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Decíamos ayer… (18 a 31 de marzo)

Dos semanas en una entrada, porque marzo es un mes flojito en cuanto a novedades y denso en cuanto a obligaciones laborales del que escribe esto, que encima se empeña en dormir varias horas cada noche, el tío vago. Y esto es todo lo que el susodicho dio de sí hace un año:

Galeones, Cañones y Doblones (2016: 4/10 2017: 4/10)

Me dio una rabia enorme que este juego resultara ser tan absolutamente soso. La idea de tirar los dados a la caja e ir midiendo para ver qué pasaba me hizo gracia, y si el juego se hubiera limitado a hacer eso y darnos un par de habilidades especiales, yo ya estaba feliz. Pero decidieron añadirle una fase de compra y venta de cosas que sí, que quedaban muy cuquis puestas delante pero se cargaban el ritmo de la partida totalmente, aparte de que un juego en el que a lo mejor tomas tres decisiones en total se te pueda subir perfectamente a las dos horas de partida no es algo que me atraiga especialmente. Para esto me echo un Strike! que dura un suspiro, no hay que andar consultando el manual y es bastante más divertido.

Quadropolis (2016: 9/10 2017: 8/10)

Si sólo vas a tener un juego de mesa en tu colección, mira en la caja y, si pone Days of Wonder, sabes que has acertado. Quadropolis tuvo quizá el problema de ser el título que sucedía a Five Tribes, y la gente se esperaba algo más complejo, pero es que ahí es el juego de Cathala la rara avis, que Days of Wonder es una editorial de juegos familiares, y éste es el ámbito en el que hay que juzgarlo. Un juego con una factura espectacular, reglas muy sencillas y la interacción justa para que haya piques pero no te arruinen la experiencia por apilarse contra ti. Si alguien hubiera pillado Die Burgen von Burgund y hubiera pensado “vamos a arreglar este juego para que le encante a Betote”, habría salido algo muy muy parecido a Quadropolis, y por eso sigue en mi colección.

Crazy Therapy!! (2016: 4/10 2017: 4/10)

Poco, si algo, se habla ya de este juego, y es que para convertir un juego de dominio público en un producto comercial hace falta añadirle un algo más (Black Stories es un ejemplo de hacer esto bien, aunque últimamente parece que se les está yendo un poco de las manos). Como herramienta de conversación en clase he utilizado alguno de los ejemplos que venían en estas cartas, pero como juego no se me ha ocurrido ni siquiera ponerme a buscarlo. A veces con ganas, ilusión y simpatía no basta, y aquí tenemos, por desgracia, un ejemplo de ello.

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