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Reseña: Munchkin

Steve Jackson, 2001 - Steve Jackson Games (EDGE Entertainment)

¿Pueden tantas moscas estar equivocadas?

¿Pueden tantas moscas personas estar equivocadas?

Pocos juegos de mesa modernos tienen peor fama en el mundillo que Munchkin, y si sale el nombre en una conversación, siempre habrá alguien dispuesto a contar su historia de terror de partidas interminables o jugadas sin sentido. Por otro lado, estamos hablando de una franquicia de más de diez años que nunca ha dejado de producir expansiones, spin-offs y demás, llegando al punto de anunciar versiones de otros juegos como Love Letter o Castle Panic adaptadas al estilo Munchkin. ¿Cómo puede ser que un juego tan universalmente vilipendiado sea también un rotundo éxito de ventas?

Decir que Munchkin es un juego de ambientación fantástica no sería del todo cierto: la ambientación del juego no es un mundo de fantasía, sino una partida de rol en un mundo de fantasía. En Munchkin los jugadores interpretan a jugadores de rol de la peor calaña, de esos que sólo se preocupan por matar la mayor cantidad de monstruos, conseguir el mejor equipo mágico y subir de nivel antes que nadie. Para ello van explorando una mazmorra consistente en un mazo de cartas lleno de monstruos, maldiciones y eventos varios, luchando contra enemigos para conseguir tesoro y experiencia. ¿Y qué pasa si no puedes vencer tú solo al monstruo de turno? Necesitarás ayuda, claro, pero tus compañeros son tan rastreros como tú y lo más seguro es que tengas que sobornarlos o, tal vez, amenazarlos para conseguir que arrimen el hombro. Al final, el que mejor haya sabido aprovecharse de los momentos de debilidad ajena y haya tenido más suerte será coronado como rey de los munchkins y acompañará a Dorothy por el camino de baldosas amarillas.

En primer lugar, tenemos que tener en cuenta la audiencia para la que está destinado el juego. Munchkin no está pensado para las mesas de los jugadores de Puerto Rico o Die Burgen von Burgund, sino para que los grupos de jugadores de rol se entretengan mientras esperan a que llegue todo el mundo y puedan empezar su partida de Dungeons & Dragons o La Llamada de Cthulhu. ¿Todas esas quejas sobre las partidas que no se acaban nunca? Vienen del hecho de que Munchkin no es un juego pensado para jugarse hasta el final, sino para ponerse hasta que haya llegado todo el mundo y, entonces, levantar el campamento. El que tenga más nivel entonces habrá ganado, pero eso importa poco porque ya estamos con las hojas de personaje delante y el máster nos está contando qué hacen los orcos acampados a los que nos quedamos acechando la semana pasada.

Como el final del juego importa poco, entonces los mecanismos de éste no tienen por qué estar diseñados para conseguir un juego elegante o justo, sino para que se disfrute del camino. ¿Y cómo haces disfrutar a un grupo de jugadores de rol? Con una sana mezcla de chistes malos y Schadenfreude, por supuesto. Pocas cosas más divertidas que abrir una puerta y que te salte un pato maldito a la cabeza con el que tengas que recorrer el resto de la mazmorra mientras el compañero de al lado se ha encontrado un yelmo épico tras masacrar a un pobre trasgo cojo. Si esta frase te ha parecido una soberana estupidez (y muy probablemente estés en lo cierto), entonces Munchkin no te va a volver precisamente loco.

Vale, puede que se les haya ido la mano con el merchandising.

Pero pongamos que, sin ser tú nada de eso, tu cuñado te ha regalado con toda la buena intención del mundo este juego, porque te gustan las cosas esas de frikis y tal, y no es cosa de tirarlo, que la vida está muy cara. ¿Cómo sacas algo potable de este producto que, claramente, no es para ti?

