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Reseña: Orléans

Reiner Stockhausen, 2014 - dlp games 2-4 jugadores, 90-120 minutos

Klemens, nos encontramos de nuevo.

Klemens, nos encontramos de nuevo.

He estado años renegando de los juegos de gestión de recursos: siempre me parecían un ejercicio de sopor, un sudoku a ver quién hace las cuentas mejor y quién se equivoca menos a la hora de sumar puntos de victoria. Resulta que lo que ocurría era, simplemente, que los juegos de gestión que se hacían hasta hace bien poco eran, en su mayoría, refritos aburridos sin ningún interés más que "a ver quién encuentra antes la solución óptima". Pero esta tendencia ha cambiado, y cada vez nos encontramos más a menudo con juegos de gestión que, en lugar de intentar hacerse sentir mejor al que saca ochocientos puntos al haber resuelto mejor el puzle, se plantean hacer que todos los jugadores disfruten de lo que están haciendo durante la partida. Orléans es uno de esos juegos.

Si buscáis análisis de gente que dice saber, os dirán que Orléans es un bag building game. ¿Y qué es eso?, pues ni más ni menos que un Dominion de toda la vida, pero cambiando las cartas por fichitas. Durante el juego, que dura 18 turnos exactos, vas a sacar una cantidad determinada de fichitas de la bolsa, las colocas en distintos espacios de tu tablero individual y luego os turnáis llevando a cabo las acciones de esos espacios, que se resumen en conseguir más fichas, moverte tu muñeco por el tablero para construir casas y recoger mercancías, y sacar puntos directos.

Las fichas que vas adquiriendo se corresponden con diferentes oficios (granjeros, caballeros, monjes y demás), y tienen tres funciones: en primer lugar, cada vez que compras una de esas fichas avanzas en el “track” correspondiente y recibes un beneficio: comprar granjeros te da mercancías; un ingeniero te permite “automatizar” un espacio de tu tablero individual para que te resulte más fácil usarlo; un caballero aumenta el número de fichas que sacas cada turno…, Así, al ir decidiendo comprar un tipo de fichas u otro antes vas definiendo tu estrategia y hacia dónde ir.

Esta vez Klemens lo ha bordado.

En serio, parece que sí pero luego no duele nada.

Luego, esas fichas las irás usando para realizar distintas acciones: cada acción de entre las que tienes disponibles en tu tablero individual requiere una combinación determinada de fichas, así que si quieres, por ejemplo, dedicarte a viajar por el tablero, necesitarás caballeros, mientras que si buscas conseguir monjes (que vienen siendo “fichas comodín) ya puedes ir haciéndote con unos cuantos eruditos antes. Aquí entra un tanto en juego el azar, ya que si no te salen las fichas adecuadas para la acción que quieres hacer no hay vuelta de hoja, pero también se nota cuándo alguien está haciendo buenas elecciones y cuándo se están comprando fichas al tun-tun.

Y por último, puedes deshacerte de fichas que ya no necesites enviándolas a la basura una granja donde van a correr detrás de otras fichas y pasárselo estupendamente. Hay varios de estos vertederos proyectos y, cada vez que envías una ficha a uno de ellos no sólo estás optimizando tu reserva aumentando las posibilidades de que te salgan las realmente útiles cada vez, sino que obtienes una ventaja en forma de puntos de victoria. ¡Todos ganamos!

Aquí mandas tus fichas a morir trabajar por el bien común.

Aquí mandas tus fichas a morir trabajar por el bien común.

Pero, estaréis diciendo, todo esto tampoco es tan distinto de otros tantos juegos, ¿qué es lo que hace que Orléans sea tan especial? Para mí hay tres aspectos fundamentales: en primer lugar que, a pesar de lo complejo que parece al explicarlo, es un juego muy sencillo de jugar: mete la mano en la bolsa, saca fichas, colócalas en el tablero y haz lo que te dice cada espacio. Luego, que se aleja del concepto “ensalada de puntos” teniendo unos objetivos muy claros: quieres mercancías (que obtienes viajando por el tablero o con granjeros), puestos comerciales (una vez más, en el tablero) y fichas de ciudadano (éstas las consigues llegando a determinadas posiciones en los tracks o cerrando proyectos al descartarte de fichas). Esto te centra y hace que seas consciente de que cada cosa que hagas tiene que o bien cumplir uno de esos objetivos o facilitarte las cosas para hacerlo en un próximo turno, alejándote del “buah, da igual, todo da puntazos” de juegos como Die Burgen von Burgund.

Y por último, y esto es algo que siempre busco en un juego de este tipo, terminas la partida mejor que como la empezaste. Y no me refiero a “tengo más puntos de victoria”, sino a que te sientes más competente: has cubierto espacios del tablero con los ingenieros, has construido edificios que te daban capacidades especiales, has refinado tu reserva de fichas y, en definitiva, puedes hacer más cosas y mejor que en los primeros turnos: has trabajado para mejorarte a ti, no simplemente por un sueldo en forma de puntos de victoria. Y es que, ¿quién prefiere ser un asalariado también en su tiempo libre?

Te gustará si: te gusta la sensación de ir mejorando a lo largo de la partida y de competir más contra los demás jugadores que contra los mecanismos del juego.

Lo odiarás si: crees que un juego de gestión de recursos tiene que decidirse mediante cálculos antes de comenzar la partida, y consideras un revés del azar o que otro jugador llegue antes que tú al objetivo que tenías planteado algo inaceptable que rompe el juego.

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2 Comentarios en Reseña: Orléans

  1. Vaya… Yo que iba a pillarme el Hyperborea y ya me haces dudar. ¿Lo has jugado?

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