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El Padrino: el Imperio Corleone – A la rica cabeza de caballo

The Godfather: Corleone’s Empire. Eric M. Lang, 2017 – CMON Limited.

Ficha en BoardGameGeek

Espero que os guste esta ilustración, porque os vais a hinchar a verla.

Vamos a ver, vamos a ver, vamos a ver. A Eric M. Lang, que nos ha dado cositas como Blood Rage o Arcadia Quest, ya sabéis que aquí se le tiene una devoción parecida a la que tienen en algunos pueblos de España por Faulkner, así que poca broma cuando sale un cajote con su nombre en la parte de arriba, y si encima nos lo aderezan con un tema tan mítico como el de El Padrino, apaga y vámonos. Y es que imaginad esos tratos que no se pueden rechazar, emboscadas en puestos de fruta, dobles tratos… Todo lo que me gusta en un juego de mesa podría estar ahí. O más bien podría haber estado.

Tengo una sensación muy rara con El Padrino: el Imperio Corleone, un “es veneno, pero huele a canela” en el que no acabo de decidir qué lado de la balanza pesa más: por un lado, es un juego que me ha decepcionado mucho en muchos aspectos; por otro, si me pongo a analizar la experiencia de juego, me parece un gran diseño que me ha hecho pasarlo genial siempre que lo he sacado a mesa. Y, ¿con qué se queda uno al final?

Ya habréis leído otras reseñas, visto otros vídeos y memorizado todos los detalles del juego, que lleva más de dos semanas en las tiendas y con el ritmo que llevamos eso ya es una eternidad; esta reseña ha dejado de contar como novedad y podríamos ya casi considerarla una reseña vintage. Por si acaso, en párrafo corto: tenemos cuatro rondas en las que colocaremos a nuestros matones y miembros de la familia en distintas posiciones del tablero, llevándonos un beneficio u otro según dónde los coloquemos, consiguiendo dinero y mercancías; esas mercancías se pueden usar para pagar por cartas de acción que nos dan más dinero y otras ventajas. Luego, cuando todos los muñecotes están colocados, se comprueba si alguien tiene mayoría en alguno de los barrios, se puja por conseguir cartas de aliados y se vuelve a empezar. Al final, el que tenga más dinero guardado en su maletín gana. Un mecanismo muy en la línea de Eric M. Lang, con reglas sencillas y basado en la interacción entre jugadores. Entonces, ¿cuál es el problema?

Para mí el mayor lastre del juego está en su nombre. Si me lo plantan con un título en plan “Cannoli & Vendette”, un rollo gángster genérico como Nothing Personal, os diría que es un gran juego de mafiosos y os lo estaría recomendando sin ningún lugar a dudas. Pero es que el juego se llama El Padrino: el Imperio Corleone, y uno espera estar jugando la película, y no es así. Lo único que os va a recordar a El Padrino ahí es la ilustración de Marlon Brando sentadito en su despacho, la figurita de don Vito que se usa para marcar el turno y la de cabeza de caballo que indica quién es el jugador inicial. Ni las familias que llevan los jugadores aparecen en la película, ni siquiera se han molestado en ponerles nombres a los personajes de apoyo, que se quedan en términos genéricos como “empleado sindical”, “teniente de la policía” o “alcalde”.

Qué gran juego de Batalla de Mafiosos Genéricos por Nueva York habría sido éste.

Este aire de dejadez de gran parte de lo referente a la presentación en un juego que debería tener una carga temática muy importante hace que uno se quede con una sensación de haber sido engañado, como cuando ves un cartel anunciando un concierto de tu grupo favorito en tu barrio y luego te das cuenta de que es una banda homenaje. Que sí, que a lo mejor tocan muy bien, pero tú has ido a ver otra cosa. Que las ilustraciones de las cartas de acción sean todas iguales y que además coincidan con la de la trasera de las cartas y con la de la portada del juego contribuye a esa sensación de juego de baratillo y, seamos sinceros, con lo que estás pagando por él, eso es lo último que quieres que pase.

Y es una pena porque, si te olvidas de que has pagado un pastón importante por un juego de El Padrino que luego resulta que no es un juego de El Padrino, lo que tienes sobre la mesa está muy bien. Esa combinación entre juego de colocación de trabajadores en el que hay sitios más jugosos que otros y viene muy bien colocar primero para llevarte la mejor ventaja y juego de mayorías en el que controlar un territorio te da una ventaja brutal y viene muy bien ser el último en colocar para asegurarte de que nadie te chafa los planes da lugar a dinámicas muy interesantes, y el hecho de que puedas pagar para jugar cartas de acción tanto de tu mano como de una reserva común, y que estas cartas den vuelcos tan importantes a la situación del tablero ayuda a que nunca puedas dar nada por sentado. Una vez dejas de esperar recibir el tema que promete, lo que encuentras detrás está muy bien, y quizá por eso dé aún más rabia la promesa incumplida.

Ahora, a ti, ¿te merece la pena El Padrino: el Imperio Corleone? Pues supongo que la duda principal es si quieres acercarte a él como juego o como tema. Si quieres algo que poner sobre una mesa, juntarte con tus amigotes y echaros hora y pico pisándoos casillas clave, mandándoos muñecos al fondo del río Hudson y peleándoos por el control de los barrios más jugosos de Nueva York, este juego te puede ofrecer eso. Si lo que buscas es revivir una película mítica y hacer jugadas que te hagan pensar “mira, igual que en el cine”, me temo que como experiencia temática estamos a años luz de Battlestar Galactica o Star Wars: Rebellion. En mi caso, no veo justificación para desalojar a otros juegos de mis estanterías para hacerle hueco a éste, pero si alguien me ofrece una partida me voy a apuntar sin dudarlo. Supongo que al final, para mí, es más veneno que canela. Pero sigue oliendo a canela.

Juego proporcionado por Generación-X.

 

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2 Comentarios en El Padrino: el Imperio Corleone – A la rica cabeza de caballo

  1. Giovanna Iregui Torres // agosto 24, 2017 en 4:32 pm // Responder

    Gracias por los comentarios. Otro juego en el que no gastaremos el dinero.

    Gracias, de verdad.

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  2. A mí, si hay algo que me revienta, es que intententen plagiar a Faulkner.

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