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This War of Mine: aquí nadie gana

2014 – 11 Bit Studios

Sunshine, lollipops, and rainbows.

Sunshine, lollipops, and rainbows.

La guerra es uno de los temas principales que han tenido los juegos desde siempre: nos encanta jugar a lanzar nuestro ejército contra el oponente, y lo ha hecho desde el Ajedrez hasta Memoir’44, Call of Duty o Risk. Porque en el salón de casa, con las luces encendidas y rodeados de amigos las guerras parecen ficción y hablamos de la playa de Sword como hablaríamos de Alderaan. La guerra es algo que, como mucho, nos sacan por la tele antes de contarnos qué jugador de fútbol se ha teñido el pelo de naranja esta vez, un concepto lejano del que nos hablan nuestros abuelos. La gente de 11 Bit Studios decidió agitar un poco nuestro punto de vista con This War of Mine, y yo no sé si agradecérselo o maldecirlos por ello.

En This War of Mine nos sentamos frente a la pantalla para ponernos al cargo de un grupo de gente que ha buscado refugio en una casa en ruinas en una ciudad vagamente situada en Europa del Este asediada por la guerra, y nuestro objetivo no es ni más ni menos que sobrevivir. Durante el día nos dedicaremos a fabricar distintos útiles con los despojos que hemos ido encontrando, y por la noche mandaremos gente a explorar la ciudad en busca de víveres, medicamentos y, en general, cualquier cosa que pueda hacer la vida más llevadera a nuestro grupo.

La cosa es que, durante esas exploraciones, vemos que no estamos solos en la ciudad. Encontraremos soldados que han tomado puntos clave como base, otros grupos de supervivientes o simplemente familias encerradas en sus casas. Personas que, a veces, tienen lo que necesitamos y quizá podamos convencer para que nos den parte de lo que ellos tienen a cambio de piezas de nuestro triste botín… O quizá necesitemos algo más que palabras. Depende totalmente de nosotros qué camino decidamos seguir, y esa es la parte que da miedo.

¿Qué les respondes?

“¿Vas a matarnos?” Y, ¿qué les respondes?

Durante el día habremos estado cotilleando en las fichas de nuestros personajes, leyendo parte de sus historias y siendo partícipes de sus propios conflictos, y es inevitable acabar desarrollando un cierto vínculo con esos montones de píxeles. Queremos que nuestros personajes sobrevivan y, ¿qué hacer si el abuelo de la casa de al lado tiene el sótano hasta arriba de latas de comida y nosotros tenemos un hacha? A diferencia de otros juegos en los que nos marcan el camino a seguir y podemos excusarnos con que “es que va de esto”, en This War of Mine todo es decisión nuestra, y el peso de cada una de esas decisiones queda sobre nuestros hombros.

Si habéis jugado alguna vez a Dead of Winter y una carta de encrucijada os ha dejado el cuerpo regulero, ya sabéis qué tipo de sensaciones despierta This War of Mine. Y uno podría pensar para qué jugar a cosas que nos van a hacer creer que somos unos seres humanos horribles, pero es que a veces hace falta algo así para recordarnos lo que tenemos y reaprender a valorarlo, o para retener un poquito la lengua antes de hablar de lo que deberían hacer otros y dictar sentencia viendo las noticias.

Todo el mundo tiene una historia que contar.

Todo el mundo tiene una historia que contar.

This War of Mine es impresionante en muchos aspectos. En primer lugar, por ser un excelente juego educativo que nos lleva un pasito más cerca de entender el drama real de una guerra fuera de discursos nacionalistas y de la visión romántica del soldado heroico, pero sin necesidad de evangelizar; haciendo lo que hacen los buenos juegos a la hora de enseñar, que es dejarnos aprender por nosotros mismos, decidiendo incluso qué es lo que queremos aprender y sin forzarnos en ningún momento a llegar a ninguna conclusión determinada, porque en este asunto no hay respuestas fáciles. Y sin dejar en ningún momento de ser, desde el punto de vista mecánico, un gran juego.

No vas a jugar a This War of Mine para sufrir en primera persona los horrores de la guerra, sino porque el reto estratégico de cómo sacar el máximo partido a los recursos de los que disponemos y a las habilidades de la gente que tenemos al cargo nos ofrece un amplio abanico de decisiones significativas; pero, a lo largo de algunas de esas decisiones y siendo testigos de sus consecuencias, nos vamos a llevar una muy valiosa lección.

Por eso, como regalo de San Valentín, me gustaría animaros a que os pasárais por la página oficial del juego y le echárais un vistazo. Porque cuando hablamos de que un juego tiene un “tema adulto” muchas veces nos quedamos en si habla de tetas y culos y no nos damos cuenta de que la madurez no está en la elección del tema, sino en su enfoque.

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