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Primeras impresiones: enero de 2019

Están los que sólo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena, y los que sólo nos acordamos de que tenemos un blog cuando nos insultan por ello. En cualquier caso, estamos a día 1 y es una fecha estupenda para, por una vez, llegar a tiempo a hablaros de los jueguecitos que he probado en enero (con un par de invitados especiales por haberme saltado diciembre). Al lío.

Arquitectos del Reino del Oeste: cuando jugué a Saqueadores del Mar del Norte me dejó bastante tibio, la verdad, porque me dio la sensación de ser un juego que sí, que funcionaba, pero que tampoco me daba nada que otros no hicieran ya mejor. Y como todos sabemos que ser tibio es lo peor que se puede ser en este mundo, tras jugarlo un par de veces no volví a acordarme de él hasta que salió este Arquitectos del Reino del Oeste, y pensé: ¿el mismo juego normalucho, pero ahora con un tema aún más soso? Pero bueno, salió la oportunidad de probarlo y me lancé como un valiente, y no me arrepiento para nada. Esta continuación-reimaginación-secuela sigue siendo un juego de recolectar recursos y cambiarlos por cosas que te den puntos de victoria, pero de una manera a la vez muy transparente, sin engranajes rarunos ni perdernos en subfases y muy original, con un puntito de forzar la suerte sutil pero que le da el elemento diferenciador. Si tuviera que ponerle alguna pega, diría que me gustaría que hubiera más personajes iniciales distintos y que quizá sea un juego que brille más a 4-5 jugadores, pero siguen siendo detalles muy menores en un juego sobresaliente.

Brikks: el señor que nos dio por un lado la basura vestida de experiencia llamada The Mind y por otro la droga dura en forma de dados y hojas de papel que es Ganz schön Clever se tira a la piscina con otro de dadetes y apuntar cosas, esta vez basado en Tetris. La idea es que cada uno tiene su pantallita, se tira el dado y lo que salga es la pieza que vamos a colocar. Según vayamos rellenando líneas (que es el modo principal de conseguir puntos y el objetivo último del juego) iremos consiguiendo «trucos» que nos permitirán modificar un poco el resultado de las tiradas. No llega a los niveles de pique de Ganz schön Clever, pero es rápido, entretenido y, en resumidas cuentas, cumple con lo que se propone hacer. Chulo como compra impulsiva o para rellenar pedidos, que además sale por cuatro perras.

El Caballero: valiente mierda.

CuBirds: hay una corriente de pensamiento con la que no puedo discrepar más que dice que para ser diseñador de juegos de verdad tienes que hacer juegos de caja grandota y al menos hora y media de duración, que un chorri de cartuflillas lo hace cualquiera y claro, así nos luce el pelo con caja tras caja de jueguecillo insulso, porque parece que en este ámbito todo vale. Por suerte, de vez en cuando sale alguna joyita en caja pequeña, y CuBirds es la última de esas joyitas ante la que me he sentado. La cosa va de cartas de pajaritos en fila en el centro de la mesa, y cartas de pajaritos en las manos de los jugadores. En tu turno, pones un grupo de pájaros en una de las filas y, si ya había alguna carta del mismo tipo en ella, te quedas con todo lo que hubiera entre medias. Luego, si has reunido la cantidad suficiente de pájaros iguales en tu mano, te descartas de ellos y te quedas con uno o dos frente a ti, y gana el que llega a un número determinado de pájaros canjeados. Simple de explicar, fácil de ponerse en marcha y sorprendentemente cabroncete en cuanto a toma de decisiones. Un juego que tenga tres mecánicas peladas tiene que funcionar sin baches de ningún tipo, y CuBirds lo hace. Recomendadísimo.

