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Le Havre: cateto a babor

Uwe Rosenberg, 2008 – Lookout Games (Homoludicus)

Ficha en BoardGameGeek

Jefe, ¿dónde le pongo esta caja?

Jefe, ¿dónde le pongo esta caja?

Dicen que Uwe Rosenberg hace todos sus juegos iguales, y quizá es verdad que a este hombre eso de plantar cosas para que salgan más cosas parece que le lleva molando desde Bohnanza pero, por otro lado, no todo va a ser innovar y oye, si una cosa se te da bien, por qué no seguir por el caminito. Y así hizo el amiguete: después de petarlo bien petado con Agricola y tenernos a todos con el culo torcido esperando su próximo juego, fue el colega y se saca este Le Havre que, a primera vista, parece seguir todos los pasos de su hermano mayor. ¿O no?

Y depende de cómo lo miremos: cierto es que se trata de un juego de coger recursos, construir cosas con esos recursos y dar de comer a tu gente al final de cada turno, pero luego a la que vamos hurgando vemos las pequeñas diferencias. Como cuando vas a Holanda y te das cuenta de que te ponen mayonesa a las patatas fritas en vez de ketchup. Pero os explico:

En primer lugar tenemos la mecánica básica, que pasa de la colocación de trabajadores clásica de Agricola con su carrera por ampliar la familia y tener más trabajadores que sacar cada turno a un paso mucho más relajado: en cada ronda vas a tener un número determinado de turnos (a más jugadores, menos turnos por ronda para cada uno, y vamos a dividir entre 7 para hacerte ya todo el lío) y en cada uno de esos turnos vas a elegir entre una de dos cosas: o te llevas toda una pila de recursos, que se van llenando a un ritmo constante, o poner tu muñeco en un edificio y realizas la acción correspondiente, que generalmente consiste en cambiar un tipo de recurso por otro, como convertir trigo en pan o vacas en comida y pieles. También puedes construir edificios o barcos, y ya. A primera vista, mucho más sencillo que cuando había que ir ampliando la casa para que te cupiera más gente o arar el campo para sembrarlo después pero, ay, amigo, las apariencias engañan.

Navegar sin temor por el mar es lo mejor.

Navegar sin temor por el mar es lo mejor.

La primera palabra clave en Le Havre es abundancia: aquí nada de arrastrarse por una calabaza pocha ni sufrir cuando Federico se queda toda la madera que había apilada. Si la pila de muchas cosas chulis no está cuando te toca, seguro que hay otra pila de cosas chulis que también te viene estupendamente, o un edificio molón que se ha quedado libre y te da algo genial, que no hemos venido a pasar penurias, sino a medrar. Y si en una ronda concreta te pilla el todo y tienes que pedir un préstamo, tampoco te preocupes demasiado que ya lo pagarás cuando tengas tiempo y ganas. Si no puedes con el estrés de los juegos en los que cada acción es vital y agónica y la sombra de los puntos negativos por no cumplir tal o cual requisito, aquí por fin vas a respirar tranquilo.

El reverso de la moneda está en la segunda palabra clave, que va a ser en este caso eficiencia: como te contaba antes, aquí hemos venido a medrar, y eso quiere decir sacar beneficio de nuestros productos. La vara de medir en Le Havre es única, y consiste en ver quién ha sacado más dinero al final, ni más ni menos: a nadie le interesa ese enorme rebaño de vacas que tienes ahí pastando sin hacer nada, sino el valor de los edificios que has construido y el dinero que has conseguido vendiendo tus mercancías por un método u otro, con lo que cada recurso que te haya sobrado al final de la partida es un recurso desaprovechado, algo que de algún modo podrías haber usado para obtener algún tipo de beneficio pero no. Y tienes muchas menos acciones de lo que pensabas en un principio, así que no te va a dar tiempo a hacer todo lo que querrías, así que nada de respirar que Rocío lleva ya 150 puntos y tú estás todavía comiendo pan duro.

Teeeeengo gambas, tengo chopitos, tengo croquetas, tengo jamón...

Teeeeengo gambas, tengo chopitos, tengo croquetas, tengo jamón…

Y la pregunta que todo el mundo se hace es: ¿a quién quieres más, a papá o a mamá? ¿Agricola o Le Havre? Y la respuesta que uno siempre hace cuando lo han educado bien es que a los dos igual, que cada uno tiene sus cositas. Que quizá tire más para Agricola porque me gusta cómo todo tiene un sentido y mirar mi tablerito al final para pensar “esto lo he hecho yo”, además del punto adicional de buscar la mejor combinación entre las cartas del principio. Pero otras veces quiero sentirme como un empresario hecho a sí mismo y buscar planes de negocio y planear jugadas con seis turnos de antelación, centrarme más en el beneficio y menos en luchar por sobrevivir, y en esos casos sacaré Le Havre. Y cuando no me decida entre uno u otro, entonces tocará Caverna que tiene un poco de ambos. Lo que es seguro es que, si buscas un buen juego de gestión de recursos, poco vas a encontrar más satisfactorio que cualquiera de los miembros de esta familia feliz.

Un par de detallitos y os dejo que me contéis vuestras cosas en los comentarios: primero advertiros de un nuevo caso de información de portada tramposa: la caja de Le Havre dice que lo pueden jugar de 1 a 5 personas, pero esa información no es del todo correcta: pueden jugarlo de 1 a 3 personas, sí, pero si os juntáis 4 ó 5 no lo vais a jugar, sino a sufrir: la estructura de la ronda (recordemos, 7 turnos por ronda a repartir entre todos) hace que con más de 3 jugadores siempre va a haber alguien que sólo tenga un turno por ronda y eso, amigos, no mola nada en absoluto, además de que la partida se os puede ir muy tranquilamente a las 3 horas a poco que alguien eche el freno a la hora de pensar, y eso mola menos aún.

El segundo detalle es este: (Gracias, por el archivo de audio, Wikipedia)

Te gustará si: cuando te contaban de niño el cuento de la lechera pensabas en cómo amortizar mejor la inversión.

Lo odiarás si: tú te sientas a la mesa a jugar, no a hacer cuentinas.

 

 

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4 Comentarios en Le Havre: cateto a babor

  1. Le jabre. Totalmente de acuerdo en todo. Solo aádiría que, al igual que ocurre con Ora et Labora, los modos “normales” se me antojan demasiado largos. La diferencia entre el juego estandar y el juego corto (en ambas) es simplemente tiempo. A mi no me aporta poder construir muchos mas edificios y disponer de muchas mas cadenas de producción.

    Ale 😛

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    • Yo casi estaría de acuerdo contigo, pero es que a veces sí que la experiencia de ir cambiando pieles por cuero y construyendo cosas me resulta tan agradable que esa media hora más la doy por bien empleada para una tarde de domingo.

      Jugado en quedada polijueguil o en el iPad sí que tiro siempre a la corta, por otro lado. Vivo en un mundo de contradicciones 😀

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  2. Juegaco. Simplemente.
    Siendo un mecanismo “similar” a Agrícola, las sensaciones que deja el juego son totalmente diferentes.
    Pero tal y como dice iMisut, el modo “largo” se hace largo. Siempre lo juego en versión reducida, a pesar de quedarme sin los Edificios Especiales, que molan mucho.

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  3. Para mi es el mejor juego de mi colección. Siempre lo juego con el modo normal, la variedad de los edificios es la chicha del juego… ir a la iglesia y cambiar pescados por panes es lo más. La optimiza con de los edificios es lo mejor del juego.

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