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Primeras impresiones: noviembre de 2018

Oye, qué bien sienta una siestecita de vez en cuando. ¿Qué hora será? Espero no haberme quedado dormido mucho tiempo… ¡¿A SIETE DE QUÉ?! Bueno, eso explica la barba…

Coimbra es un claro ejemplo de los peligros del actual ritmo de mercado. Es un juego típico de combinar cartas, montarte un motor y sacar puntetes, muy bien hilado y bastante agradable de jugar, que no se hace pesado con entreturnos interminables ni te deja papando moscas mientras ves cómo el experto de turno te dobla por el registro de puntos. Un juego, en definitiva, muy majo que no salió ni hace un mes y del que ya nos hemos olvidado porque ahora toca jugar a otro juego de combinar cartas, montarte un motor y sacar puntetes. Y de los que hacen a uno preguntarse qué sentido tiene hablar de ellos cuando ni las propias editoriales se preocupan por su suerte más allá de la semana de lanzamiento. En fin.

The Cousin’s War es un chorrijuego con sabor a juego de guerra, en el que vas a jugarte la Guerra de las Rosas con unas pocas cartas, un puñado de cubitos, seis dados y un minitablero, en menos de media hora además. El sistema es sencillo pero elegir qué carta jugar en cada momento y cómo hacerlo tiene su miga. Tampoco hay mucho más que decir, la verdad: si estos juegos cortitos para dos son tu producto, aquí tienes uno que muy bien puede entrar en rotación y que no sabe a refrito.

Dice Settlers, parece, es víctima de la misma tendencia, del “tú publica algo que esta semana no vamos con nada aún”, pero en este caso el daño ha sido aún mayor. Un juego que podría haber sido un título de exploración, evolución y conquistas bastante apañado con un mecanismo a base de dados personalizados que me recordó a Roll for the Galaxy, pero que se ha quedado en el camino por las prisas. Un poquito más de mimo y podríamos estar ante un juegazo, pero lo que ha resultado da en todo momento la sensación de estar a medio hacer, de que lo que tenemos en la mesa es un prototipo que en un año o dos estará ya listo para publicar.

Discover: Lands Unknown llegó con todo el bombo del concepto de juego único, en el que cada copia es distinta y, por ejemplo, si vas a jugar a casa de tu amigo con su Discover lo que te vas a encontrar es totalmente distinto a lo que tienes tú en casa. Y si bien tengo que decir que por ahí lo han hecho bastante bien, dando en todo momento la sensación de estar jugando a un juego completo y no que te lo hayan puesto en pedacitos para que te lo compres diez veces por tenerlo completo, mi problema es que ese juego completo tampoco da mucho de sí. Un juego de exploración y supervivencia como Robinson Crusoe, 7th Continent o incluso This War of Mine tiene que presentar un reto y darte la sensación de que estás usando tus recursos correctamente o que tu plan está dando frutos, y aquí al final todo es que la tirada de dados acompañe o que robes la carta que te ayude en ese momento. Una idea chula que lamentablemente se queda en una ejecución sosa.

Entre dos Castillos del Rey Loco Ludwig tiene uno de los peores títulos de la historia de los juegos de mesa y, más que una mezcla entre Between Two Cities y Castles of Mad King Ludwig, es una nueva versión del primero con una puntuación algo más compleja. Igual que en aquel, vas pasándote losetas y en cada turno escoges dos, una para cada castillo, porque el truqui está en que en lugar de construir tu propio castillo estás haciendo uno a medias con el jugador de tu izquierda y otro con el de la derecha, intentando que ambos salgan lo mejor posible porque al final tu puntuación será la más baja de entre los dos. Y si te gustó Between Two Cities, éste también lo hará. Quizá no tanto como para tener los dos, eso sí.

Fuji Flush es el hermano feo, antipático y no demasiado listo de Abluxxen. Una premisa muy parecida (bajas carta de tu mano, otros jugadores te pueden pisar la jugada y hacerte robar cartas, al final la cosa es quedarse sin ninguna), con el supuesto punto adicional de que si juegas una carta que otro jugador tenga sobre la mesa éstas se suman y se hacen más fuertes ante otras cartas, pero que al mismo tiempo elimina la mayor parte del espacio para decisiones y al final es jugar la carta que va a ser más alta en la mesa. Y ya cuando tienes sólo una carta y tu turno consiste en jugar la única carta que puedes jugar y cruzar los dedos la cosa pasa del tedio a la frustración. Juego para tirar por el retrete, estés o no en Fuji.

