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Reseña: La liebre y la tortuga

Royal Turtle (Tales & Games: The Hare & the Tortoise). Gun-Hee Kim, 2011 - Piece Craft (IELLO - Devir)

Violencia animal. ¡Qué vergüenza!

Violencia animal. ¡Qué vergüenza!

Lo he dicho ya varias veces y lo seguiré diciendo: un juego para niños no es algo fácil de diseñar. Tienes que tener en cuenta a qué edad lo estás enfocando, cuáles son las competencias e intereses de esos niños y qué problemas te puedes encontrar. Ya comenté con Dino Race cómo muchas veces se cae en la trampa de simplemente hacer un juego simplón, y ahora me alegra poder hablar un ratito de cómo se pueden hacer bien las cosas.

La liebre y la tortuga forma parte de una serie de “cuentojuegos” en la que nos ofrecen el texto de un cuento clásico y un juego ambientado en el mundo de ese cuento, con lo que tenemos un 2×1 de interacción entre padres e hijos muy de agradecer. En la edición de IELLO (que es la que estoy reseñando, comentadme si hay alguna diferencia entre esta y la española) se trata del tercer volumen de la serie, mientras que en la española es el segundo. Supongo que no hay planes de publicar Baba Yaga por aquí, pero al menos podéis disfrutar de Los tres cerditos y, quién sabe, quizá en un futuro también de La cigarra y la hormiga, que acaba de salir en Estados Unidos.

Y si el juego tiene que tener que ver con el cuento, no nos queda otra que echar carreras entre animales, aquí con algunos espontáneos que se unen a la liebre y a la tortuga: una oveja, un zorro y un lobo. Y, cómo no, lo que queremos es que nuestro animal favorito llegue el primero a la meta. Para ello tenemos una serie de cartas en la mano, y en nuestro turno podremos jugar tantas cartas de un mismo animal como queramos pero, en el momento en el que haya jugadas cuatro cartas del mismo animal u ocho cartas en total, la partida se para y cada animal avanza un número de espacios igual a las cartas que se hayan jugado para él. Cuando un animal cruza la meta, se coloca en el primer puesto del podio, y cuando los tres primeros puestos están ocupados, la partida termina.

Así puestos el juego es poco más que una oca con cartas en lugar de dados, y para los más peques está bien así. Sin embargo, y ahí está la chispa y el buen hacer de este juego, conforme los jugadores se hacen mayores podremos irle añadiendo chicha para mantenerlos interesados:

En primer lugar tenemos una especie de roles ocultos: cada jugador tiene dos animales favoritos, uno determinado al azar y otro elegido de entre la primera mano de cartas. La partida se juega del modo normal, con esas dos cartas boca abajo, y al final se suman los puntos conseguidos por los animales secretos de cada uno si alguno de ellos ha quedado entre los tres primeros. A partir de los 5-6 años ya se puede comenzar a jugar con este modo, aunque iremos viendo que cada vez se hacen más pillos a la hora de intentar ocultar qué animales son los suyos para ver si alguien los mueve por ellos.

Y luego tenemos el que podríamos llamar el juego completo, en el que cada animal se mueve de manera distinta: la liebre va muy rápido pero, si va primera, tiene tendencia a echarse siestas; la oveja es el animal más veloz pero tiene que parar de vez en cuando a beber; la tortuga va despacio pero segura; el lobo puede ponerse a aullar y hacer que nadie se mueva en un turno…, este pequeño nivel adicional de dificultad, si bien puede ser demasiado para un niño que aún tiene problemas con sumas y restas, le aporta al juego el reto suficiente para que se enganchen a la hora de probar diferentes estrategias con distintos animales, y puede darle fácilmente un par de años más de vida útil al juego como alternativa a las ocas y parchises de siempre.

Pero luego está el pequeño detalle… Yo no tengo hijos, y La liebre y la tortuga forma parte de mi colección. ¿Por qué? Porque, para adultos, es un chorrijuego genial para 10-20 minutos, sobre todo para cerrar una velada jugona en la que las mentes no están ya para muchos trotes después de los Cavernas y los gin-tonics. Muy rápido de explicar, se adapta muy bien entre 2 y 5 jugadores (aunque es más caótico y divertido cuanta más gente hay metida en el jaleo) y tiene ese punto de emoción y su pizca de faroleo para levantarse de la mesa con un buen sabor de boca, haberse olvidado de las tensiones de juegos anteriores e irse a casa con una sonrisa.

Te gustará si: quieres un juego que poder compartir con tu peque o buscas algo ligero para reírte sin más pretensiones.

Lo odiarás si: no soportas que el azar te chafe un plan perfecto.

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