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Cottage Garden – Bed of roses

Uwe Rosenberg, 2016 – Edition Spielwiese

Ficha en BoardGameGeek

Ir a Leroy Merlín y que se te vaya de las manos.

Ir a Leroy Merlín y que se te vaya de las manos.

Cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue. Y va a haber que investigar a ver quién fue el que se sentó con Uwe Rosenberg a jugar a Ubongo que desde entonces el mozo está que no conoce. Por otro lado, también hay que entender al muchacho, que con Patchwork le llovieron los billetazos y oye, si se tiró años sacando ampliaciones para Bohnanza hasta que le dio por publicar un juego de “cultiva cosas y dales de comer a tus señores”, luego siguió publicando juegos de esos de pasar hambre y ahora ve que colocar piezas de Tetris tiene su público, ¿por qué no exprimir esa vaca también?

Y de ese apretón a la teta de turno nos llega Cottage Garden, un juego en el que, oh sorpresa, tenemos que rellenar tableros con fichas de distintos tamaños y formas. Si te parece haber oído hablar de un juego de Uwe Rosenberg publicado este año que iba de lo mismo, estás en lo cierto, pero aquí nos vamos a relajar bastante más que en El Banquete de Odín. Aquí no hay gestión de recursos ni optimización de acciones ni múltiples vías hacia la victoria: tienes unos parterres que cubrir dejando a la vista la mayor cantidad de macetas y flores cubiertas que puedas, que son los puntacos que te dará el parterre, y a correr que para qué queremos más.

De color bien pero, ¿no la tendrá así en forma de L?

De color bien pero, ¿no la tendrá así en forma de L?

Vale, sí, la cosa tiene un poquito más que eso, pero tampoco mucho y, como vamos bien de tiempo, os cuento un poquito más: cada jugador tiene dos parterres a cubrir con losetas que pillaremos de un tablero central. Cada turno, el dado-jardinero se mueve por el borde del tablero y podemos elegir una de las losetas de la fila o la columna en la que está. Cuando hemos rellenado un parterre por completo, miramos cuántas macetas y cuántas flores cubiertas quedan a la vista y movemos un cubito naranja o azul, según corresponda, para marcar la puntuación. Luego le damos la vuelta al parterre (cada uno tiene dos caras con configuraciones distintas de macetas y flores cubiertas) y nos quedamos el que quedaba libre, y así seguimos hasta que el dadito haya dado seis vueltas completas al tablero central. Se dan unos cuantos turnos extra para que los más rezagados completen sus últimos parterres y a puntuar.

Desde el principio este Cottage Garden se anunció como un Patchwork 2.0, y si bien esta descripción encaja bastante bien con la realidad, creo que ha habido un problema a la hora de entender qué significa exactamente eso de “dos punto cero”. Me explico: Cottage Garden es un juego bastante más ligero que Patchwork, que tampoco es que fuera un monstruo de la complejidad, pero sí tenía su punto de equilibrar las economías de botones y tiempo con el puzle mientras intentábamos reducir las opciones del oponente, y aquí nos hemos quedado con el puzle y muy poquito más. Sí, vamos a tener la opción de planear a medio-largo plazo teniendo en cuenta que sabemos dónde va a ir parando el jardinero y qué fichas vamos a tener disponibles a varios turnos vista, y el puntito rollo Knizia de decidir si puntuamos con el cubito que tenemos delante para dar el salto de 15 a 20 ese tan rico o con el de detrás para conseguir otra ficha de gatete acostao que nos pueda servir para rellenar una fila con losetas más jugosas o tapar un hueco clave tiene su aquel, pero el producto final es un juego muy muy accesible de esos de explicarle a los suegros; un Ubongo sin prisas.

Un juego con fichas de gatete acostao no puede ser malo.

Un juego con fichas de gatete acostao no puede ser malo.

Cottage Garden no va a reemplazar a Patchwork en mi colección, y probablemente la mayoría de las veces que vaya a jugar sólo con otra persona escogeré las colchas antes que las florecitas, pero sí que lo complementa para esos fines de velada en los que ya nos hemos jugado el plato principal pero aún no apetece levantarse de la mesa, cuando aún estamos con los cafés y los pastelitos. Que yo comprendo que si querías un bistec y te ponen un profiterol te lleves un chasco importante, pero no hay que echarle la culpa al pobre profiterol, que es repostería fina y mucho mejor postre.

 

 

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