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Reseña: Panamax

Gil d'Orey, Nuno Bizarro Sentieiro y Paulo Soledade, 2014 - MESAboardgames

¡Mamá, de mayor quiero ser encargado de logística!

¡Mamá, de mayor quiero ser encargado de logística!

¿Soñabas de niño con transportar mercancías y pasajeros en barco a través de las esclusas del Canal de Panamá? Yo tampoco, pero es lo que hay.

Panamax ha sido un juego muy esperado: conmemorando los 100 años de la apertura del Canal de Panamá, la gente de MESAboardgames decidió crear un juego que reflejara lo más fielmente posible la emoción, aventura y suspense que sienten los más aguerridos capitanes de barco mientras esperan que se abran y cierren las esclusas del canal, supongo que pensando que había ahí un mercado de panamaliers en la sombra esperando a que alguien se acordase de ellos. Una cosa sí que tenían clara: alguien que tiene pósteres en su habitación de las esclusas de Miraflores, a la hora de elegir un juego de mesa, va a querer un euro con gestión económica a tope, y eso es exactamente lo que nos están ofreciendo ahora.

Cuando jugamos a Panamax nos llegan sensaciones que nos recuerdan a 1830, a Puerto Rico y, sobre todo, a esperar en la cola de la pescadería del mercado. Al abrir la caja os encontraréis con un montonazo de dados, pero no os emocionéis, que son dados falsos: los blancos se tiran una vez al principio de la ronda para determinar las acciones disponibles, y los de colorines se ponen con una cara u otra para representar mercancía de distintos valores. Si veis también una figurita de un orco guardadla por ahí, que es de otro juego.

Al comienzo de cada una de las tres rondas que componen el juego uno de los jugadores, preferentemente el que tenga las manos más grandes, tira todos los dados blancos y los coloca en la tabla de acciones en orden. Luego, en orden y sin apelotonarse, cada jugador en su turno coge uno de esos dados y realiza la acción indicada en el espacio donde estuviera, que puede ser cargar mercancía o mover barcos. La gracia del juego está en que la mercancía la puedes cargar en cualquier barco (no sólo los tuyos), y en que al mover un barco puedes acabar empujando barcos de otros jugadores. Cuando un barco llega al extremo del canal, la compañía que ha cargado la mercancía recibe beneficios y el propietario del barco roba una carta dependiendo del tamaño de ese barco. Cuando se han acabado los dados, las compañías pagan costes, reparten beneficios a los jugadores que tengan acciones en ellas y se prepara la ronda siguiente. Al final de la partida, el jugador (no la compañía) con más dinero es el que gana.

¿Ves todos esos numeritos y símbolos medio escondido? Pues como te pierdas uno, estás vendido.

¿Ves todos esos numeritos y símbolos medio escondido? Pues como te pierdas uno, estás vendido.

¿Y ya está? Ni de coña, pero si me pongo a explicar cada detalle, cada excepción y cada bono escondido no acabamos. Y esa es precisamente la mayor cualidad de Panamax y, al mismo tiempo, el motivo por el que no va a ser un juego que añada a mi colección: la clave para jugar bien a Panamax es tener en cuenta todos los detallitos, excepciones y casos especiales que se presentan, como cuándo conviene embarcar mercancía, pasajeros o poner en movimiento un barco militar, qué carta de beneficio ofrece más posibilidades, en qué momento resulta más ventajoso conseguir qué ficha de favor… Todos esos elementos me dan la sensación de, a pesar de tratarse de un juego con muchísima interacción (vas a estar moviendo barcos ajenos y cargando mercancía en ellos gran parte de la partida), estarme enfrentando a un puzle lógico, y tengo que reconocer que en parte esa frustración venía dada por unas esperanzas no satisfechas.

Porque el gancho inicial que ofrece Panamax es el de que los jugadores controlan compañías, pero lo que quieren no es tanto que la compañía progrese como conseguir ellos beneficios como accionistas. Esto promete mucho y varios de mis juegos favoritos como 1830, SpeculationAirlines Europe se basan en la misma premisa, pero a la hora de la verdad el “mercado” de acciones se resume a “a ver cuántas acciones puedo comprar en mi compañía y a qué precio puedo tenerlas sin que haya que pedir un préstamo” y carece de la mala leche característica de esos juegos en forma de luchas por el control de las compañías o incluso bajar el valor de las acciones para fastidiar a otro. Yo quería hacer el mal más de lo que el juego me dejaba, y mi demonio interior se ha rebelado contra ello.

Si te gustan los euros duros que mezclan logística y gestión económica en el que no puedes pintar con trazo grueso sino que tienes que calcular al milímetro cada detalle de cada acción que tomas, Panamax va a proporcionarte unos dolores de cabeza muy satisfactorios. Si buscas una manera ligera de pasar la tarde o un mercado de acciones trepidante, en cambio, seguro que encuentras otra opción más adecuada en la misma estantería.

Lo mejor: un euro duro de los de tener mil cosas en cuenta a la vez, perfecto si te gusta sentir el humo saliendo por las orejas mientras se te quema el cerebro.

Lo peor: el mercado de acciones está desaprovechado, siendo tan sólo un elemento de gestión más.

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1 Comentario en Reseña: Panamax

  1. Gracias por la reseña.
    Justo ayer lo probé. Disfruté, pero me dejó un regusto amargo. Hay demasiados detalles innecesarios. Yo no distinguiría entre jugador y compañía y desde luego, reharía la regla “todo o nada” de pago de dividendos. Además la iconografía es innecesariamente confusa.
    No se… me da la impresión de que le han faltado un par de rondas de prueba antes de ser editado.

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