Si quieres jugar a Munchkin como parte de tu velada de juegos de mesa tienes ante ti una tarea compleja pero no imposible. Lo primero que tienes que hacer es seleccionar tus compañeros de viaje: busca en las mesas en las que están jugando a Spartacus o Cosmic Encounter, gente que no tenga miedo a dejar salir lo peor de sí mismos en una partida, a apuñalar, amenazar, sobornar y chantajear, a romper tratos como el que come pipas y, sobre todo, al que es capaz de reírse a carcajada limpia cuando su plan maestro se viene abajo porque el resto de la mesa se ha aliado contra él; procura no meter demasiadas expansiones (una o dos como máximo, si acaso) que diluyan las interacciones entre cartas (un +2 contra narices gigantes no tiene sentido si no vais a encontrar ninguna nariz gigante) y, por último, acordad algún modo de ponerle un límite concreto a la partida, ya sea acortando los mazos y decidiendo que, cuando se llegue al final del mazo, se acaba la partida donde esté, o poniéndole un límite de tiempo (45-60 minutos está bastante bien), mejor incluso si lo haces poniendo una alarma en el móvil y olvidándolo boca abajo, para que venga de sorpresa y evitar el fenómeno de carga berserker cuando se vea que se va a terminar la cosa.

¿Pueden estos consejos hacer que Munchkin sea tu nuevo juego favorito? Difícilmente, ya que hay otros juegos mejores en el género de negociación y puñaladas traperas, pero en el grupo y con la mentalidad adecuadas, puede ser una experiencia muy entretenida, que no es tan fiero el león como lo pintan. Y si aun así no te convence como juego, siempre te quedarán las ilustraciones de John Kovalic. Al fin y al cabo, podría ser peor.

Lo mejor: las ilustraciones son puro Kovalic y ayudan a meterse en ambiente.

Lo peor: en ocasiones por puro azar te puedes quedar atascado mientras otros avanzan.

 

 

6 Comentarios en Reseña: Munchkin

  1. Buena reseña para un mal juego xD

    Y a mí me encanta el Spartacus y el Cosmic Encounter pero un servidor tiene un límite a lo cual puede soportar respecto al refinamiento de mecánicas…

    Por supuesto la gente puede disfrutar de jugar al Munchkin, pero yo creo que en la mayoria de casos es más por jugar, el ambiente y compañeros que por el juego en si.

    Pd: estás cogiendo un buen nivel como reseñador, pero supongo que ya sabrás que tus críticas van dirigidas a un público jugón, ¿no?

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  2. Bueno, me gusta pensar que escribo las reseñas que me gustaría leer. Si a alguien más le valen, yo tan feliz 🙂

    Gracias por el comentario 😉

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  3. Como se dice aqui, mis amigos ex-roleros y yo nos lo pasamos teta con este juego, si no le pides mas de lo que da, que es pasar un rato de risas!

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  4. Yo me he inflado a echar partidas al Munchkin con mis amigos menos jugones, porque es el típico juego que puedes sacar para echarlo con unas cervezas y unas patatas. Sin embargo, el legalista que llevo dentro se estresa mucho cuando la ausencia de ciertas reglas o, más bien, la existencia de reglas contradictorias, empiezan a hacer su aparición, hasta tal punto que lo puse durante un tiempo en la lista negra 😛

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  5. Ese es el tema: si lo enfrentas como un juego, es decir, como algo con unas reglas que seguir y explotar para conseguir la victoria, seguramente acabes odiándolo. Como excusa para pasar un rato de risas con los amigos, ahí es cuando brilla.

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  6. Yo lo tuve durante muchos años, el juego basico y tres expansiones, pero al final lo cambie en una mathtrade de “La BSK”. No era un juego que pudiera sacar a la mesa con mi grupo de juego habitual pero si que tiene su espacio en jornadas o quedadas lúdicas, sobretodo con gente que se esta iniciando en los juegos de mesa y que ven que el juego les gusta y es fácil aprender a jugar. Luego ya descubrirán por su cuenta el maravilloso mundo de los ameritrash y eurogames xD

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