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Coleccionistas, expertos y catacaldos: todos locos

Ya sea en foros, en grupos de Facebook, en comentarios de Youtube o en conversaciones cerveceras tras la partida de rigor, una pregunta recurrente es la de cuántos juegos son los que hay que tener en una ludoteca ideal. Luego siempre cae el tema de si es mejor probar muchos juegos distintos para tener una visión global de mecánicas y estrategias o profundizar en un juego para encontrarle las sutilezas. Y claro, todos defendemos nuestra propia postura con pasión y cualquiera que haga algo distinto tiene un problema, que no es sano vivir una afición de esa manera. Pajas y vigas, vaya.

Y es que puede que estemos intentando unificar algo que en realidad son varias aficiones distintas. ¿Por qué un coleccionista que quiere tener todas las versiones distintas de Monopoly que pueda encontrar tiene menos valor que el que se compra los juegos de CMoN según sale porque le apasiona pintar miniaturas, o el que sigue llevando su copia destrozada de Puerto Rico a todas las quedadas porque no ha encontrado nada que le llene más? ¿Disfruta más de la comida el que prueba cada semana un restaurante distinto o el que queda todos los domingos para comer paella con la familia?

Hace no mucho publicaron en The Dice Tower un vídeo con la colección de Jason Levine, amiguete de Tom Vasel y colaborador del canal, y las reacciones fueron curiosas. Tengo que reconocer que me dio un poquito de agobio verlo, que entre mis muchos defectos está la claustrofobia y hay niveles de apilamiento que no llevo demasiado bien, pero hay un momento casi al final que me hizo quitarme ese sombrero metafórico que llevo siempre, que fue cuando Tom le preguntó por qué tenía tantos juegos, incluso sin desprecintar, y su respuesta fue directa, sin pensársela un momento: “es que quiero que, cuando venga alguien a mi casa y quiera jugar a algo, sea lo que sea, tenerlo y poder echar una partida”. Olé tú, Jason.

Y sin embargo, uno se pone a leer los comentarios del vídeo porque de vez en cuando hay que darse un baño de realidad y recordar que los seres humanos, en general, damos bastante asquete y no tardan en aparecer los mensajes de “estás enfermo”, “tienes un problema” y demás. Porque si vemos que alguien disfruta de algo de manera distinta a nosotros tenemos que recordarle inmediatemente que lo está haciendo mal y que es peor persona por ello. Y si ya le añadimos que esa persona evidentemente tiene más dinero que nosotros porque se puede permitir comprar todos esos juegos, a la hoguera con él y si arde es porque está hecho de madera y, por tanto, es una bruja.

El coleccionista de juegos disfruta tanto de ver el juego ahí en la estantería, en el lugar que le corresponde, como de jugarlo. El mantra de “el juego caro es el que no se juega” no es cierto para él, y a lo mejor lleva años sin sacar a mesa uno de sus juegos favoritos por falta de tiempo o simplemente porque su grupo de juego prefiere otros, pero simplemente saber que está ahí para jugarlo en el momento propicio ya le basta. Y es una forma genial de vivir la afición, siempre que no te cause problemas monetarios.

El probador compulsivo disfruta de la novedad, de ver qué es lo que aporta el último título de su autor fetiche o de cuántas variaciones del concepto de construcción de mazos o paseos por mazmorras puede haber. Probablemente tras las dos o tres primeras partidas el título de moda se vea relegado al olvido por otro imprescindible, que a su vez dará paso a otro. Y es una forma genial de vivir la afición, siempre que les des un respiro a tus amigos de vez en cuando si les cansa aprender reglas nuevas continuamente.

Cuando te explican el tercer juego nuevo en lo que va de tarde.

El jugador intensivo disfruta sacándole el máximo jugo a su juego favorito, explotando estrategias, mejorando poco a poco y enfrentándose a otros expertos para comparar habilidades. Claro que el juego en cuestión tiene que permitir esa profundización, y la búsqueda de oponentes puede ser un problema (aunque el juego online muchas veces es una solución bastante válida a este detalle), pero la sensación de progreso vale la pena. Y es una forma genial de vivir la afición, siempre que tengas en cuenta que no todos tus amigos tienen que amar el mismo juego y os vayáis turnando.

