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Reseña: Coconuts

Walter Schneider, 2013 - Korea Boardgames co., Ltd

Un mono con un palo largo subido a una nube... Me suena, y no sé de qué.

Un mono con un palo largo subido a una nube... Me suena, y no sé de qué.

Lo mejor de ser adulto es que puedes decidir qué es lo que significa ser adulto, y si te da la gana decir que es usar monos-catapulta para intentar colar cocos de goma en cestas amarillas y rojas, ¿quién es nadie para llevarte la contraria?

Antes que Candy Crush, que el Buscaminas de Windows, antes incluso que la Serpiente de Nokia, teníamos el juego, programado en BASIC, de los monos y los plátanos, en el que a base de introducir datos de ángulo de tiro, fuerza, calculando la dirección y velocidad del viento y la atracción gravitatoria, hacíamos unas parábolas preciosas con nuestros plátanos explosivos, todo por tratar de acertarle al mono del oponente. Y qué sensación de victoria cuando lo lograbas y te sentías el Señor Absoluto de las Leyes de la Física. Años después ese juego evolucionó y nos encontramos con Worms, un poco menos duro a la hora de hacer cálculos pero igualmente divertido. Tiempo después, ese concepto nos llevó a Angry Birds, y la cosa se nos fue de las manos por completo.

Jugando con el mismo concepto, pero intentando que nos miremos unos a otros en lugar de a la pantalla del móvil, tenemos Coconuts, un juego que funambulea por la delgada línea entre el juego y el juguete, sin red ni nada Ya os digo que, por mucho que me empeñe en describir este juego y contar por qué es tan divertido, hasta que no hayáis metido vuestro primer coco (y no, no es ninguna metáfora, que nos conocemos ya) no vais a entender a qué viene tanto alboroto. Lo difícil a partir de ese momento, por otro lado, va a ser separaros de los monetes de las narices.

Sonríe porque sabe lo que te espera.

Sonríe porque sabe lo que te espera.

¿Qué es lo que hacemos en Coconuts? Poner en el centro de la mesa un montón de vasos de plástico, coger cada uno de nosotros un mono-catapulta y ocho cocos de goma y turnarnos para intentar colar un coco en un vaso, que pondremos delante de nosotros cuando lo consigamos. El primero que consiga seis vasos, o el que tenga más cocos en vasos de su propiedad cuando no quede ninguno suelto, es el ganador.

Y, ¿por qué es eso tan divertido entre adultos? Porque, mientras estás intentando aplicar el ángulo y la fuerza precisos a tu mono-catapulta sonriente, cuando te agachas y miras debajo de la mesa buscando el coco que ha rebotado fuera, cuando amenazas al de enfrente porque parece que está apuntando a tus cestas para quitártelas, eres libre. El haber firmado ese pacto no escrito con otros tres adultos que dice que vais a portaros como críos durante veinte minutos y no va a pasar nada, no va a haber juicios ni valoraciones más allá del improperio de fingida indignación cuando ese tiro que creías perfecto rebota y sale de la cesta y del breve momento de pánico cuando creéis haber perdido un coco (la caja viene con cocos de sobra no por precaución, sino por la seguridad de que alguno va a perderse por el camino), todo ello crea una nube de puro epicureísmo que creíamos que habíamos abandonado y que no echamos de menos hasta que nos dimos cuenta de que lo que había más allá tampoco nos compensaba tanto. Y por eso cuando la partida acaba quieres echar otra inmediatamente después, fingiendo que es por revancha o porque quieres probar una táctica nueva, pero sabiendo que es por prolongar esa sensación unos minutos más. Ya tendrás tiempo para pensar, calcular y gestionar recursos más adelante, ya habrá un momento para sumergirte en épicas narrativas: ahora lo que quieres es, simplemente, divertirte.

Batallas épicas a mí.

Batallas épicas a mí.

El juego incluye unas cartas de acción de las que cada jugador roba dos al principio de la partida y puede usar en cualquier momento para tirar dos veces seguidas, soplar cuando otro jugador tire, taparle los ojos a alguien u obligarlo a tirar desde más lejos, y puedes usarlas si quieres darle un punto más estratégico o para convenceros de que no estáis participando en un pasatiempo infantil, pero en mi experiencia es más divertido sencillamente relajarse y disfrutar de las carambolas, los fallos y los esporádicos tiros perfectos que da el juego básico.

Coconuts, en definitiva, es un juego infantil, sí, pero también es un juego que nos va a convertir de nuevo en niños, y ese tipo de magia es algo que cada vez nos hace más falta.

Lo mejor: diez minutos de infancia, prorrogables, metidos en una caja.

Lo peor: hasta que les pilles el truco a los monos-catapulta, vas a pasar más tiempo buscando cocos perdidos que jugando.

 

 

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6 Comentarios en Reseña: Coconuts

  1. No lo he probado, pero me tenéis el hype por las nubes!

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  2. Pepino indiscutible. Pero indiscutible. Digno de estar en every Toys ‘r us y similares.

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  3. Llevo una temporada buscándolo y no hay manera. En cuanto aparece en alguna tienda y busco completar el pedido para tener los gastos de envío gratuitos, desaparece!!!

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  4. Supongo que con chupitos el juego mejora una barbaridad XD

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  5. Con chupitos, es épico.

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  6. Precisamente quería preguntar lo de los chupitos..supongo que para mejor preservación habrá que plastificar el”tablero”..XD

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