Hollywood Golden Age es casi el contraejemplo a Coimbra. Un juego clásico en más de un sentido, con su diseño del señor Knizia (cada vez que digo Reiner Knizia me imagino a Joaquín Reyes en plan Celebrities), sus subastitas y un rediseño gráfico que se han marcado en Ludonova que es gloria verlo. Uno de esos juegos que a lo mejor no son el favorito de nadie, pero que gustan a casi todo el mundo, y con un tema muy bien llevado. Poner a Hitchcock a dirigir King Kong o meter a Johnny Weissmuller haciendo un cameo en Ciudadano Kane son cosas que tienen su gracia, y no veo ningún motivo por el que un aficionado al cine pueda decidir no tenerlo en la colección. Recomendadísimo como juego y como ejemplo de cómo debería una editorial tratar su producto.

Keyforge ha resultado ser justo lo que esperaba de él, y hasta un poquito más. Un Magic más sencillote pero con espacio para decisiones más allá del “pues juego la facción de la que tenga más cartas” o “bajo la carta más potente y hale”. Y ahí es donde ha encontrado el huequecito en mi corazón. Para mí, jugar a un juego de cartas coleccionable es siempre un caso de “pues para esto podría estar jugando a Magic” y más teniendo en cuenta que suelen ser juegos que exigen una inversión de tiempo considerable. Aquí te compras un mazo y juegas, y no tienes que convencer a nadie para que pase horas fabricándose un mazo o hacerlos tú y luego explicárselos. ¿Que este sábado hacen torneo de Keyforge en la tienda de al lado y tengo la tarde libre? Pues voy, me pillo un mazo ahí mismo para jugar y no estoy en desventaja con ninguno de los megaprojugadores más allá de las decisiones que tomemos durante el juego. El formato “juego único” le sienta muy bien aquí al eliminar (o reducir en gran parte) el metajuego y conseguir así un entorno bastante más accesible. Por supuesto habrá quien se vuelva loco con el mercado secundario, pero no veo a esa gente arruinando el entorno como pasa con Magic, y aquí comprar más mazos es simplemente una cuestión de haber quemado los que tienes y buscar un poquito más de variedad o por jugar un torneo sellado, no algo necesario para mantenerse competitivo. Mis dieses.

Mi Pequeño Scythe nació como proyecto de un padre que quería adaptar Scythe para jugarlo con su peque, y a Jamie Stegmaier le hizo gracia y decidió publicarlo. No os engañéis: estamos ante un juego para niños, y no ante un “Scythe pero en cuqui”, así que si esperáis profundidad estratégica y capas de complejidad vais dados. Pero a un niño a quien Unicornio Destellos se le quede ya corto le va a flipar.

Ramen viene del combo Llama Dice (al diseño) – Ediciones Primigenio (a la producción) que nos dio Aloha Pioha, y si el de los bichillos jugando al soga-tira con los pelos de una niña les salió bien, ahora ya lo han bordado. Un juego de cartas de los que te esperarías que llevaran el sello de Amigo que no tiene nada que envidiar a ¡Toma 6!, o Sushi Go. Lo único que le falta es una exclamación en el título.

Smile es otro jueguecillo de cartas, éste casi un calco de ¡No, Gracias! (otra vez con signos de exclamación, ¿veis?) en el que vamos a ir pujando para no llevarnos la carta chustera, con un par de añadidos a la hora de ver qué cartas te compensan y cuáles no y unas ilustraciones muy cuquis a lo Studio Ghibli. Muy recomendable también para rellenar ratetes.

Team Up! por último es una especie de Jenga colaborativo en el que vamos sacando cartas y colocando bloques de madera intentando completar pisos y dejar hueco para turnos posteriores. Se deja jugar, pero tampoco va a ser una experiencia memorable.

Y con esto queda hecha la crónica de un mes en el que hemos tenido un poquito de todo. Entramos ahora en época pre-regalos, y quizá haya que darle un poquito más de movimiento a esto (porque menos iba a ser difícil). Ya veremos. En cualquier caso, portaos bien, que no me entere yo y os tenga que regañar.

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4 Comentarios en Primeras impresiones: noviembre de 2018

  1. Que alegria volver a leerte. No nos abandones mucho tiempo 😉

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  2. Pues habrá que ver si puedo probar el Hollywood Golden Age…
    Bienvenido de nuevo a tu blog 😉

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  3. Hola! Se te echaba mucho de menos, a ver si encuentras tiempo para prodigarte un poquico más… El Hollywood Golden Age nos ha encantado en casa. Es una edición bonita, bonita. Una gozada jugarlo. Un saludo

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  4. Se te ha echado de menos. Creo que he entrado aquí unas veinte veces desde tu última entrada. Como siempre, es un placer leerte.

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