjunto de reglas propio. Este concepto, desarrollado más recientemente, ha dado lugar a la idea de que el mundo de juego y el mundo real se rigen en efecto por normas distintas: podemos decidir que mentir es un acto inadmisible en nuestras vidas, pero admitirlo cuando jugamos a La Resistencia porque así lo dicen las normas del juego; o, en otros contextos, apagar la televisión cuando en las noticias hablan de algún acto de violencia que nos revuelve el estómago cuando ya tenemos compradas las entradas para ver una película de terror en el cine. Y hasta cierto punto este círculo mágico funciona, pero no es ni mucho menos un escudo para siempre.

¿Dentro o fuera?

Hay veces que el poder protector del círculo mágico no funciona, ya sea porque se rompe o porque ni siquiera llega a formarse. En la mayoría de los casos es una cuestión subjetiva, en la que el jugador se enfrenta a una situación que, por el motivo que sea, lo afecta de tal manera que es incapaz de abstraerse, y va desde el mi abuelo murió en esta guerra, no quiero tirar dados para atacar a la unidad en la que luchó al hoy he vomitado la hamburguesa, no me pongas el Food Chain Magnate delante. Aquí se trata simplemente de no forzar la máquina: si ese juego se te atraganta, juega a otra cosa y ya está, simplemente teniendo en cuenta que no es culpa de nadie: ni el diseñador o los demás jugadores son unos cerdos insensibles por disfrutar de algo que a ti se te atraviesa, ni tú eres un cortarrollos por no tener el chichi para farolillos.

Menos habitual, pero no raro de ver, es el caso en el que es el propio juego el que, por su diseño, rompe el círculo mágico. El caso más común está en el subgénero dentro de los juegos sociales de juzga a tus amigos en el que encontramos joyas como Pug You! o Amigos de Mierda. Alguna vez te pueden decir que el problema es tuyo y no del juego, que si no te gusta es porque tu religión es tal o porque tus ideas políticas son cuales, pero hay una prueba del algodón irrefutable al respecto: ¿podrías jugar a ese juego con alguien a quien no conozcas o las mismas reglas te exigen que sepas algo de la vida y personalidad de tus compañeros de partida? Entonces no, no es cosa tuya. De igual modo, los juegos de tesis o comentario cuyo objetivo es convencerte de una teoría o variar tu comportamiento de algún modo (y aquí podríamos incluir también cosas como el Monopoly para Millenials) pueden producir un efecto contrario al que pretenden si se les ven demasiado los hilos. En cualquier caso, la solución a cualquier problema o mala sensación que se derive de estos juegos pasa, igual que decíamos antes, simplemente por no jugar a esos juegos si no te apetece.

Por último, y quizá el supuesto más problemático, tenemos el caso de los jugadores que voluntariamente rompen el círculo mágico, casi siempre en detrimento de los demás. Y como un círculo mágico tiene distintos elementos, existen casos de ruptura de cada uno de ellos. Cuando jugamos estamos asumiendo un conjunto de reglas de manera voluntaria para realizar una actividad autocontenida. Esto quiere decir que podemos romper este círculo mágico haciendo trampas (no asumiendo las reglas), mostrando una actitud negativa (haciendo ver que no queremos estar ahí) o incluso haciendo cosas como apostar o hacer comentarios inapropiados (porque estamos sacando la actividad de su contexto). Y si nos ponemos técnicos, con gente que hace esas cosas no es ya que podamos no querer jugar, sino que es simplemente imposible hacerlo, ya que al romper ese contrato que firmamos a la hora de sentarnos frente al tablero o al mazo de cartas, lo que estamos haciendo no es jugar, sino otra cosa que se parece a ello.

Sí, lo conozco de Twitter. Dice que quiere que juguemos a un juego.

¿Y qué hacemos con la gente que nos impide jugar? Pues, sencillamente, no jugar con ellos. Porque una mesa de juego es al fin y al cabo un pequeño ejemplo de sociedad, y si aplicamos un principio de tolerancia ilimitada, aquellos que buscan destruirla van a aprovecharse de ello, y es que cuando surge una de estas situaciones, si no actuamos por evitar un conflicto lo que estamos haciendo es ponernos de parte del que está provocando la situación. Si dejamos estar al que se pilla recursos de más o utiliza definiciones laxas del concepto «tirar un dado», los que buscan una competición justa se van a ver frustrados; si seguimos reservándole la silla al que rebufa porque quiere estar en otro lado, todo el mundo va a querer estar en otro lado por no oírle; si callamos cuando alguien en nuestra mesa muestra una actitud ofensiva, estamos diciendo a quienes se sientan ofendidos por esa actitud que no vengan a la próxima quedada. En resumen, si ignoramos a los malos al final nos vamos a quedar a solas con los malos. O siendo parte de ellos.

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1 Comment on El círculo mágico y la paradoja de la tolerancia

  1. Que buena reflexión!

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