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Arriba y Abajo y las etiquetas

Above and Below. Ryan Laukat, 2015 – Red Raven Games (Devir)

Luego sacó uno llamado “cerca y lejos”. Katy Perry aprueba a este diseñador.

A los que nos gusta hablar de juegos nos encanta también etiquetarlos. Queda muy bien esto de usar términos (si son en inglés, mejor todavía) para catalogar las cosas y decir que un juego es un ameritrash con deck-building, worker placement y apiticandemoring pinta muchísimo y nos hace parecer más listos, que al fin y al cabo es lo que importa, aunque no sepamos muy bien qué es lo que estamos diciendo.

Lo malo de las etiquetas es que, a pesar de lo molón que pensamos que quedamos cuando las usamos, no sirven para nada. O peor todavía, sirven para crear expectativas que no siempre se cumplen y luego cuando nos plantan ante la mesa algo que a lo mejor está muy bien pero no se ajusta a las tres palabras que han usado para describírnoslo vienen los lloros y los exabruptos de esto es una estafa. Y Arriba y Abajo viene con mucha etiqueta detrás que puede perjudicar la percepción de lo que es un juego muy chulo y bastante original, precisamente porque la originalidad no se adapta muy bien a los patrones.

En Arriba y Abajo somos los supervivientes del ataque de una horda salvaje a nuestra aldea, y pretendemos refundar el poblado en un nuevo territorio que, cosas de la vida, ya tenía sus habitantes, sólo que estaban bajo tierra. Y como el colonialismo o lo hacemos bien o no lo hacemos, si hay territorios subterráneos se exploran y se colonizan, como está mandado. Así que ahí vamos, con tres hamijos, cada uno con sus habilidades: algunos podrán contratar más trabajadores, otros serán capaces de construir los distintos edificios y todos, en mayor o menos medida, se las apañan como exploradores, y eso es lo que van a hacer: contratar, construir, explorar y vamos también a recolectar recursos que si no nos acusan de que esto no es un juego de mesa.

Edificios, tableros personales, recursos de distintos tipos… Todo según las normas.

El modo de llevar a cabo las acciones “cansando” a los trabajadores, de los que sólo recuperarás tantos como camas tengas al final del turno es lo suficientemente intuitivo para que sea fácil de explicar y lo suficientemente original para que los veteranos no se aburran demasiado, y el modo de puntuar los recursos, de manera que los últimos que pones en tu almacén son los que más van a puntuar, da para probar distintas estrategias a ver qué funciona mejor, y los edificios que puedes construir son variados y directos, lo que uno podría esperar de un juego familiar de los buenos. Pero aquí lo que más llama la atención es el libraco de encuentros, así que voy a contaros lo que pasa con él.

Una de las acciones posibles es la de explorar, para la que necesitaremos dos trabajadores como mínimo, aunque cuanta más gente mandemos más mandanga sacaremos. Tiramos un dado, miramos en la carta el número de párrafo que toca y el jugador de al lado nos lee ese párrafo, que son del palo de “encuentras X haciendo Y. ¿Qué haces?”, te dan dos opciones cada una con su dificultad, escoges una, tiras dadetes (comparándolos con la habilidad de exploración de los trabajadores que hayas enviado) y te cuentan qué pasa, que en general será que recibes un tipo u otro de recurso, quizá algo de dinero y puede que ganes o pierdas reputación, que son puntos al final de la partida.

Esta acción de explorar es al mismo tiempo lo mejor y lo más peliagudo del juego. Lo mejor porque es su punto original, los encuentros están bastante bien escritos y dan lugar a momentos para recordar y comentar después de la partida. Y en un entorno familiar y casual simplemente eso ya hace que sea de los juegos más recomendables de los que hay disponibles estos días, porque le da a todo el mundo algo que le puede gustar: los que buscan competición tienen un juego de gestión de recursos bastante simpático; los que buscan una experiencia relajada no tienen por qué quemarse las cejas pensando, y los que quieren aventuras tienen sus encuentros y sus dadetes.

En un grupo de “veteranos”, sin embargo, puede no caer tan bien, porque al tener un poquito de todo no tiene mucho de nada: los jugadores ultra competitivos van a quejarse de que los resultados de los encuentros sean aleatorios, y los radicales de las historias protestarán porque no hay un hilo conductor entre ellos y, al final, la cosa va de contar puntos. Pero claro, es que los frikis lo estropeamos todo.

Arriba y Abajo, en definitiva, quizá no vaya a ser el juego favorito de nadie, pero sí es un juego al que, sea lo que sea lo que busquemos en un juego, vamos a encontrar algo a lo que agarrarnos para hacer la experiencia agradable siempre que estemos dispuestos a ceder un poquito. Si todos sois fanáticos de la gestión de recursos, sacad Agricola. Si necesitáis una experiencia temática llena de momentos memorables, marcaos un Battlestar Galactica. Pero si os juntáis gente de varios trasfondos, éste es uno de los mejores compromisos a los que podéis llegar.

Juego proporcionado por Devir.

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