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Reseña: Un día en el mercado

Frischfisch. Friedemann Friesse, 2014 - 2F-Spiele (EDGE Entertainment)

Frischfisch

Sardiiiinas frescuuueeees

Ya está aquí el hombre mágico que viene de tierras del Norte repartiendo ilusión con su... ¿pelo verde? Sí, niñas y niños, ya tenemos en las estanterías de nuestra tienda amiga el nuevo juego de Friedemann Friesse, el autor de Alta Tensión y de... bueno, más cosas habrá hecho, todas verdes ellas, eso sí, que la imagen de marca es lo primero aunque nos destrocemos las raíces por el camino. Que a lo mejor os parece algo menor pero, para todos los que hemos sufrido la tortura de los tintes de pelo en nuestras carnes, este tío es un héroe. Sigue buscando ese arco iris, Friedemann: respect.

La palabra con F que ha encontrado este año nuestro amigo es Frischfisch, que viene significando Pescado Fresco y que se ha traducido de aquella manera supongo que porque, ya que perdemos la tontería de que empiece con F, de perdidos al río y le plantamos un título de película de cine independiente francés a ver si cae algo por ahí. Una vez encontrada la palabra, buscamos una mecánica principal. Esto es algo importantísimo en un juego, ya que corremos el peligro de repetirnos y…

Subastas.

¿Qué dices, Friedemann?

Subastas.

¿Estás seguro? Mira que ya has hecho unos cuantos juegos de subastas y la gente va a comparar…

Subastas.

Bueno, está bien. Es tu juego y tu editorial, al fin y al cabo.

Subastas.

Sigh…

Pues eso, que es un juego de subastas, y no le preguntéis más, que tiene muy mal genio cuando se le lleva la contraria. Aquí por lo que se puja es por tener los puestos más cercanos a los camiones de reparto, y para ello iremos primero reservando espacios en el tablero y, cuando nos dé por ahí, sacamos una loseta. Si la loseta está vacía, cambiamos uno de los espacios que teníamos reservados por una mesa de mercadillo neutral que sólo sirve para estorbar y, si en la loseta aparece el símbolo de una de las cuatro mercancías a la venta en el mercado (que vende únicamente pescado, refrescos, helados y galletas, lo que hace temer por la salud de los habitantes de ese pueblo), se hace una subasta a puño cerrado y el que más haya pujado pone el puesto en uno de los espacios que había reservado previamente. Cuando todo el mundo haya colocado sus cuatro puestos, se cuenta la distancia entre éstos y sus respectivos camiones, se resta el dinero que tenga uno aún en mano y el resultado más bajo es el del ganador.

¡Lo tengo fresco, señora!

¡Lo tengo fresco, señora!

La “chicha” del juego y lo que le da el puntillo especial es que el tablero está dividido en zonas y esas con un límite de 1 ó 2 construcciones así que, una vez ya se haya colocado ese número de puestos o mesas, el resto de espacios queda inutilizado y si alguien tenía un espacio reservado allí, mala suerte. Sí, ganar una subasta es muy útil porque te asegura un buen espacio, pero conseguir cerrar a base de mesas las zonas que los oponentes necesitan y, si hay un poquito de suerte, bloquearles para que tengan que dar rodeos y pillar más puntos (que, recordemos, son malos) puede ser igual de ventajoso o más, aparte de conseguir unas cuantas miradas de odio de tus amigos, lo que siempre viene bien.

Por otra parte, tampoco os esperéis un juego de posicionamiento lleno de tensión y decisiones estratégicas como Go o Samurai, que las losetas de mesas y las de puestos se barajan y van saliendo al azar, y puede ser perfectamente que tengas que pujar por un puesto cuando ninguno de los espacios que tienes reservados en el tablero te viene bien o que tengas que renunciar a una posición buenísima porque ha salido una loseta de mesa en el momento menos adecuado. Por otra parte, el juego viene con varios tableros que puedes colocar de distintas formas, incluso con doble cara para jugar a la primera (y más sosa) versión del juego, pero tampoco te creas que es algo que vaya a aguantar muchas partidas seguidas antes de hacerse repetitivo.

Si tus amigos ya tienen Catán y ¡Aventureros al Tren! y quieres que cuando sean ellos los que vayan a tu casa la partida de después de cenar sea a algo que no tengan, Un día en el mercado es un juego sencillo, con el azar y la interacción suficientes para pasar un buen rato mientras os tomáis los cafés, pero ten preparada alguna otra cosa para alternar, porque el sábado que viene probablemente les apetezca algo distinto.

Subastas.

Que sí, Friedemann, que sí.

Lo mejor: la posibilidad de bloquear a los demás jugadores con las mesas neutrales le añade un puntito de maldad muy entretenido a lo que es un juego bastante simplote.

Lo peor: no ofrece demasiada variedad entre una partida y otra, y los primeros movimientos son un poco automáticos.

Compra Un día en el mercado en Generación-X.

 

 

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5 Comentarios en Reseña: Un día en el mercado

  1. Entre este y las primeras chispas?

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  2. El primeras chispas tampoco. ¿Muy parecido al Alta tensión o no? Subastas.

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    • Hombre, son juegos de subastas con bloqueo de rutas en tablero… Un día en el mercado es a Alta Tensión lo que Un imperio en 8 minutos es a El Grande.

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  3. ese no era el q yo qría

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