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Reseña: Galaxy Trucker

Vlaada Chvátil, 2007 - Czech Games Edition (Homoludicus)

Precaución, amigo conductor.

Precaución, amigo conductor.

Hay juegos en los que cada movimiento está planeado al milímetro, sin posibilidad alguna de desviación: puedes saber exactamente qué efectos tendrá a corto, medio y largo plazo cada decisión que tomes. Hay juegos en los que las acciones de otros jugadores o el azar pueden afectarte en mayor o menor medida y obligarte a replantearte estrategias o buscar planes alternativos. Por último, hay juegos que te arrancan los planes de los brazos, los estrellan contra el suelo y te obligan a mirar mientras hacen cosas horribles con ellos. Adivinad a qué tipo pertenece Galaxy Trucker.

Vlaada Chvátil es un tipo cruel. Ahí donde lo veis, con esa carita de empolloncete entrañable y ese aire a osito de peluche que tiene, hay un pecho en el que habita un corazón negro que disfruta con el sufrimiento de inocentes. Y, cuando no tiene inocentes a mano, se mete con los frikis. Pero sabe que el friki es pécaro y al diseñador blandengue no lo admite (hasta, dicen, le da capones), así que decidió tramar un plan:

La caja de Galaxy Trucker es el cebo perfecto: unos dibujos bien monos, unos componentes más majos que las pesetas (los astronautas son probablemente el componente de juego más adorable de la historia) y un reglamento que te lleva, pasito a pasito, enseñándote cada regla de un modo ameno, sencillo y eficaz. Pero…

Empiezas a jugar. Ves el reloj de arena agotarse y buscas, escarbas entre las fichas hasta encontrar justo la que necesitas. Motores de momento no, que aún no estás haciendo la parte de detrás. ¿Cañones? ¿Cuántos llevamos? Pero no hay que olvidar los espacios de carga, que aquí venimos a hacer negocio. Vale, ahora ya puedes poner el motor, pero Julián se ha quedado con el que viste antes y tienes que buscar otra vez. Y esa ficha no encaja. ¡Y Julián le ha dado la vuelta al reloj! ¡La madre que lo…! Venga, no hay miedo, no hay dolor, no hay problema, seguro que se apaña de alguna manera… Y acabas con un churro de nave lleno de conexiones que no llevan a ninguna parte, y a la que le falta un poco de todo lo que hace falta. Pero no pasa nada, para salir del paso ya nos vale.

Fase de construción de Galaxy Trucker (interpretación del artista).

Fase de construción de Galaxy Trucker (interpretación del artista).

Ahora toca la fase de viaje. Se barajan bien las cartas de evento (quizás deberías haberle echado un ojo a alguna de ellas, piensas ahora) y a ver qué pasa. Venga, la primera en la frente: asteroide que se lleva justo la pieza que sujetaba todo el flanco derecho. Y luego vienen unos piratas, a los que habrías podido hacer frente tranquilamente… Con los cañones que te acaba de reventar el asteroide. Y claro, éstos te destrozan el espacio de carga, con lo que estos planetas no es que te sean de gran ayuda, y… ¿Más asteroides? ¡Pero qué coj…!

Bueno, tranquilo. Hemos llegado a la meta y, tras pagar la multa por dejar el espacio perdido de chatarra, aún nos quedan un par de cosmopavos. Vamos a la siguiente, esta vez con una nave más grande, pero con más peligros. Y otra más. Y cuando terminas, sudando y al borde de las lágrimas, ves que hay unas cartas para hacer el viaje más difícil y que no has utilizado. Y naves con diseños más complejos. Y expansiones con alienígenas y locos que te plantan bombas en mitad de la nave. Y ya no puedes más y estallas:

Te echas a reír.

No es una risa de “jiji, qué gracioso este chiste”. Es una risa catárquica que te sale de muy dentro, porque acabas de comprender que da todo igual, que estabas perdido desde el principio y que la gracia no está en llegar sano y salvo, sino de reírte de los tropezones que das durante el camino. Ya lo dicen las condiciones de victoria: si terminas la partida con algún punto, has ganado. Al fin y al cabo, empezaste sin ninguno.

Si queréis experimentar qué se siente abandonándose por completo al azar, construyendo tu castillo de arena sólo para ver de qué manera te lo destrozará esta vez el malote de la playa, riéndote de tus desgracias y un poquito también de las de los demás, Galaxy Trucker es una experiencia que debes vivir. Y si no, déjate llevar aunque sea una sola vez, para ver qué se siente y preguntarte si no te estarás perdiendo algo entre tanto cálculo y tanto orden.

Lo mejor: la combinación entre la tensión frenética de la fase de construcción y el nihilismo de la de viaje crean algo único muy difícil de conseguir en ningún otro juego.

Lo peor: si te frustras con facilidad este juego es tu peor enemigo.

Compra Galaxy Trucker en Generación-X.

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