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El paredón: Cartagena, Días de Ira: Budapest 1956, Gigi Gnomo

Tras un par de semanas en las que voy a culpar a la histamina por haberos tenido un poquito abandonados, toca ponerse al día para volver a darlo todo como está mandado, así que ya sabéis: un par de mojás a los asuntos pendientes, que no por la urgencia vamos a dejar de prestarles atención.

Cartagena (6/10)

Devir nos trae de nuevo (y, si la memoria no me falla, en español por primera vez) un clásico del 2000 al que ya ni recuerdo las partidas que pude haber jugado en su momento. Cartagena es un juego de carreras en el que queremos llevar a nuestros piratas hasta el bote de huida que nos espera al final del pasillo. Para avanzar jugamos cartas con símbolos y nos movemos hasta el siguiente símbolo sin cubrir, pudiendo llegar a dar saltos importantes a poco que se empiece a poblar el tablero, pero la chispa está en que, para robar más cartas, tienes que gastar acciones en retrasar a tus piratas.

Esta nueva edición nos propone, además, del juego clásico, varias variantes en las que cambiamos el pasadizo por un sendero en una isla en busca del tesoro enterrado, o una combinación entre ambos escenarios añadiendo una barca que va y viene entre uno y otro. Mi favorita para cuando el juego básico se hace repetitivo es la que da acciones especiales a las cartas que jugamos, que le añade un nuevo nivel de decisión. Sin ser ninguna locura, Cartagena es un juego familiar sencillo y agradable que me alegro de ver de nuevo en las tiendas tras una larga ausencia, y me gusta esta nueva postura de recuperar clásicos en lugar de inundar las estanterías con novedades a medio hacer.

Días de Ira: Budapest 1956 (6/10)

Ludonova le ha cogido el gustillo a los juegos históricos, y repite jugada con esta curiosa apuesta centrada en las revueltas anticomunistas en Budapest en 1956, de las que reconozco que sabía bien poco antes de que este juego cayera en mis manos (y tampoco es que vaya a dármelas de experto ahora, la verdad). Y los que sabemos poquito de juegos históricos siempre nos hacemos la misma pregunta: ¿esto es como Twilight Struggleque, admitámoslo de una vez, es una declaración de ignorancia al mismo nivel del ¿esto es como Monopoly? del que tanto nos quejamos luego.

Prejuicios aparte, Días de Ira: Budapest 1956 es una apuesta arriesgada que se resuelve de un modo más que correcto: tenemos por un lado un juego cooperativo de mover tropas de un lado a otro para intentar satisfacer las necesidades de los eventos que van apareciendo por el tablero, y luego un modo competitivo en el que un jugador llevará el “mazo de infección” (y es que las sensaciones de estar jugando a una variante de Pandemic están ahí). A mí el cooperativo me ha hecho más gracia, y los amantes de los puzles tendrán ahí un reto más que adecuado. Sin embargo, para ser un juego con una declaración de intenciones tan profunda, echo en falta sentir que estoy participando en el conflicto que refleja aunque, como ya dije antes, puede ser por mi propio desconocimiento.

Gigi Gnomo (7/10)

Y terminamos con un título infantil de los que molan, firmado por Marco Teubner, que en esto de los juegos para peques ya es suficiente, como mínimo, para despertar interés. Teubner es un señor que se toma estas cosas en serio, que sabe que los niños no son simplemente adultos tontos, que no basta con hacer un juego facilote, sino que hay que tener en cuenta sus competencias e intereses. Gigi Gnomo nos va a tener dando vueltas por un bosque en busca de las cinco partes del tesoro de los gnomos, intentando recordar dónde hemos visto cada uno de ellos y teniendo cuidado de no caer en una maldición.

La cosa va así: en nuestro turno tiramos los dados y podremos mover tantas casillas (o menos) como nos muestren las huellas. Cuando paremos, podemos levantar uno de los árboles del tablero para ver si su raíz corresponde con el símbolo de nuestra casilla y, si es así, obtenemos una de las cinco fichas que necesitamos para ganar. Luego giramos el tablero inferior y, si algún peón cae por alguno de los agujeros que se forman, ese jugador roba una carta de maldición y tendrá que seguir sus instrucciones, como aplaudir después de cada turno, jugar tocándonos la nariz y demás tontunas, hasta que rompamos el hechizo. La combinación entre memoria y “tira y mueve”, con el puntito de emoción de girar la rueda a ver si alguien cae y la ligereza de las maldiciones funciona muy bien, y es un buen añadido a una ludoteca infantil. Si acaso con la salvedad de que éste es un juego para que jueguen varios niños entre sí, y quizá no funcione tan bien mezclando niños y adultos como puedan hacer Súper Rino o El cuco Kiko estrena nido.

Juegos proporcionados por Generación-X.

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1 Comentario en El paredón: Cartagena, Días de Ira: Budapest 1956, Gigi Gnomo

  1. Raúl Valle Fernández // abril 25, 2017 en 12:25 pm // Responder

    De acuerdo sobre Cartagena, me parece un excelente juego familiar, con su puntito de puteo (a dos barcas/dos islas es una pasada).

    Saludos cordiales.

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