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Francis Ford Coppola y la feria de Essen

Estos días hemos leído las declaraciones de directores de la talla de Martin Scorsese, Francis Ford Coppola o Ken Loach acerca de las películas de superhéroes. Más parques temáticos que cine, no son cine de verdad, son despreciables, son todas iguales… Y claro, mi primera reacción como personito que prácticamente aprendió a leer con tebeos de Los Vengadores es pensar que menudos gilipollas. Poco después me doy cuenta de que estoy llamando gilipollas a Coppola hablando de cine, tema del que a lo mejor sabe un poquito más que yo, y entonces es cuando toca pararse a pensar. Estamos hablando de un género que bate récords de taquilla una y otra vez, de sagas que provocan emociones de todo tipo, desde las lagrimitas que se me escapan cuando veo al Capitán América sujetar el martillo de Thor hasta la vergüenza ajena cuando Tobey Maguire se marca los bailecitos de malo en Spider-Man 3, de la creación de una mitología que es tan parte de nuestra cultura como los dioses griegos, el rey Arturo o don Quijote de la Mancha…, y, sin embargo, algo de razón tienen.

El director de Dioses de Egipto también ha dicho que las películas de superhéroes matan el cine de verdad.

Podríamos empezar diciendo que el género de superhéroes ha dejado de ser algo homogéneo, y hoy en día ha alcanzado un nivel de variedad equiparable al western, el bélico o el terror, pero no vamos a ir ahora de listillos y decirle al director de Taxi Driver que se mire la serie de Punisher a ver qué le parece, porque cuando estas voces hablan de cine de superhéroes se refieren al esquema clásico del género, ya sabéis: el tío Ben recibiendo el disparo del ladrón que Peter dejó escapar, el ascenso y caída en desgracia, el malo que obliga al prota a enfrentarse a sus propios miedos, la victoria en el último momento y demás parafernalia. Un esquema que ni siquiera es nuevo, que Lope de Vega no escribió casi dos mil comedias a base de originalidad y deconstrucciones, caramba. Y tampoco es que le diera mucha vergüenza hacerlo.

[…]y escribo por el arte que inventaron
los que el vulgar aplauso pretendieron,
porque, como las paga el vulgo, es justo
hablarle en necio para darle gusto.

Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo — Lope de Vega

Pero no es ese el problema para el director de El Padrino. Que cine formulaico ha habido desde que se inventó el cobrar la entrada, igual que se repiten los patrones del whodunnit, del punk o de las telenovelas. El problema principal, de lo que realmente se están quejando estos directores, es que el cine formulaico, de superhéroes en este caso, está copando las salas como un Tetsuo ciclado tragándose y asimilando todo lo que encuentra a su paso. No es una cuestión de que existan, ni siquiera de que tengan éxito, sino de que no dejan espacio físico a nada más, porque distribuidoras y salas, ante un mercado menguante, apuestan por lo seguro, por los títulos que saben que van a atraer a mucho público y muy variado, y el cinéfilo que quiera historias profundas y arriesgadas, que se compre el blu-ray.

Y aquí es donde entra la analogía. Este fin de semana ha tenido lugar la feria de juegos de Essen, para muchos la más importante del mundo, y por supuesto todas las editoriales han querido estar ahí, y han querido tener algo que enseñar y, cómo no, vender en la feria. Las listas de juegos anunciados para esta edición han superado las mil entradas, y parémonos a pensar sobre esa cifra un momento: ¿cuántos de nosotros podemos decir que hemos jugado más de una partida a mil juegos distintos? ¿Cuántos de esos mil habrán merecido la pena? Y quizá más importante aún, ¿cuántos buenos juegos habremos ignorado por jugar a algo que, al final, nos ha dejado como pan sin sal?

Aficionado medio intentando navegar entre las novedades de Essen.

Ahora pensaremos que menos mal que tenemos blogggers, podcasters, youtubers, twitchers, instagrammers y snapchatters que han ido a la feria, han probado juegos a cholón y en los próximos días nos van a contar cuáles son los que valen la pena y los que no, pero ojito. ¿Serán de fiar esas opiniones? No hablo ya de si nuestros cronistas serán honestos o no, que vamos a hacer un ejercicio de inocencia y pensar que sí, sino de que, como humanos que (supongo) son, su experiencia en la feria habrá estado seriamente afectada por diversos fenómenos, que las editoriales no son tontas y cuando compites con otros mil productos lo suyo es echar mano de truquitos psicológicos de esos que está feo decir que conoces pero que ahí están.

El efecto pavo real, el intentar estar lo más presente y visible posible que da la idea de que si tan prominente es tiene que ser por algo, y su opuesto el efecto élite (palabra esdrújula por mucho que diga la RAE, cada cual escoge la colina donde quiere morir y ésta es la mía), en el que se intenta atraer a los entendidos dando una imagen de hermetismo que les pueda hacer creer que están descubriendo una de esas joyas en el fango (anda que no vamos a ver, leer y escuchar veces estos días eso de el tapado de Essen) van a ser quizá los mayores peligros estos primeros días: todo el mundo va a querer hablar del bombazo del que todo el mundo habla, y a la vez todo el mundo va a querer descubrirte esa maravilla que sólo han visto ellos y nadie más. Cajas coloridas y producciones cutres japonesas (y, este año, probablemente toque hablar también de Irán) inundando nuestras pantallas.

Pero quizá más peligroso aún sea el efecto animadora. Estás en una feria de juegos internacional, la mayor de todas, y todo el mundo está contento, y probando juegos, y dándote juegos a probar, estás en la puñetera fábrica de chocolate de Willy Wonka, sólo que Willy Wonka se nos disfraza de Reiner Knizia, Elizabeth Hargrave o Eric M. Lang, y cuando te acercas al stand de la editorial está ahí el autor con una sonrisa, todo ilusionado por tener su sueño ahí en cajas amontonadas, o un demostrador entusiasmadísimo por enseñarte el que seguro que es el mejor juego jamás diseñado, y no puedes sino contagiarte de ese espíritu optimista. Y claro, juegazo, juegaken, juegorro y jueguísimo. Que esa gente no está ahí para darte una opinión objetiva con ventajas y desventajas, sino para que te compres el maldito juego, en efectivo, por favor.

¿Quiero decir que ninguna de las novedades de Essen merece la pena? No habiéndolas jugado sería un tanto presuntuoso por mi parte, pero lo que sí pretendo mostrar es que tampoco hay ninguna necesidad de comprarlo todo ya, que los juegos que merezcan la pena seguirán estando ahí en marzo, cuando el ruido haya pasado. Y que no hay nada malo en querer probar lo último que ha salido, que la curiosidad es la madre de la experiencia y qué caramba, un poco de tribalismo de vez en cuando es muy saludable, pero hacedlo por ilusión, capricho o ánimo explorador, no por miedo ni porque os hayan dicho que es lo que toca. E, igual que entre Wonder Woman y Vengadores nos podemos ver El Padrino, entre novedad y novedad puede caer un Agricola o un Cosmic Encounter a modo de jengibre, para limpiar el paladar.

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