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Los jóvenes de hoy en día

2015 fue un año impresionante para el mundo de los juegos de mesa, y 2016 tiene toda la pinta de seguir por el mismo camino: cada día hay más aficionados a esto de sentarse a tirar dados y mover fichas, la cantidad de juegos que se publican en España es cada vez mayor (os lo digo yo, que intento probarlos todos o casi todos y no me da la vida), surgen nuevas editoriales mientras las ya establecidas refuerzan su posición e incluso algún que otro famoso, que son mejores personas que la gente normal, afirma de vez en cuando echarse un Catán con los amigos. Y, como siempre que algo que era minoritario empieza a asomar la patita en el mundo mainstream, ya se empiezan a escuchar las voces que dicen que nos estamos cargando el mundillo, que esto ya no mola tanto como antes y que los nuevos vienen sin tener ni idea.

Lo que nos gusta quejarnos a los viejunos.

Lo que nos gusta quejarnos a los viejunos.

Pues bien, vengo del pasado a deciros que eso no es así. El pasado no molaba tanto como nos quieren hacer creer; es más, el pasado apesta.

Empecemos por los mismos juegos, que son blanco de una crítica habitual. Los juegos de hoy en día son todos demasiado sosos y sencillotes, buscan la experiencia en hora y poquito y se pierden los detalles y la sensación épica de una partida que dure todo un día. O eso dicen. Pero si bien es cierto que, hablando de proporciones, un juego de mesa de los que llamaríamos “de caja grande” (es decir, dejando a un lado los juegos de relleno como Red7 o ¡Toma 6!) tiende a esos 90 minutos de juego, esto es en gran medida porque en estos últimos años, especialmente de los 90 para acá, se ha avanzado mucho en esto de descubrir cómo funciona realmente un juego y qué es lo que nos sirve y lo que no. Sí, yo también recuerdo habérmelo pasado pipa jugando a Junta, pero también recuerdo haber tenido que dejar innumerables partidas a medias porque ya nos estaban dando las mil y no había manera de acabar eso. Guardo con cariño mi copia de Civilización y de cuando en cuando abro la caja para comprobar que los componentes siguen bien, acariciar el tablero con nostalgia y pensar en lo bien que me lo he pasado jugándolo, pero hoy en día no veo motivo para sacarlo a mesa más allá de esa nostalgia cuando tenemos la opción de jugar Archipelago o incluso el mismo CatánEn esos “buenos viejos tiempos” no jugábamos partidas épicas de diez horas al mismo juego porque eso fuese lo que molaba, sino porque no teníamos otra opción.

Por otro lado, lo que los profetas del fin del mundillo se olvidan de comentar es que esta vorágine de juegos más ligeros y cortos no está impidiendo que se publiquen otras cosas. ¿Quieres reglamentos complicados, mapas enormes y pasarte un fin de semana jugando la misma partida? En un mes, hoy en día, se publican más juegos con estas características que en toda la década de los 80, incluso en español. Está muy bien que no te guste un tipo de juego concreto, pero es que nadie te obliga a comprarlo ni a jugarlo: tú elige aquello a lo que quieras jugar y siéntate con quienes compartan tus gustos, y a correr.

También es frecuente encontrarse con el típico “Yo a tu edad caminaba 50 kilómetros bajo la nieve para ir a la escuela”. La gente que se inicia en el mundillo de los juegos de mesa hoy tiene muchas más facilidades que teníamos hace 20 años, sí, pero eso no tiene por qué ser malo… según cómo lo mires. Cuidado, que viene una historia triste:

