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Altiplano y la llama que llama

Reiner Stockhausen, 2017 – dlp games (Arrakis Games)

ola k ase, gestionas recursos o k ase?

Uno de los fenómenos que me resultan más curiosos de la cultura popular es el modo en el que las masas se abalanzan sobre segundas partes de algo que les gustó por sorprendente, se dan cuenta de que son una segunda parte y se enfurecen porque no se han sorprendido igual que al principio. Pasó con Stranger Things, pasó con Black Mirror y pasa con los juegos de mesa.

Hablando de Altiplano habrá que hablar de Orléans, claro. Y no es que me moleste, ya que Orléans es uno de los eurogames que se han hecho hueco en mi negro corazoncito y que me siguen llamando una vez pasadas las primeras dos o tres partidas (vida media de un juego de gestión de recursos estos días). Y con Orléansempezaron a comparar a Altiplano antes incluso de que nadie lo hubiera jugado, porque Internet es así. Que iba a ser una evolución del juego, que iba a añadir reglas para complicarlo más, que ésta iba a ser la versión para jugones (qué rabia me da esa expresión, por cierto) y básicamente todo lo que se dice cuando no tienes nada que decir pero tienes que decir algo. Pero, sobre todo, de lo que se habló fue de la portada. Porque Klemens Franz es un campeón y, cuando se planta a hacer una portada, podrá decir misa el mundo pero desde luego vamos a saber de qué estamos hablando. En este caso nos ha puesto unas cenefas de colorines de esas que le hacen a uno preguntarse por qué en América del Sur no hay más epilépticos y ahí en medio una alpaca tan contenta de ser alpaca, símbolo de la individualidad, del amor propio y de la alegría a pesar de lo que digan de ella en Internet. Ella es así, y a quien no le guste que no mire.

A ritmo de trap.

Normalmente aquí tocaría dar una explicación temática de qué es lo que se supone que estamos haciendo en Altiplano, pero es que sinceramente no hay manera humana de justificar temáticamente lo que está pasando ahí: se supone que vamos de región en región enseñando nuestras mercancías para que nos den otras a cambio, almacenando cosas, cumpliendo contratos y comprando barcas y casas, que al final es que vamos a ir consiguiendo unas cosas para pillar otras y cambiarlas por puntazos, una variación del cuento de la lechera lúdico, en el que empezamos con tres fichitas morroñosas y al final acabamos con una colección de joyas y mantas. Pues eso, que a por puntitos de esos ricos y el que quiera una historia que se suscriba a Netflix.

En cuanto a mecánicas, pues si ya habéis jugado a Orléans tenéis la mitad de los deberes hechos: en nuestro turno sacamos fichas de nuestra bolsa, las colocamos todos a la vez (o en orden de turno si juegas con tiquismiquis) en los distintos espacios de nuestro tablero y luego nos vamos turnando haciendo cada uno una acción, que viene siendo descartar las fichas de una zona del tablero y hacer lo que nos dice, que generalmente será coger otra ficha distinta y plantarla en el descarte. De vez en cuando la siguiente acción que queramos hacer estará en otra zona distinta, y habrá que mover a nuestro muñeco a esa zona para poder llevarla a cabo.

El Ravenloft andino.

Las diferencias con su hermano mayor son poquitas, pero al menos para mí suficientes: la más visible es el movimiento por el tablero, en el que tienes que ir yendo de una región a otra, gastando recursos por el camino, para realizar acciones distintas, pero las que más afectan la experiencia de juego no aparecen hasta que no las ves en acción: en primer lugar está el añadido de la “caja de descarte”, que hace que tengas que darle la vuelta a todo tu “mazo” antes de volver a ver las fichas que ya has usado, y aumenta la necesidad de controlar el engorde de la bolsa. Luego está el almacén individual que usamos para controlar ese engorde, que ahora nos va dando puntos conforme llenamos filas de mercancías de un tipo, y se convierte en una fuente importante de puntos. Y el último de los cambios que me gustaría mencionar es el hecho de que no todos los tipos de fichas están disponibles para todo el mundo: no hay ningún espacio en tu tablero que te dé peces, cacao, alpacas o minerales, y si tu loseta inicial no te da una ficha de ese tipo, ya puedes ingeniártelas para hacerte con la barca correspondiente o con una loseta que las produzca pronto, o bien olvídate de esas vías estratégicas en esta partida y ya verás qué haces en la siguiente.

Es absurdo decir que Orléans y Altiplano no se parecen pero, por otro lado, tampoco es exactamente más de lo mismo. Si Orléansfuera Agricola, Altiplano me recordaría más a Le Havre o El Banquete de Odín que a Caverna. Y a mí esta variación sobre algo que ya me gusta pues, qué queréis que os diga, ya me vale. No ha revolucionado mi mundo, pero ya llevo unas cuantas partidas, las he disfrutado todas y no lo veo saliendo de la colección en un futuro cercano: dentro de lo que es un juego de gestión de recursos, me da una mezcla entre construcción de mazos (bolsas) y colocación de trabajadores (fichas) bastante agradable, en el puntito medio para sentir que seguir una estrategia determinada me está dando unos resultados y no estoy simplemente jugando por jugar, pero sin ser tan duro como para que la presión de encontrar el movimiento perfecto me impida relajarme y disfrutar.

Pero, para que no digáis que me he vuelto blando y que no veo más que cosas bonitas, antes de que corráis a dejaros los euros en Altiplano os tengo que comentar un par de cositas más: la primera es que, como pasa en tantos otros juegos, el rango de jugadores de la caja está puesto un poco así. Al ser un juego de interacción limitada, tampoco es que añadir jugadores vaya a aumentar mucho la competición, pero lo que sí añade a saco es tiempo, y quizá con 4 y, sobre todo, con cinco jugadores la proporción entre tiempo que pasas haciendo cosas y tiempo que pasas viendo cómo los demás hacen cosas no compense demasiado. La segunda es que Arrakis Games no se han estrenado en esto de traducir manuales de la mejor manera posible, y hay párrafos con información bastante importante escritos de manera demasiado confusa, así que vuelve a tocar echarle un ojo al manual original para enterarse de cómo funciona el asunto realmente.

Teniendo todo en cuenta, Altiplano me parece un más que digno no sucesor, pero sí compañero de su hermano mayor como juego de gestión y acumulación de recursos tan redondo como sus fichas. Y si además tiene a la alpaca más molona de la historia de los juegos de mesa en la portada, ¿qué más queremos?

Juego proporcionado por Arrakis Games

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1 Comentario en Altiplano y la llama que llama

  1. Si tuvieras que quedarte con uno, Orleans o Altiplano?

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