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Odyssey: la ira de Poseidón: ¿vamos bien para Ítaca?

Odyssey: Wrath of Poseidon – Leo Colovini, 2015 – Ares Games (Devir)

Ficha en BoardGameGeek

Sebastián y Flounder salen en la expansión.

Sebastián y Flounder salen en la expansión.

Cómo no querer a los dioses griegos, esas versiones superpoderosas de adolescentes melodramáticos que cada vez que enganchan una rabieta, en lugar de encerrarse en su habitación a escuchar a Tokyo Hotel, te mandan un monstruo gigante de siete cabezas a arrasar una ciudad y oye, eso de que un dragón se coma tu granja y transformen tus ovejas en babosas fétidas porque al dios de turno le ha dado un ataque de cuernos le daba una chispa especial a la vida que ahora, por mucho Internet y muchos móviles inteligentes que tengamos, no sabemos apreciar.

En Odyssey: la ira de Poseidón le ha tocado al rey de los mares enfurruscarse porque se nos ha olvidado etiquetarlo en la foto que subimos a Instagram tras conquistar #Troya #aqueosFTW #playita #caballodemadera y ha decidido mandar nuestros barcos a tomar viento (literalmente) para que tengamos tiempo para reflexionar sobre nuestros modales durante el viaje, y si se nos come una serpiente marina pues oye, una lástima. Uno de los jugadores se meterá en el papel de Poseidón e intentará evitar que los demás lleguen a la isla del centro del tablero con sus barcos a base de darles empujoncitos para desviarlos y hacer, con un poquito de suerte, que se pierdan.

Pepe, para a preguntar, que nos hemos liado.

Pepe, para a preguntar, que nos hemos liado.

El desarrollo del juego es muy sencillo: cada bando tiene su tablero, separados por la tapa de la caja que hace las veces de pantalla a lo Hundir la flota. En su turno, Poseidón moverá uno de los cuatro barcos una casilla, sin decirles a los navegantes en qué dirección. Luego, los navegantes mueven sus barcos uno a uno, diciéndole a Poseidón hacia dónde lo hacen, y éste les dará información exacta sobre la casilla en la que están (como “estás en alta mar” o “estás en una isla rocosa”), y aproximada sobre las que los rodean (a lo “ves dos islas”). Con esta información y la experiencia de haber jugado cientos de partidas al buscaminas de Windows a lo largo de los años tendrán que hacerse una idea de por dónde pueden andar en realidad, y así hasta que al menos tres barcos hayan llegado a la isla central o hayan pasado once turnos.

La experiencia de jugar a Odyssey: la ira de Poseidón es muy curiosa, sobre todo si vienes de otros juegos de movimiento oculto como Sombras sobre Londres o Specter Ops, porque aquí es el jugador que se mueve el que no sabe dónde está él mismo y tiene que estar un poco jugando a la gallinita ciega, palpando y deduciendo su situación. Los mapas (hay cuatro distintos para que la experiencia varíe un poco entre partida y partida) están confeccionados de manera que pocas veces las pistas que dé Poseidón vayan a ser definitivas, pero sin hacer totalmente imposible hacerse una idea aproximada de por dónde van los tiros. Por otro lado, que el propio Poseidón no sepa tampoco a ciencia cierta dónde creen estar los navegantes hace que tenga que pensarse muy bien qué barco soplar cada vez y hacia dónde, más teniendo en cuenta que cada barco sólo puede ser soplado dos veces (más tres “megasoplidos” que mueven los cuatro barcos a la vez), así que tiene que asegurarse de que cada soplido tiene lugar en el momento en que más daño pueda hacer.

No todo son cielos despejados para Odyssey, empero: la corta duración de las partidas (11 turnos, en torno a los 20-30 minutos) hace que necesariamente la profundidad no llegue a los niveles de otros juegos de movimiento oculto más largos, y las partidas con más de dos jugadores pueden sufrir del temido efecto líder en el que un sólo jugador del bando de los navegantes acabe tomando las decisiones por todo el grupo. También he visto que ganar como navegante, si bien no es imposible, sí resulta bastante más complicado que hacerlo como Poseidón, así que toca o bien jugar varias partidas intercambiando bandos o bien tirar de alguna de las variantes que ofrece el reglamento para equilibrar la cosa. Pero, así y todo, nos queda un juego cortito para dos jugadores bastante apañado en el que los amantes de la deducción lógica van a poder meterse su chute si no hay tiempo para algo más profundo. Y, como da la casualidad de que eso es algo que llevaba bastante tiempo buscando, yo encantado.

Lo amarás: como el juego de deducción lógica en monodosis que es.

Lo odiarás: si te toca jugar siempre con navegantes y te frustra perder.

 

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