Los colegios en los años 80 no eran un entorno fácil, sobre todo para un niño de esos raros que prefieren leer a jugar al fútbol y cometen el tremendo error de sacar buenas notas. Y cuando lo que tu entorno cercano tiene para ofrecer no te interesa lo más mínimo, no te queda más remedio que ponerte a buscar alternativas. Llega un momento en el que encuentras un libro medio escondido en la biblioteca o una referencia casual en una revista de videojuegos e indagas un poquito más, y descubres que hay cosas que son así como el Monopoly o el HeroQuest pero que tratan de civilizaciones antiguas, imperios estelares o conflictos históricos. Sigues buscando y llega un momento en el que, con el dinero conseguido las últimas Navidades en el bolsillo de la cazadora vaquera (ya os he comentado que no fue una época agradable), callejeabas un poco por barrios reguleros hasta entrar en un semisótano oscuro decorado con orcos y esqueletos en el que, por fin, encuentras el lugar al que habías pertenecido todo ese tiempo sin saberlo. Y resulta que hay más gente como tú por allí, gente que tampoco se siente a gusto con lo que se ofrecía “ahí fuera” con quienes por fin puedes compartir todo eso que llevabas dentro. Ahí estáis: descastados, marginados, pero poseedores de un conocimiento arcano fuera del alcance de los demás. Ellos tendrán la aceptación del grupo y las invitaciones a las fiestas de cumpleaños, pero jamás sabrán lo que es explorar Glorantha o convertirse en dios emperador de los elfos.

No hay lugar como el hogar.

No hay lugar como el hogar.

Y resulta que vienen ahora a destrozarnos la magia: hoy las tiendas de juegos están en calles comerciales y ves luz, sonrisas y gente normal entrando, mirando y comprando en ellas. Y resulta que el vecino del quinto juega a Descent con sus primos y Marisa está dándole a muerte a Twilight Struggle con su novia. Y como somos idiotas, los que hemos pasado nuestra adolescencia lamentándonos de que nadie entendiera lo mucho que molaba nuestra afición y no poder compartirla con casi nadie resulta que, cuando por fin tenemos lo que queremos, no sólo no estamos contentos sino que hasta nos molesta. Porque no vemos justo que otros consigan tan fácilmente lo que a nosotros nos ha costado tanto esfuerzo.

Pues yo digo: ¿y qué? ¿No es lo importante que, por fin, sentarse a jugar unas partiditas a ¡Aventureros al Tren! sea tan normal como salir a jugar un partidito de fútbol los domingos? A mí, que pasé por el “crimen del rol” con mis dados de 20 caras en el bolsillo y la hoja de personaje de mi mago elfo en la carpeta, decir en el trabajo que voy a pasar el fin de semana jugando con mis amiguetes y que no me miren raro me parece genial, la verdad. Y entrar en un bar al azar a tomar algo y ver que en una mesa están jugando a Jungle Speed me sigue provocando una sonrisa.

Por eso, si acabas de descubrir el mundo de los juegos de mesa, no tengas miedo en expresar tu alegría, que no hay nada más natural que ser entusiasta con algo que has encontrado y te encanta. Saca una foto de tu partida de Carcassonne y ponle el hastag #soyunfrikazo en Instagram para que todo el mundo la vea, que hay que compartir la alegría; y, si peinas canas ya y ves a los niños del vecindario divirtiéndose “mal”, déjalos a los chavales que ellos caminen como ellos camelen, que diría el sabio, que a ti no te están haciendo nada malo, y sigue con tus partidazas a 1830, que nadie te las va a quitar de momento.

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18 Comentarios en Los jóvenes de hoy en día

  1. Buen artículo. Juega y disfruta el momento con lo que te apetezca.

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  2. Me da en la nariz que el de la cazadora vaquera fue algún vecino tuyo. ¿No le disteis unas peseticas para comprarse una buena chupa?

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  3. Dios santo, espero que no hayas pensado en mí en lo que dices en el 1er párrafo, lo de las “voces” diciendo que se han cargado el mundillo, por la entrada que publiqué el otro día en mi blog sobre la radicalización.
    Significaría que me expreso aún peor de lo que creo xD
    Para mí de lo más positivo de q el hobby llegue a más gente lo decía en aquélla entrada, que ahora es facilísimo encontrar alguien para jugar. Cojonudo.

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    • Hombre, si este artículo fuera una respuesta al tuyo, lo habría puesto en tu página o, como mínimo, habría mencionado y enlazado, ¿no crees? 😉 Es una sensación general por cosas que he visto en blogs, foros, redes sociales e incluso en *gasp* la vida real, una espinita que quería sacarme.
      Gracias por pasarte y por comentar 🙂

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  4. Estoy de acuerdo contigo, Betote. Pero le doy la razón a Neiban en que, si fue el detonante de tu magnífico artículo, no entendiste lo que quería decir.

