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Manila: ¡alto a la Guardia Civil!

Franz-Benno Delonge, 2005 - Zoch Verlag (Devir)

Arrasa con lo que veas y generoso no seas.

Arrasa con lo que veas y generoso no seas.

Manila es uno de esos juegos de los que oyes hablar a los viejunos, que no en vano son diez años ya desde que se publicó por primera vez, así que la pregunta no es por qué Devir ha decidido publicarlo después de tanto tiempo, sino por qué no lo habían hecho antes. Sin embargo, que un juego fuera muy bueno en su momento no implica que lo siga siendo hoy en día, del mismo modo que en los 80 los Spectrum eran maquinotes y hoy en día hay que ser muy hipster para querer ponerse a trastear con uno. Pero, ¿necesitas llevar barba de mendigo e ir a falsos antros para disfrutar de Manila? veamos.

En Manila formamos parte de una red criminal bastante blandita que se dedica a hacer contrabando de nuez moscada, seda, gingseng y jade (sí, lo he tenido que mirar) y que ha llegado a la conclusión de que simplemente ese contrabando no renta lo suficiente, así que han decidido montar una red de apuestas alrededor de toda la operación. Más o menos. Vamos, es un eurogame, no le vamos a pedir temas al olmo a estas alturas, ¿verdad?

La cuestión es que cada ronda del juego tiene dos fases: en la primera fase se puja por ver quién va a ser el capitán contrabandista ese turno. Ese capitán tiene la opción de comprar una carta de mercancía, de decidir qué tres de las cuatro posibles mercancías van a transportarse ese turno, y cuáles de esos tres barcos van a partir con ventaja (porque sí, también están echando carreras; ya te he dicho que no preguntes). La segunda fase es el viaje en sí, y en ella lo que vamos a hacer es colocar a nuestros señores en distintos lugares del tablero o en los propios barcos; cada espacio tiene un coste que tenemos que pagar a la hora de colocar nuestro queco y básicamente consisten en un tipo u otro de apuesta: podemos apostar a que un número determinado de barcos va a llegar a la “meta” o no, por un barco en concreto, por la posibilidad de que alguno pare justo en el último espacio o, por último, podemos decidir “empujar” un barco en una u otra dirección. Cada vez que se ha terminado una ronda completa de apuestas se tiran dados para mover los barcos y, después de tres tiradas, termina el turno y se reparten los beneficios según se cumplan las condiciones de cada espacio o no.

Un barquito de cáscara de nuez cartón.

Un barquito de cáscara de nuez cartón.

Así que lo que tenemos es, a fin de cuentas, un juego de apuestas como Camel Up, pero con una pequeña diferencia: en Manila tienes algo en qué basar tus decisiones, al ir teniendo cada vez más información sobre cuál puede ser el resultado final de la ronda. Aquí no haces una apuesta u otra simplemente a ver si cuela, sino que estás calculando (sin echar humo por las orejas tampoco, eso sí) riesgos y beneficios, y si te compensa o no ocupar ese espacio ahora cuando no es tan seguro que vayas a sacarle rédito antes de que otros jugadores se te adelanten en una apuesta más segura. Alcanza ese punto medio de los buenos juegos familiares en el que sientes que tienes un cierto control sobre lo que haces y pensarte las jugadas compensa, pero aún existe el factor azar suficiente para dar lugar a esos momentos emocionantes en los que un barco rezagado pega un acelerón final o un valor casi seguro se queda a verlas venir o lo abordan los piratas y jugadores menos hardcore quieran sentarse contigo sin pensar eso de “claro, como tú juegas más vas a ganar seguro”, entre otras cosas porque todo cuñado que se precie tiene un sistema infalible para ganar a la ruleta, y Manila es un casino en versión eurogame.

Un pequeño tirón de orejas, eso sí, a Devir por esta edición en concreto: el Manila de 2005 tenía unas piezas de barco chulísimas, monedas muy pintonas y uno de esos insertos espectaculares que da gloria verlos, mientras que esta edición que nos llega a España viene con materiales de cartón que tampoco son malos, pero palidecen en la comparación, y sobre todo un inserto cutrón de esos de cartón doblado y a correr. Pero, aun teniendo en cuenta esta pega, estamos ante un juego muy sencillo, muy divertido y lo suficientemente original para que no vayas a encontrarte cosas parecidas que merezcan la pena en tu colección.

A ver: los papeles de la chalana.

A ver: los papeles de la chalana.

Te gustará si: te atrae el punto de emoción de los casinos pero quieres un puntito de estrategia adicional.

Lo odiarás si: te irrita que los componentes de un juego cambien a peor entre ediciones.

Juego proporcionado por Generación-X.

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2 Comentarios en Manila: ¡alto a la Guardia Civil!

  1. A mi me ha gustado el juego, y eso que cuando me lo enseñaron jugamos un poco de aquella manera, pero el juego es bastante entretenido.
    Eso sí, miras las barquitas y las moneditas y no me gusta el cambio, aparte 35€ me parece caro para lo que entra.

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  2. Comentó Xavi Garriga por Twitter que el cambio de componentes no es tanto cosa de Devir como de que se apuntaran a la reedición internacional; es decir, que en un principio cualquier Manila nuevo que encuentres, sea en el idioma que sea, va así. Qué se le va a hacer.

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