Kingdom Defenders: Ediciones Primigenio estaba en racha con Arquitectos del Reino del Oeste y Ramen, y dicen que no hay dos sin tres. Además, éste venía con mucho comentario positivo y puntuaciones muy altas en BGG así que, ¿qué podía salir mal? Y la respuesta me temo que fue casi todo. Como decía con Arquitectos del Reino del Oeste, estamos ante un juego muy típico de conseguir cubos y cambiarlos por puntos de victoria, pero frente a la transparencia de aquel, éste parece empeñado en complicar las cosas de más, quizá para intentar esconder la simpleza de su esencia. Un orden raruno de resolución de acciones, elementos que son prácticamente iguales pero con mecánicas distintas simplemente porque sí, un diseño gráfico farragoso y unas ilustraciones que, si bien técnicamente son más que correctas, puestas todas juntas dan una sensación monótona y falta de inspiración. Con la inmensa cantidad de juegos publicados hoy en día, si me voy a sentar a mover cubitos necesito un motivo para que lo que tenga sobre la mesa no sea un Agricola o un Concordia, y Kingdom Defenders, al menos a mí, no me lo da.

Twilight Imperium IV: hoy, en «datos que no sorprenden en absoluto», presentamos la increíble noticia de que me ha encantado Twilight Imperium IV. Que también es un alivio, teniendo en cuenta que me deshice de la tercera edición hace meses para comprarme ésta. Para los que no hayáis jugado ninguna, tenemos un juego de imperios espaciales que van conquistando planetas, extrayendo recursos para construir estructuras y flotas, descubriendo avances tecnológicos que les dan capacidades especiales y relacionándose entre sí comercial, política y militarmente. Un juego épico como pocos que te da las sensaciones de los juegos de gran estrategia de ordenador como Civilization o Master of Orion, pero con la ventaja añadida de estar sentado a una mesa rodeado de colegas, que una buena puñalada sabe mejor cuando se la das a un amigo. Esta cuarta edición, básicamente, hace el juego jugable. Que siguen siendo seis horitas de partida, pero es que eso es menos de la mitad de lo que podían llegar a durar antes, y ya es lo justo como para poder quedar a jugarlo en un día sin tener que madrugar ni acostarte a las mil. El modo en el que han conseguido simplificar algunas mecánicas como el árbol de tecnologías o incluso hacer otras partes como la votación de leyes o el comercio más interesantes incluso sin perder nada de sabor por el camino es para quitarse el sombrero, incluso con el frío que está haciendo estos días.

Voodoo Prince: la interpretación de la Pocha por parte de Reiner Knizia, en la que tu objetivo es ser el penúltimo en salirte en cada ronda siguiendo las directrices básicas de los juegos de bazas, género al que con el tiempo le he recuperado el gusto, tras haberles dado a muerte de chaval, haberlos abandonado por el esnobismo de «ahora juego a cosas mucho más serias y complejas» y haberme dado cuenta de que si me lo pasaba tan bien con ellos realmente no había motivo para no seguir jugándolos. Voodoo Prince no ofrece la variedad y complejidad adicional de Crónicas (quizá mi favorito) ni los giros de tuerca de Nyet! o El rey de los enanos, pero no es ninguna vergüenza para su género, y es de esos juegos que apetecen al final de una velada mientras te tomas la última copa o para sacarlo con los cafés.

Y hasta aquí hemos llegado. Gracias otra vez a Generación-X por hacer todo esto posible y nos vemos en el próximo jardín en el que me meta. Besis.

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6 Comments on Primeras impresiones: enero de 2019

  1. ¿Vas a hacer una reseña algo más detallada del Twilight Imperium? Tengo tanto la primera edición como la tercera y, efectivamente, el juego es de los de pillarse el fin de semana entero para echar una partida (sobre todo la tercera edición). Si han conseguido bajar el tiempo a seis horas sin que la experiencia se resienta, me interesa…

  2. … ya me intrigó «El caballero» 🙂

  3. Me ha dado un poco bajona leerte lo del Kingdom Defenders ya que le tenía ganas…
    De lo que me has convencido por completo es de que hay que probar ese «El Caballero» ;D

  4. Yo os he avisado sobre El Caballero. Mi conciencia está limpia 😀

  5. se te echaba de menos! Publica al ritmo que te sientas comodo pero no dejes de hacerlo porque a mi almenos me tienes como fab absoluto!

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