    Yo, al igual que tú, estoy encantado de que llegue gente nueva al mundillo, de que se vendan más juegos (que voy a decir si encima trabajo en esto) y de que no se nos vea como bichos raros. En eso nos parecemos. Yo también llevé cazadora vaquera (y me molaba 😀 ) y llevaba la mochila de clase (esa que colgábamos de sólo un hombro porque era más guay a pesar de lo malo que fuera para la espalda), llena de libros de rol. Y también salí a la palestra en defensa del mundillo rolero cuando vivimos ese episodio oscuro del asesinato que Nieves Herrero entre otros periodistas sensacionalistas de la época distorsionaban a su antojo y nos presentaban como enfermos mentales.

    Pero, el artículo de Neiban (en el que sí que se notaba un carácter algo cascarrabias y esa foto de Gran Torino le vendría al pelo a él 😀 ) sobretodo quería poner en evidencia la velocidad con la que se realizan críticas sin fundamento en el mundillo. Como las opiniones extremas venden más que las reposadas y que tal vez todo ello es fruto de la época que estamos viviendo porque, es cierto, que ves lo mismo en política, deporte, actualidad rosa…

    Todo se odia y se adora a la misma velocidad en que se deja de odiar y adorar para empezar a odiar y adorar otra cosa.

    Con una cantidad ingente de juegos en el mercado cada vez cuesta más seguir toda la actualidad y descubrir la sutileza de algunos títulos tras varias partidas, además de conocer el mundo alrededor de la creación de determinados juegos y que puede dar sentido a gran parte del porqué de la publicación del título. Son cosas que veo fundamentales a la hora de elaborar una crítica fundada. Cada vez veo también que se llena una reseña con una descripción de la calidad de los materiales porque parece que es lo que importa. La calidad de la producción en lugar del juego en sí. El continente más que el contenido.

    Pero, claro, es que es más fácil hablar de eso que escribir un texto que profundice más en el producto, desglose sus virtudes y defectos y todo en un entorno donde se pueda comparar con otros títulos e incluso se analice el mercado actual que ha dado el porqué de su publicación.

    En resumen, genial artículo, Betote. Me ha encantado.

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    • Ah, pero es que ese es otro tema. En cuanto a la importancia de los componentes, para mí es que la tienen; no tanto como para ser lo fundamental, pero en muchos casos sí que pueden cargarse un buen diseño o hacer la experiencia de juego más agradable. Piensa que no es lo mismo, por ejemplo, que en un juego de cartas las ilustraciones las haga mi primo que hace unos monigotes muy monos o que las haga un ilustrador profesional. Claro, que un trabajo profesional hay que pagarlo y no todo el mundo está por la labor, esa es otra.

      Lo superficial de las reseñas… Es que son reseñas. Una reseña es un acercamiento superficial que cuenta impresiones y recomienda o desaconseja, basándose en esas impresiones argumentadas, una obra. Tú lo que pides es crítica, que es otro género distinto y que tienes razón al decir que no hay… De momento 😉

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  5. Amén a todo. Yo soy de los que afirma que el mundo se ha hecho mucho más friki en los últimos años, posiblemente gracias a películas como El Señor de los Anillos, Harry Potter o las de superhéroes. Y eso es genial.

    Que haya más gente jugando no puede ser sino bueno, igual que es bueno que la gente lea, aunque sea la última de Dan Brown en lugar de Guerra y Paz.

    Y sobre los juegos de antes, yo soy más de juegos de rol, pero ayer terminé una partida a Twilight Imperium que empezamos la semana pasada y dejamos a la mitad… y que no pudimos ni acabar ayer. No digo que no fuera épica (me encanta ese juego), pero es verdad que hoy en día hay diseños más eficientes para jugar al Master of Orión en mesa ;).

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    • Y en rol también pasa: hace poco con el grupo rolero de toda la vida jugamos una partida a Fiasco y nos quedamos flipando al ver cómo se había desarrollado la historia sin necesidad de modificadores, reglas de combate ni bestiarios. Pero no por ello deja de ser posible jugar un campañote a D&D si se tienen el tiempo y las ganas.

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  6. “déjalos a los chavales que ellos caminen como ellos camelen”… ¡¿ESTO ES DEL FARY?! Sólo por eso ha valido la pena. Yo soy un recién llegado como aquel aque dice en esto de los juegos de mesa más allá del Risk y el Monopoly y agradezco que se hayan popularizado un poco (pero sólo un poco, ¿eh?), porque me temo que de otra manera no habría descubierto este mundo.

