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Tokaido – Caminante, no hay camino.

Antoine Bauza, 2012 – Funforge (Devir)

Ficha en BoardGameGeek

Empieza a ensayar palabras japonesas. Las tres que te sabes.

Empieza a ensayar palabras japonesas. Las tres que te sabes.

En cuanto a temas en juegos de mesa, la cosa suele ir por modas: ahora estamos con vikingos y marcianos, antes fueron los zombis, el comercio con el Nuevo Mundo vino y se fue… Y luego está Bauza, que vio de chico Mi vecino Totoro y no ha salido del roalillo. Entre sus pilas y pilas de juegos con dibujines de cosas japonesas, uno que suele destacar visualmente es Tokaido, y ahora los chicos de Devir se han animado a traerlo por fin a España.

Venga, digámoslo así al principio para que quede claro: Tokaido es un juego increíblemente bonito, pero no de esos que ves y dices “buah tron qué pasote”, sino de los de quedártelo mirándolo con una taza de chocolate caliente en las manos (beberla es opcional), a la luz de las velas y mientras miras llover por la ventana. El estilo minimalista escogido le pega muchísimo también al tema de juego, y transmite paz y cuidado por el detalle. Lástima que ese cuidado por el detalle no se haya reflejado en la elaboración del inserto, en el que sí, hay huequitos para todo, pero cada hueco es un milímetro más grande o más pequeño de lo que debería y andamos con las cartas bailoteando, las fichitas de madera jugando al escondite y las losetas de personaje encajadas a presión y tratando de olvidar que una vez tuvieron esquinas. Pero en fin, nadie es perfecto.

En España todo es flamenco y toros, así que en Japón todo es zen y geishas.

En España todo es flamenco y toros, así que en Japón todo es zen y geishas. (foto: BGG)

Y ya que esto queda claro, ¿sirve el juego para algo más que para mirarlo y decir que qué bonito es todo? Pues depende. Yo os cuento y vosotros me decís: lo que uno está haciendo en Tokaido es darse un paseo e intentar disfrutar ese pase lo más posible a base de probar manjares, comprar regalos, darnos baños calentitos y pintar paisajes. Pero se ve que el camino es estrechito y cuando uno se para a hacer algo ya no hay sitio para más gente (ensanchan la carretera un poquitín si sois 4-5 personas, y ahí ya cabéis dos en el mismo sitio). En mecánicas es sencillo: el turno siempre lo tiene el que vaya más retrasado, y lo que hace es avanzar hasta el espacio libre que más le apetezca, teniendo en cuenta que no se puede retroceder ni visitar un espacio que ya esté ocupado, realizar la acción de ese espacio (casi siempre coger una carta de un tipo u otro) y le pasa el turno al que esté ahora más retrasado, que puede ser él mismo. Al final del camino, se cuentan los puntos que han conseguido por un lado u otro, se dan puntos extra a quien tenga mayorías en una u otra categoría y el que tenga más, ha ganado.

La idea de Tokaido me parece muy interesante, por aquello de intentar equilibrar costes y oportunidades, y ver hasta qué punto resulta interesante avanzar un poco más y potencialmente darle más turnos a los contrarios para asegurarte una acción concreta, un poco como hacíamos en Patchwork a la hora de evaluar las distintas piezas y el tiempo que íbamos a tardar en coserlas, pero en la práctica me resulta un tanto descafeinado, y es que el juego peca de exceso de celo a la hora de equilibrar opciones, de manera que da casi igual lo que hagas que vas a conseguir 2-3 puntos por cada acción, quizá un poco más si gastas dinero, pero como para conseguir dinero tienes que usar tu turno en irte a la casilla correspondiente, vuelve a ser indiferente tomar un curso de acción u otro, lo que le quita al juego casi toda la tensión. La única excepción pueden ser las posadas, en las que la parada es obligatoria y a las que llegar primero o al menos no llegar último, sobre todo en las últimas dos, sí puede tener como resultado una diferencia significativa si los últimos en escoger se encuentran con que las opciones de comida que les quedan son ya repetidas.

Las famosas congas que uno se encuentra cuando va camino a Edo son uno de los mayores atractivos turísticos de la zona.

Las famosas congas que uno se encuentra cuando va camino a Edo son uno de los mayores atractivos turísticos de la zona.

Quizá es que Tokaido no sea un juego pensado para provocar emociones intensas, sino para evocar esa sensación de calma y tranquilidad que asociamos a hacer surcos en la arena con rastrillos pequeñitos o encender velas de olor. Quizá es que la intención del juego es proporcionar un punto de entrada amigable para aquellos que quizá se sientan un poco intimidados a la hora de jugar contra supuestos expertos que les van a dar la paliza de sus vidas, ya que difícil será que la partida termine con una diferencia muy holgada entre un puesto y otro y, aprovechando que los pobre se nos han confiado y se empiezan a venir arriba, les sacamos un Caylus, que también tiene un caminito y, como decía Felipe IV, sangre para el Dios de la Sangre y cráneos para el Trono de Cráneos, que las mejores víctimas para sacrificio son las que se echan ellas solitas en el altar.

Juego proporcionado por Generación-X.

 

 

 

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2 Comentarios en Tokaido – Caminante, no hay camino.

  1. Que reseña más light, un juego infumable , aburrido. Solo sirve para hacer lumbre en días de lluvia y frío . Otro chorrijuego más de devir. Y mira que hay chorrijuegos buenos pero no aciertan.

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  2. Bueno, opinamos parecido: si lees la reseña, verás que me ha dejado muy frío. Ahora, para lo aburrido que es, bonito es un rato 😉

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