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Primeras impresiones: septiembre de 2018

Cómo pasa el tiempo, y más cuando se te ocurre la feliz idea de volver a ponerte a estudiar con treintaymuchos ya cumplidos precisamente en el mes en el que empieza a funcionar a todo trapo la beta de Magic Arena. Y así y todo ha habido tiempo para probar cosillas, y digo yo que habrá que hablar de ellas un poco. Al lío:

¡Adiós Calavera! es uno de los juegos que presentaban Tranjis Games este mes, y al que tuvieron el buen tino de secuestrarme para jugarlo durante las Ludo Ergo Sum. Es un juego abstracto en el que la idea es llevar todas las fichas de tu color al otro extremo del tablero, teniendo como punto curioso que el movimiento de una ficha lo marca la cantidad de fichas que haya en su fila (que es su columna desde el punto de vista del oponente). Para darle un poquito más de salsa después de haberle echado un par de partidas y pensar que bueno, que no está mal, hay un modo avanzado en el que cada ficha tiene un poder especial como empujar otras fichas, mover en diagonal, atravesar otras fichas y demás. Ahí es cuando, sin ser tampoco para que nos eche humo la cabeza, el juego se revela como algo más que una chorradilla para críos. Sin dejar de lado la seña de identidad de los juegos de Tranjis Games de buscar un público casual y familiar tenemos un abstracto para dos de esos de pensar un poquito, que se acaba antes de que empecemos a aburrirnos y que se da mucho al “venga, otra”.

Batalla por Rokugan se ha hecho esperar más de lo que me hubiera gustado, porque desde que oí hablar de él me llamó la atención. Tenemos un juego que recuerda mucho al mecanismo básico de Juego de Tronos de ir poniendo fichas sobre el tablero, revelarlas todas a la vez, de comerle la oreja al de al lado para que no te ataque a ti y luego darle una buena puñalada por la espalda. Lo que cambia radicalmente la experiencia de juego, sin embargo, no es que hayan simplificado el sistema de resolución de batallas hasta el simple “el que tenga más fuerza gana”, ni siquiera que hayan eliminado la opción de apoyar movimientos ajenos que tan buenos ratos nos diera jugando a Diplomacia, sino la introducción de un elemento de azar a la hora de robar tus fichas de órdenes, y esto cambia el foco de la negociación y las alianzas al faroleo de plantar una ficha flojita como amenaza para que el otro gaste sus fuerzas defendiendo un territorio que estás atacando no con mucha gana, y vicerversa, de poner a tus tropas de élite en una frontera cualquiera como si no fuera la cosa con ellas. En una primera toma de contacto con tres jugadores (que tiene pinta de no ser precisamente su mejor número) me ha gustado lo suficiente como para quedármelo. Ya veremos cómo evoluciona la cosa.

Belfort es un eurogame de libro, de esos con un montón de cosas: colocas trabajadores para conseguir recursos, usas los recursos para construir edificios y colocas esos edificios en el tablero para ganar mayorías. No está mal del todo, y hasta a ratos me entretuvo bastante, pero no creo que los años le hayan sentado muy bien. Además, me dio la sensación de que las acciones de conseguir más trabajadores resultaban demasiado importantes, más aún de lo habitual, ya que los beneficios de tener más gente no sólo se traducen en más acciones, sino en más recursos (el jugador con más quecos en cada espacio de recursos se lleva uno adicional) y más puntos (hay puntos extra para quienes tienen más de cada uno de los tres tipos).

Musa mezcla mucho de lo bueno de Dixit y de Código Secreto y muy poco de lo malo. En este juego por equipos tenemos que hacer que nuestros compis adivinen la carta secreta de una fila, con el giro de que tanto la carta a adivinar como el modo en el que podemos dar la pista (decir un país, una película, silbar una melodía, hacer una mueca…) los elige el equipo contrario. Sencillo, rápido y divertido. Una muy buena apuesta si ya tienes los juegos sociales de siempre algo quemados.

Shards of Infinity es, en muchos aspectos, otro Star Realms, siendo el único rasgo distintivo que una de las cartas iniciales, si las juegas a nivel 30, hace DAÑO INFINITO, ya podéis adivinar por qué jamás ganaré una partida a este juego. Pero es lo suficientemente ágil y entretenido para seguir intentándolo aunque, para mí, no llegue al nivel de otros juegos de construcción de mazos más originales. Por concretar más diré que me gusta más que Star Realms o Hero Realms si sólo juego al juego básico, pero menos si les metemos expansiones.

Spirits of the Forest es la reimplementación de un jueguecito de 2003 llamado Richelieu que no le ha importado nunca a nadie hasta ahora que puede uno usarlo para mostrar lo mucho que sabe, que aquí venimos por los juegos pero principalmente por la impostura, que es lo suyo. El juego consiste en cartas con símbolos que se ponen en filas y los jugadores se turnan para elegir cartas de los extremos de esas filas. Cuando están todas las cartas elegidas se cuenta quién tiene más de cada simbolito y se reparten puntos. Y sí, es tan sosainas como suena. Es bonito, eso sí.

Spring Meadow cierra la trilogía abierta con Cottage Garden y continuada con Indian Summer, y bien está lo que bien acaba. Otro juego de poner piezas en un tablero para llenar huecos, que toma el “vamos a darle un puntito más” de Indian Summer pero sin complicarlo de más (que fue lo que hizo del segundo de la serie mi menos favorito): simplemente tienes algunas fichas con agujeros que, si los colocas sobre toperas de manera que se sigan viendo, te dan puntos adicionales; además, al colocar un agujero adyacente a otro consigues fichas adicionales para seguir cubriendo huecos. Aparte de eso, un juego estilo Tetris que si te va ese género te gustará y, si no, pues tampoco va a cambiar tu opinión. Si no tuviera ya Cottage Garden quizá me haría con éste, pero tal como están las cosas se me antojan demasiado parecidos entre sí para justificar tenerlos todos ocupando espacio y compitiendo por tiempo en mesa.

Y esto es lo que ha dado de sí septiembre. Una vez más, gracias a la gente de Generación-X por ser más majos que las pesetas y hacer esto posible, y nos leemos cuando vuelva a levantar la vista de los libros. Besis.

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3 Comentarios en Primeras impresiones: septiembre de 2018

  1. Pues yo soy de los que tienen Richelieu (desde hace años) porque creo que es sencillamente magistral. Lo juego sobre todo en Yucata, y creo que es realmente tenso. Tuve la oportunidad de pillarlo cuando ya estaba descatalogado, y me alegro mucho. Que es estéticamente resoso no te lo niego, eso lo soluciona de largo la edición nueva. A mi, que me mola lo viejuno, me pone bastante la edición antigua. Y sí, creo que a todos nos gusta tener alguna cosilla rara. Si es que es buena, claro.
    Es que tal y como lo has contado, le has quitado toda la gracia, gañán.

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  2. Eres un menosmola…
    A ver, tienes los tokens ocultos, que pueden decantar mayorías, tienes las losetas para “reservar” cartas, tienes que tener cuidado de no dejarle al otro la opción de pillar dos cartas en el mismo turno, tienes cartas con simbolos, y otras que mezclan dos simbolos distintos que afectan a distintas mayorías, tienes que tener cuidado de no quedarte en nada a cero, porque puntua negativamente, puedes jugar a acabar cuando se acaban 3 de las 4 filas, lo que le añade sutileza…
    Niños, no hagáis caso. Richelieu mola mazo.

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