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Los Inseparables: amistad entre trincheras

Les Poilus – Fabien Riffaud y Juan Rodríguez, 2015 – Sweet November (Ludonova)

Ficha en BoardGameGeek

A veces un juego es mucho más que reglas y componentes.

A veces un juego es mucho más que reglas y componentes.

¿Cómo juzgar un juego cuando su valor principal no está en ser un juego? Los Inseparables ya de entrada no nos atrae precisamente con cantos de sirena y promesas de grandes aventuras: nos pone en la piel de un grupo de amigos alistados a la fuerza en el ejército francés durante la Primera Guerra Mundial, y nuestro objetivo va a ser simplemente sobrevivir en esa trinchera hasta que se declare la paz. Nada de llevar a nuestro ejército a la victoria, nada de convertirnos en héroes. Simplemente llegar a casa con vida cuando toda la locura haya terminado. No parece que estén intentando vendernos un juego tanto como reunirnos en torno al abuelo para que nos cuente una historia de cuando era joven, una historia de esas que siempre acaban arrancándole una lágrima cuando recuerda a amigos perdidos. Y las lágrimas de abuelo no suelen ser algo que busquemos a la hora de dejarnos los euros en una tienda llena de sables láser y figuritas del Doctor Who.

Pero como este blog, en un principio, va sobre juegos de mesa, habrá que hablar del elemento jueguil de Los Inseparables antes de contaros realmente de qué va, porque así son las cosas. En una partida cada uno de nosotros va a meterse en la piel de uno de esos amigos, y el objetivo es, como ya había comentado, simplemente sobrevivir hasta que pase la guerra, estando esa guerra representada por un mazo de cartas de adversidad. Al principio de cada ronda el jefe de misión decide cuántas cartas vamos a robar de ese mazo, y nuestro objetivo será, turno a turno, ir jugando cartas sobre la mesa, procurando que en ningún momento haya tres símbolos iguales a la vista. Llegado el momento, podremos jugar en su lugar un impacto sobre nosotros que representa una herida o trauma causados por los horrores de la guerra, usar una acción especial para eliminar alguna carta o ignorar un símbolo durante esa ronda o, por último, replegarnos si vemos que no podemos jugar nada que no provoque el fracaso en la misión. Cuando todo el mundo se ha replegado o la misión falla, se resuelven los efectos correspondientes y se engorda ese mazo de adversidad con cartas del mazo de moral que hayamos dejado aparte, dependiendo de las cartas que nos hayamos quedado en la mano. Si ese mazo se acaba o un jugador acumula cuatro impactos, todo el mundo pierde. Si en algún momento el mazo de adversidad se acaba y no nos quedan cartas en la mano, habremos sobrevivido a la guerra.

Con otras ilustraciones esto habría sido totalmente distinto.

Con otras ilustraciones esto habría sido totalmente distinto.

Si analizamos el juego en cuanto a mecánicas y reglas, encontramos un juego ligero de cartas decente aunque no matador: el factor del azar es muy importante (si todo el mundo roba cartas con el mismo símbolo, estamos aviados), pero una buena comunicación entre los jugadores puede mitigar ese azar, teniendo en cuenta la gestión de riesgos y lo limitado de los recursos mitigadores, y que no replegarse a tiempo puede tener unas consecuencias catastróficas. Encaja en la categoría de juegos como Hanabi, para echar un rato sin muchas pretensiones, aunque sí tengo que decir que el nivel de dificultad está muy bien conseguido, dejándote con esa sensación de estarte enfrentando a un reto muy difícil, pero que puede conseguirse si la suerte y las decisiones acompañan.

Pero Los Inseparables no está pensado para sacarlo de la caja, jugar a no repetir simbolitos y guardarlo. Esa sensación de indefensión ante el azar y esos tímidos momentos de respiro que nos ofrecen las palabras de ánimo de nuestros compañeros o compartir un café tras una jornada en la que casi perdemos la vida están ahí para hacernos reflexionar sobre lo que pasaba por las cabezas y los pechos de esos reclutas que pasaron ahí la época más cruda de la Gran Guerra sin saber realmente por qué les tocaba jugarse la vida y sin poder hacer mucho más que cruzar los dedos esperando que el fuego de artillería caiga en otra parte. Una experiencia que hay que vivir, simplemente para recordar aquella locura y poner de nuestra parte lo que podamos para no repetirla, aunque no se trate precisamente de un paseo por el parque. Si te emocionó La vida es bella, te emocionará Los Inseparables.

Seres humanos, con todo lo bueno y todo lo malo de serlo.

Más que fichas, seres humanos.

Por último, no puedo dejar de mencionar un detalle quizá truculento de más, pero que creo que le añade una capa adicional a la amalgama de significaciones de Los Inseparables, y es el hecho de que Tignous, el dibujante responsable del sabor único de las ilustraciones del juego, fuera el mismo víctima de la locura del salvajismo de otro tipo de guerra que está librando ahora el mundo, y es que fue uno de los asesinados durante el ataque a las oficinas de la revista satírica francesa Charlie Hebdo poco antes de que el juego saliera al mercado. Un fin absurdo para la vida de alguien cuyo trabajo continuará sirviendo como alegato contra la guerra y la violencia de cualquier tipo.

seal of approval

Lo amarás: porque va a abrirte los ojos a la hora de ver la guerra desde una perspectiva muy poco tratada.

Lo odiarás: si te quedas en el nivel más superficial de las reglas y los símbolos.

Juego proporcionado por Generación-X.

 

 

 

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2 Comentarios en Los Inseparables: amistad entre trincheras

  1. Lo probé ayer a 4, varias partidas, y me dejó buen sabor de boca. Como bien dices, si te quedas en símbolos y reglas, no le sacas nada de jugo. Y el juego no propone quedarse solo ahí. Intenta contar una historia, da pie a apoyarse o “traicionarse”, tiene la dificultad bien regulada… Si ser el cooperativo definitivo, creo que el juego ofrece algo diferente y fresco en poco tiempo.

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  2. Lo mejor desde luego es eso que, ya te parezca un juegazo o una patata, la experiencia que ofrece es algo que no vas a encontrar abriendo una caja con cartas y cubitos de madera al azar.

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