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Bicicletas en eBay y juegos del año

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Hace unos días, en una de estas discusiones de señores mayores quejándonos de que los jóvenes de hoy en día se lo están cargando todo y no son conscientes, se aludió a un artículo de hace un par de años del genio de la mercadotecnia lúdica Ignacy Trzewiczek titulado Would your father eBay your bike? en el que descargaba sus iras sobre los comentarios negativos que aperecían en redes sociales sobre juegos, vertidos con una o dos partidas, y que sentenciaban este juego está roto con criminal alegría.

Y, en parte, tengo que admitir que tiene algo de razón: estamos en un mundo que gira tan rápido que muchas veces no nos da tiempo a más que unas primeras impresiones apresuradas; en el caso de los juegos, una partida y a correr, que hay siete más en la pila y aún no hemos visto las novedades de esta semana. ¿Te acabas de comprar un juego que te hace muchísima ilusión y quieres probarlo con tus amigos? Ya puedes prepararlo bien, porque como esa primera partida no cuaje, no vas a poder volverlo a sacar con ese grupo. Y claro, como un jugador gane intentando una estrategia determinada que le dé una ventaja visible, es que está roto; si Pepe ha atacado a Julia y resulta que gana Clara, es que tiene mucho kingmaking; y si la pesada de Sofía no se calla, es que el efecto líder es brutal. Y nos parece una mierda como un piano y lo decimos en redes sociales, y el editor o autor lo lee y entra en cólera porque vamos a ver.

Pero, ¿y cuando pasa al revés? ¿Qué hay de todos esos juegos mediocres pero resultones, que juegas una partida y dices oye, qué majo esto pero la segunda es pues sí pero, y la tercera ves que estás dándole vueltas a la misma manivela porque la cosa no da para más? Curiosamente, ese mismo autor que te replica el menudo mojonaco, no te dice ante el esto es una obra maestra que seas un poquito más cauto y le des más partidas que a lo mejor no es para tanto. A los Ignacys de este mundo sólo les indigna la precipitación cuando les duele en el bolsillo, pero cuando esa misma precipitación les da un par de ventas más, pues oye, qué bonito es cuando la gente vive su afición con tanto entusiasmo.

Pero no deberíamos vivir para los Ignacys, sino para nosotros mismos. Y, si obviamos que nos vayan a decir tal o cual cosa en las redes sociales por haber emitido una opinión más o menos macerada, ¿qué tiene de malo guiarnos por estas primeras impresiones? Y, sobre todo, ¿cuántas veces tenemos que jugar a un juego para saber si nos gusta de verdad o no?

Los zombis de Dead of Winter no son zombis, son infectados.

Cada vez que alguien me hace esa pregunta mi respuesta es la misma: las suficientes. Ahora, cuál es el número concreto de partidas al que podemos llamar suficiente depende de muchos factores: la complejidad del juego, las circunstancias de la partida, el propio bagaje de los jugadores…, del mismo modo que una misma película, libro, canción o cuadro puede entrarnos de una manera u otra según cómo hayamos llegado hasta ellos. Y, si consideramos un juego como un acto de comunicación, lo fundamental es aislar y descifrar el mensaje, y luego ya le podemos ir añadiendo lo demás.

Esto es, pues, lo primero: ver tanto lo que el juego nos quiere decir, como el cómo nos lo intenta hacer llegar. ¿Quiere el juego contarnos o hacernos vivir una historia? ¿Nos trata de ofrecer un puzle a descifrar? ¿O un marco para interactuar con los demás jugadores? ¿O, simplemente, hacernos pasar un rato agradable mientras nos tomamos algo en un bar? Y ahora, ¿qué medios usa para comunicarnos su mensaje? Puede que un juego temático nos hable a través de las ilustraciones, o de texto en las cartas, o de cómo afecten nuestras acciones en la partida; ese puzle del juego de estrategia, ¿tiene una solución? ¿Qué factores pueden influir en que esa solución varíe? Y esos juegos de troleo, ¿cómo quieren crear las interacciones? ¿Quieren generar desconfianza, animarnos a buscar aliados, llevarnos hacia situaciones de conflicto inevitable?

Y, por último, la pregunta que siempre me hago al final de una partida a un juego nuevo: ¿qué tiene este juego que me pueda llamar a jugarlo en lugar de cualquier otro? Esto puede ser cualquier cosa, desde el número de jugadores al mecanismo que engarce las diferentes piezas del puzle o el modo en el que se revela el traidor en un juego de roles ocultos. Y una vez resuelta esa X, ya veré yo si es una X que me interese o no.

Tanto esfuerzo, preguntaréis ahora, ¿ de verdad merece la pena? Y a esta pregunta sí que no os puedo responder, porque no soy vosotros, del mismo modo que cuando alguien me dice oye, ¿me compro este juego o este otro? lo único que puedo decir es cuál me gusta a mí más y por qué y dejar que decida. A mí me vale este método para evitar redundancias en mi colección y también, por qué no, para disfrutar más de los juegos, al saber discernir qué es lo que saco de cada uno de ellos.

A veces ese número necesario de partidas es cero, y tan pichis que nos quedamos. Stefan Feld no me ha convencido en Los castillos de Borgoña, en El oráculo de Delfos ni en Bora Bora, así que tampoco voy a perder sueño por haber obviado Carpe Diem sin haberlo jugado (por los mismos motivos por los que, para otro, ese mismo Carpe Diem habrá sido una compra automática), y puedo decir tranquilamente que es un juego que no me produce el más mínimo interés. Otra cosa sería que pretendiera pontificar sobre él con esos mismos argumentos, claro. Que con unas primeras impresiones a nosotros nos podrá valer, pero en Tú sí que vales a Rosalía le dijeron que se dedicara a otra cosa, que cantando no se iba a ganar la vida. Tra, tra.

Meeples azules y quilates, y que me lo reseñe Tom Vasel.

Quizá sería más fácil dejarse llevar, y asumir que este juego amablemente cedido por la editorial es el bombazo del año (al menos hasta que me vuelvan a ceder amablemente otro juego que lo desbanque) pero, como citaba Madariaga, en mi hambre mando yo, y en mi criterio también. Y no creo que sea bueno delegar ese poder en nadie.

 

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2 Comments on Bicicletas en eBay y juegos del año

  1. Ay, nos haces olvidar esos meses en los que te hemos echado de menos al obsequiarnos ahora con estas opiniones, tan gratísimas de leer. Un saludo

  2. Muy interesante como siempre tus entradas.
    Espero con ansias la siguiente,

    Saudos desde México

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