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Doctor Panic: ¿será lupus?

Roberto Fraga, 2016 – Repos Production

Ficha en BoardGameGeek

Claro que no; nunca es lupus.

Claro que no; nunca es lupus.

Hace un tiempo os hablé del fantástico Keep Talking and Nobody Explodes, un híbrido entre software y producto físico que jugaba con la comunicación puramente verbal de elementos visuales como elemento principal para conseguir una experiencia única que, si no habéis probado, ya estáis tardando. Hoy toca tratar este Doctor Panic, que podríamos calificar de hermano pequeño del anterior en todos los sentidos; pero, si crees que eso lo convierte automáticamente en un producto menor, sigue leyendo:

Lo primero es comprobar que la rama no ha caído muy lejos del árbol: Doctor Panic es también un juego híbrido que se apoya sobre todo en una aplicación para móviles que…, no existe aún. Como lo leéis: los señores de Repos Production aquí se han tirado el pisto de facilitarlo todo hasta ponernos en el mismo libreto de reglas un código QR que podemos escanear para llegar a una página en la que, oh sorpresa, nos dicen que la aplicación si eso ya tal, pero que nos podemos bajar unos mp3 con la banda sonora mientras tanto. Nos hemos metido en el DeLorean todo ilusionados para viajar al futuro y hemos acabado en 2005. En fin.

No hay nada como ponerse ciego a pastillacas.

No hay nada como ponerse ciego a pastillacas.

Tirón de orejas aparte, Doctor Panic nos muestra una cantidad de componentes más que decente por su precio: un porrón de cartas, varios tableros, fichas de cartón bien grueso (que va a ser algo necesario teniendo en cuenta el trajín y su target de edad), pinzas de plástico, redecillas para el pelo de esas ideales para compartir y transmitirse piojos y un cojín de pedos, parte central de la experiencia. Por pedir, quizá alguno de los tableros más delgados podrían haberse hecho en cartón, pero no te vas a sentir estafado, que la caja cierra justita.

A la hora de desplegar el juego vas a necesitar reservar espacio. Y poner los objetos frágiles a salvo. Y despejar la zona para que nadie se piñe al correr. Y avisar a los vecinos para que no llamen a la policía por los gritos. Lo de hacer firmar documentos de descargo de responsabilidades a los participantes ya es al gusto de cada cual. Porque Doctor Panic es frenético, de esos juegos a los que, como pasaba con Escape, juegas diez minutos y luego necesitas otros quince para recuperar el aliento y que el corazón te vuelva a latir a un ritmo normal.

¿Que necesitas que te pase QUÉ?

¿Que necesitas que te pase QUÉ?

Una vez hechos los preparativos, nos podemos poner a jugar. La configuración que aconsejan es ir formando equipos de tres, aunque no he tenido ningún problema adaptándolo a grupos más grandes en los que íbamos alternando roles, porque hay muchas cosas distintas que hacer y todas molan y claro, a ver cómo le cuentas tú a un ejército de chavales de nueve años que empiezan a ver todo el despliegue que no, que cada uno hace una cosa y lo demás es para mirar nada más; mis instintos suicidas, al menos, no llegan al nivel de plantearme hacer eso. Me limito a decir que para cada prueba vamos a tener un jefe distinto y darle al reproductor de cedés, y echarme a un lado.

Y entonces, la explosión: empezamos a escuchar los pitidos que nos dicen que el paciente está regular nada más, y al que le toca hacer de jefe de equipo levanta una carta, la mira y les dice a sus compañeros qué tienen que hacer: qué píldoras poner en cada casilla si hay que recetar medicación, qué electrodo poner en cada parte del torso del paciente, por dónde pasar la lupa para examinarlo, qué antibióticos ponerle en la jeringuilla dependiendo de su altura, peso o grupo sanguíneo, cómo coserle las heridas y en qué orden, qué instrumentos necesitas para llevar a cabo la cirugía necesaria o cómo hay que pasar al paciente por el escáner, y todo esto en doce minutitos.

Puede que esto le vaya a doler un poquito...

Puede que esto le vaya a doler un poquito…

Pero claro, así solo no se crea demasiado caos, así que durante varios momentos la aplicación el archivo de sonido reproducirá una llamada de teléfono que habrá que contestar y que interrumpe el tratamiento para hacernos hablar con un acento inventado o hacernos un selfie junto al paciente (no recomiendo hacerle caso al teléfono en la primera partida, pero luego ya podéis volveros locos del todo si queréis) o, pavor y horror, el corazón del paciente se detiene y entonces hay que masajear el cojín de pedos hasta que vuelva a latir. El momento en el que el chaval está de los nervios por seguir con el tratamiento y superar la prueba y, muerto de pánico, aprieta el cojín y suena el prrrrrft es para enmarcar y ponerlo en la Wikipedia al lado de la definición de catarsis.

Me he dejado lo más bestial de todo para el final: ¿toda esta locura de ir corriendo de acá para allá, de hacer el bobo porque lo dice una carta o soltar pedorretas? Es alucinantemente educativa. Sin necesidad de inventarse efectos secundarios ni de estirar la cuerda para autojustificarse, Doctor Panic es un arma de educación masiva en manos de cualquiera que tenga una mínima idea de lo que está haciendo, y sin tener que dejar en ningún momento de ser tremendamente divertido, porque jugar es aprender. Se limita a plantear retos que van a resolverse mediante la coordinación, la psicomotricidad y el desarrollo de las habilidades comunicativas pero sin decirte ¡eh, eh, mira qué pedagógico es todo esto! Hacía mucho tiempo que, como educador, no me encontraba con una herramienta tan bien parida, la verdad, y no me queda más remedio que recomendárosla a todos los que os lo estéis siquiera planteando. Aunque la aplicación sean los padres.

Sólo por este dibujín ya merecería la pena comprarlo, qué caramba.

Sólo por este dibujín ya merecería la pena comprarlo, qué caramba.

Te gustará si: eres niño, educador o padre.

Lo odiarás si: no hay nadie en tu vida que no sea un adulto triste.

Juego proporcionado por Generación-X.

 

 

 

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2 Comentarios en Doctor Panic: ¿será lupus?

  1. Pude probar el prototipo en Córdoba junto al señor Ferris y la verdad es que fue un descojono total. Aunque nunca se me ocurrió llamarlo “educativo”. Todo es posible.

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