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Junk Art – Bloques, pelotas y palotes, ¡dios mío!

Jay Cormier y Sen-Foong Lim, 2016 – Pretzel Games (Ludonova)

Todo patas arriba. Si los viera mi madre se iban a enterar estos.

Los que me leéis desde hace tiempo ya sabéis que una de mis cruzadas personales es la defensa de los juegos más sencillos como tan válidos o más que muchos más complejos: lo importante a la hora de sentarse a jugar no es lo listo que te sientas por descifrar reglamentos complejos, sino lo bien que te lo pases con tus amigos. Y dentro de los juegos sencillotes, un género que se ve aún más denostado es el de los juegos de habilidad. Pues bien, estos días las estanterías de nuestra tienda favorita están de enhorabuena, que han recibido la visita de varias novedades del género, y aquí está un servidor para contaros qué os vais a encontrar en esas cajas. He decidido empezar no por la nueva versión de Flick ‘em Up! ni por la secuela de Súper Rino, sino por esta especie de Jenga vitaminado que quizá sea el que más probablemente pase desapercibido y, al mismo tiempo, el que creo que merece más atención: Junk Art.

Al abrir la caja de Junk Art (hacedlo con cuidado, no como yo que me cargué dos cantos al primer intento) nos vamos a encontrar con que el señor que diseñó el inserto odia todo lo bello y bueno de este mundo, único motivo que se me ocurre por el que alguien pudiera haber decidido meter el manual enrollado. Una vez repuesto del soponcio, vemos un montón de piezas de plástico de distintas formas en cuatro colores, fichitas blancas y negras para contar puntos, una cinta medidora y unas cuantas cartas, una por cada pieza de plástico y unas cuantas más con nombres de ciudades. ¿Y con eso ya se hace un juego? Pues no voy a decir que sí, porque no sería del todo cierto: con eso se hace un montón de juegos.

Aquí podéis ver dos cosas: las distintas formas de las piezas de Junk Art, y que tengo la mesa del salón que da penita.

La mecánica básica de todos los minijuegos que forman Junk Art es la que teníamos en cosas como Animal sobre Animal. Tenemos todas esas fichas de distintas formas y tamaños y la cosa suele ir de apilarlas y que no se nos caiga el engendro, y hay que decir que las fichas están muy bien pensadas, combinando de maneras bastante chulas (no se han limitado a ir escogiendo al azar cosas de un todo a 1 euro). Pero, por muy bien pensadas que estén las fichas, simplemente con esto no da para mejorar sensiblemente al Jenga de toda la vida, ni mucho menos a productos más currados como El cuco Kiko estrena nido. Y ahi es donde entran en juego las cartas.

En una partida estándar de Junk Art se toman tres cartas de ciudad al azar, se plantan sobre la mesa y ahí tenemos los tres minijuegos que vamos a jugar hoy. Cada uno de esos minijuegos utiliza las fichas y las cartas de manera distinta, y modifica ligeramente las reglas de colocación: podemos estar eligiendo cartas para decidir qué ficha coloca cada uno, podemos compartir la misma estructura o construir cada uno la nuestra, puede que nuestro objetivo sea poner fichas del mismo color o forma juntos, o que queramos construir la estructura más alta, o simplemente intentar que nuestra escultura sea la última que quede en pie. En resumen, Junk Art es el juego de apilamiento definitivo, del mismo modo en que Modern Art es el juego de subastas definitivo.

No queráis saber qué ocurrió tres segundos después de hacer esta foto.

Esta combinación entre formas interesantes y variedad de minijuegos es lo que hace de Junk Art un juego que me atrevería a llamar esencial en una ludoteca que pretenda ser completa. No va a cambiar la mentalidad de los maníacos de las hojas de cálculo, pero el hecho de que cada minijuego te haga plantearte las cosas de manera ligeramente distinta le da muchísima vida (no es ni mucho menos hacer siempre lo mismo, y en más de un caso las decisiones a tomar no son triviales) y lo malditamente bien escogidas que están las formas de las fichas consiguen un juego que no va a espantar a alguien que sólo haya jugado a Jenga y, al mismo tiempo, que le ofrezca ese algo más al que ya tiene más juegos a sus espaldas.

La única pega que le veo a Junk Art es que, como la cantidad de puntos que da superar cada prueba es distinta, alguna vez puede darse el caso de que el ganador de la partida esté ya decidido antes de jugar la tercera ciudad, lo que le quita un poco de emoción. De todos modos, es fácil de solucionar: basta con ordenar las pruebas al principio en función de los puntos que estén en juego, o jugar a más o menos ciudades, que a cinco minutillos que puede durar cada minijuego tampoco se nos va a hacer de noche por alargar la partida un poquito más. En cualquier caso, lo tengo muy claro: si sólo vas a tener un juego de apilamiento en tu colección, difícilmente vas a fallar eligiendo Junk Art.

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