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Reseña: Castles of Mad King Ludwig

Ted Alspach, 2014 - Bezier Games, Inc.

¿Es un juego? ¿Es un fondo de escritorio?

¿Es un juego? ¿Es un fondo de escritorio?

Diría que tengo una relación amor-odio con Ted Alspach, pero no sería del todo cierto: en realidad, Ted Alspach me encanta como diseñador y desarrollador de juegos, y tanto sus adaptaciones como One Night Ultimate Werewolf o Mutant Meeples como sus diseños originales como Suburbia me parecen excelentes, pero la política de precios de Bezier Games ya me escuece un poquito más. Por suerte, entre mis pingües ingresos como profesor de academia y el chorreo de euros que obtengo como bloguero pude darme el lujazo y llevarme a casa esta caja que sí, parecía demasiado ligera, pero en aquel momento de euforia lo atribuí a la alegría e ilusión por ser poseedor del juego que más interés me había despertado de la última Feria de Essen. Con la edad que tengo y lo tonto que puedo llegar a ser a veces.

Luego llega uno a casa, arranca el envoltorio y ve que ni ilusión ni gaitas: unas cuantas planchas de cartón delgadito, cuatro discos de madera y un castillito (muy chulo, eso sí) para marcar al jugador inicial y gracias. Podéis imaginar la cara de chasco y cabreo que se me puso. Que el espacio en estante está muy cotizado, y no estamos para desperdiciarlo con aire. En fin, más le vale al juego ser bueno, señor Alspach, porque no le gustaría verme enfadado.

Y el juego es bueno.

Muy bueno.

Te odio, Ted.

En Castles of Mad King Ludwig somos constructores de castillos para, sorpresa, el Rey Loco Luis II de Baviera, que ya era un auténtico fanboy de Disney con un siglo de antelación y le dio por llenar Baviera de palacios de cuento de hadas, pero la verdad es que el juego también podría haberse llamado Suburbia 2: Electric Bugaloo, porque estamos ante una reimplementación de este juego en el que se ha simplificado la parte de gestión y se ha añadido un par de chispitas de visión espacial y teoría de juegos.

El juego se desarrolla en varias rondas. En cada ronda se desvela un número determinado de losetas que pueden representar torres, estancias, zonas de jardín, mazmorras o pasillos y un jugador, al que se le da el título de maestro constructor, ordena esas losetas asignándole un precio a cada una de ellas. Después, el resto de jugadores puede o bien comprar una de esas losetas, pagándole al maestro constructor el precio indicado, o pasar y recibir 5.000 dólares euros créditos dineros. El maestro constructor es el último en elegir y, si compra una loseta, se la paga a la banca. Cuando el mazo de losetas se ha terminado, acaba el juego y el jugador con más puntazos de victoria habrá ganado.

Para entrar a vivir, todo exterior, con mucha luz.

Para entrar a vivir, todo exterior, con mucha luz.

¿Y dónde está la chicha del juego? ¿Por qué elegir una loseta y no otra? Bueno, en primer lugar, cada una de ellas te da una cantidad fija de puntos de victoria, más una variable dependiendo de las estancias que tenga alrededor (no es buena idea, por ejemplo, situar el dormitorio principal junto a la bolera). Además, “cerrar” una estancia haciendo que todas sus puertas conecten con otra loseta te da una bonificación adicional dependiendo del tipo de estancia, desde dinero o puntos de victoria a turnos extra. Por último, al final de la partida se puntuarán unas metas públicas que indican el capricho del Rey Luis en ese momento (castillos más amplios, con más habitaciones redondas, con más dormitorios, etcétera), así como las cartas de meta secreta de cada jugador (se empieza con dos y se pueden obtener más cerrando un tipo concreto de estancia).

En este último punto, las cartas de meta secreta, está una de sus principales cualidades y, para los jugadores más duros y amantes del control absoluto, su punto flaco. Hay quien argumenta que, si te toca una carta de meta por losetas que no salen o que otros jugadores cogen antes que tú, los puntos que vas a obtener a cambio van a ser menos. Mi respuesta a eso es clara: haber estudiao. Precisamente si estas cartas son secretas y aleatorias, y si en una partida no se ven todas las losetas del juego, es para añadirle un nivel adicional de decisión. Puedes jugar a asegurar puntos con las metas públicas o los puntos fijos, o puedes pelear por las metas secretas y arriesgarte, pero también tienes que tener siempre en cuenta qué losetas parecen estar acumulando los demás jugadores para poder beneficiarte al máximo de su codicia. ¿Que un jugador está acumulando losetas circulares? Pónselas a un precio que te beneficie cuando te toque ser maestro constructor, o cómpralas antes de que le toque a él. ¿Que cada uno está enfrascado en sus metas personales? Ve a por las públicas e hínchate a puntos. Si hay algo que te ofrece Castles of Mad King Ludwig son opciones, y más teniendo en cuenta que estamos hablando de un juego de poco más de una hora de duración y muy sencillo de explicar, perfecto como “juego de fase 2” para alguien que ya ha probado los clásicos como Catán o ¡Aventureros al tren! y busca algo un poco más complejo.

Castles of Mad King Ludwig es un juego que te va a encantar si te gustó Suburbia pero te parecía que tenía demasiado jaleo a la hora de hacer ajustes y cuentas; un juego con muchas posibilidades y estrategias disponibles, pero sin complicaciones innecesarias. Y, además, al final siempre tienes la sensación de haber construido algo merecedor de foto que colgar en Instagram, lo que siempre es un plus.

Lo mejor: una gran evolución de Suburbia que consigue un juego más completo y, a la vez, más sencillo.

Lo peor: para el precio que tiene, los componentes son pocos y las losetas muy delgadas.

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4 Comentarios en Reseña: Castles of Mad King Ludwig

  1. Otra vez muy bien, ya ni me sorprende elogiar tus reseñas

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  2. Pues me pinta genial, a ver si tengo ocasión de probarlo

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  3. Betote, cómo va el tema de la dependencia del idioma? Yo soy profe de inglés, pero juego con peña que no es tan versada en esto del inglés!

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