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  7. Buena entrada. Yo soy de esos que se parte los cuernos porque cada día sea más “normal” la afición por éste mundillo y lo cierto es que, con la cantidad de juegos que hay al alcance de la mano, casi siempre resulta fácil despertar el gusanillo de la gente. Yo tampoco entiendo el por qué de tener que pasar todos por las mismas penurias (bueno, en realidad sí, es pura envidia disfrazada), ahora la cosa es mejor y más accesible, disfrutemos de ello. Un saludo

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    • Hay a veces también un componente importante de “esto no lo entiendo, así que tiene que ser malo”. Si nosotros no nos hacíamos selfies, asumimos que hacérselos es de tontacos, y así todo.

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  8. Muy buenas.

    Llevo un tiempo leyéndote y sólo quería pasar a decirte que estoy completamente de acuerdo con tu opinión. Yo, por mi parte, soy uno de esos jugados ‘nuevos’ que redescubrió el hobby hace unos seis años.

    Realmente empecé de muy joven, con largas tardes jugando al mítico Hero Quest (y a otros muchos), aunque luego mis aficiones fueron por otros derroteros.

    Conforme me hice mayor y mi tiempo pasaba a ser vez cada vez más escaso, volví a interesarme por los juegos de mesa. Y he descubierto un mundo mucho más accesible e interesante que el que dejé atrás en los 90.

    Ahora me considero uno más en esta comunidad. Tengo unos 100 juegos en mi colección, e intento informarme casi a diario sobre todo lo que sucede en el mundillo. Las fuentes de información son muchas y muy buenas. Me encanta la diversidad que se puede encontrar en la estantería de cualquier tienda especializada, y que los diseñados españoles empiecen a lanzar proyectos con cierta regularidad.

    Por eso creo que es muy positivo que cada vez se hable más de los juegos de mesa, y que se conviertan en un estándar de las sobremesas como ya sucede en otros países europeos. Todo lo demás es de un esnobismo que, sinceramente, no entiendo.

    Gracias por esta estupenda entrada y sigue así.

    Un saludo.

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  9. Lo único que puedo decir ante este artículo es “plas plas”.
    Gracias por el agradable rato que nos has regalado Betote.
    Saludos!!

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  10. Tu articulo parece muy sensato. Y el hecho de que haya ahora tantos juegos de mesa debe ser positivo. Lo que tiene que cambiar es la actitud. Antes había pocos juegos y los frikis del mundillo los cataban casi todos. Ahora se llenan de ansiedad porque no dan a basto. Pues simplemente, se selectivo. No tengas una ludoteca de 150 titulos ni busques conseguirte 20 titulos nuevos cada año. Simplemente elige unos cuantos buenos y exprimelos… Es como si alguien se queja de que sacan muchos libros y ya no da tiempo a leerlos todos. Aunque claro, entiendo que cuesta modificar las costumbres. Por ejemplo, cuando las fotos eran de carrete y sacabas dos rollos por las vacaciones, nadie tiraba ni una foto. Luego, esa costumbre quedó con las fotos digitales y por eso tengo el disco duro del ordenador a reventar… porque sigo pensando como cuando las fotos eran de carrete…
    Por último, siguen saliendo juegos nuevos con partidas de 6 o 7 horas… pero claro quedarán reservados para la poca gente que tenga el tiempo y las ganas de jugar.

    Gracias por tu blog… por cierto, que pasó con los premios a lo mejor de 2015?

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    • La historia de los premios es también triste, pero esta vez corta: perdí los archivos en un pete del ordenador, así que las opciones eran repetir todo el proceso de votación o seguir hacia delante y, teniendo en cuenta que ya hay otra gente montando premios (como Muevecubos o Análisis-Parálisis), me decidí por lo segundo, me temo.

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  11. Gran artículo. Me he sentido totalmente identificado. Es tal cual lo cuentas, ese sótano lo podías encontrar en cualquier ciudad, y como parte del destino todos terminamos en el que nos correspondía. Me ha encantado esta parte, me has hecho recordar el día en que yo dí con “mi sótano” y mi tribu.

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