Y sí, sé que esto al final suena a lo de siempre, pero es que es así de sencillo: la solución a la mayoría de los problemas que nos podemos encontrar a la hora de afrontar las diferencias de enfoque en nuestro grupo es aceptar y ceder. Siéntate de vez en cuando a la mesa de los que no paran de jugar a Terraforming Mars, accede alguna vez a jugar a algo que no sea lo que hayas traído tú y no rebufes cuando te enseñen la foto de los niños en la nueva Kallax más grande que hacía falta porque ya se ha pasado de la centena. Y recuerda que, aunque tu manera de ver la afición sea sin duda alguna la mejor, a los demás también les parece que eres un poco raro y te dan bolilla.

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5 Comentarios en Coleccionistas, expertos y catacaldos: todos locos

  1. Buena entrada Betote. Yo soy varios de esos jugadores según el momento. Me gusta probar nuevos juegos cuando puedo, gracias a que varios amigos míos son exactamente ese jugador (yo no podría permitírmelo económicamente). También con algún juego como Brass juego y juego una y otra vez. Y cada una de las partidas la disfruto más aún que la anterior. Y también, hay que reconocerlo, soy coleccionista. En el momento que tengo más juegos de los que puedo jugar, y hasta tengo muchos de ellos precintados tengo que usar ese calificativo. Para mí no es ningún problema. Ni pienso que soy rarito ni que tengo una enfermedad, como tampoco lo pienso del que tiene 2000 juegos. Que por cierto, a ver si busco el vídeo del que hablas y lo veo.

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  2. Muy de acuerdo con la reflexión. Yo soy más aficionado a los juegos de rol que a los de tablero, pero lo cierto es que en el mundillo de los juegos de rol también somos muy aficionados a considerar que los otros aficionados están locos y que solo nuestra visión de cómo disfrutar de nuestro hobbie es la correcta ;). Supongo que pasará hasta en el mundillo de los coleccionistas de sellos.

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  3. Jose Manuel Espinosa // febrero 26, 2018 en 4:58 pm // Responder

    Muy buena entrada. Estoy de acuerdo con todo lo que dices. Yo soy un poco de todo. Colecciono juegos compulsivamente. Intento probar todo lo que puedo. Pero me gusta profundizar en los juegos que mas me gustan. Sigue subiendo cosas como esta!

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  4. El espíritu del texto está bien, aunque su equidistancia se construye a costa de no ofrecer una de las opciones más moderadas: no hablamos de esa persona que, sin tener sólo un par de juegos fetiche, sí quiere que al jugar a algo se le preste la atención que merezca (basándose el merecimiento en un consenso adecuado entre todos los miembros del grupo). Ante ese individuo, con el que evidentemente me identifico, el resto de faunas sí parecen algo limítrofes y difíciles de conciliar en cualquier grupo de juego, porque sus manías y fobias van en contra de casi cualquier otro, sea limítrofe o moderado. Vamos, que abogo por conciliar y ceder, pero lo de ceder ante el tío que trae un juego nuevo cada día que no se vuelve a jugar, pues rollo. Y ceder ante el que trae siempre el mismo y no puede jugar a otra cosa, pues rollo mayor.

    Vamos, que lo de ser tolerante está bien… hasta que te topas con la intolerancia que pretende ser tolerada; momento en el cual el suelo desaparece bajo tus pies y toda buena intención se va por el sumidero mientras todas esas personitas pelean a tu alrededor sin haber llegado a desplegar ningún tablero.

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  5. Creo que todos tenemos una mezcla y una predominancia. No creo que haya personas que estén en este hobby y no les guste probar juegos nuevos, aún cuando esas personas luego diga “como mi (inserte juego) no hay”, pero prueban igual. Y no creo que haya persona “probadora compulsiva” que no tenga un favorito al que le ha dado más caña que al resto y que si vuelve a mesa. Y mucho menos creo que no haya persona que le interese expandir su ludoteca, aún cuando se proponga no llegar a extremos.

    Todos tenemos sin embargo una forma de vivirlo distinta, yo creo estar en el medio, me encanta expandir mi ludoteca y jugar nuevas cosas, pero también me gusta rejugar lo que ya tengo.

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