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Reseña: Word on the Street

Jack Degnan, 2009 – Out of the Box Publishing

Cuando pensamos en juegos de formar palabras, inmediatamente nos vamos a Scrabble y no salimos de ahí. Tengo que confesar que es un juego que aborrezco, tanto en su forma física como en el jueguecito de móvil, por el enorme componente de azar y cómo, en realidad, se basa en conocer palabras raras con dos o tres letras. Por otro lado, siempre estoy buscando nuevos juegos que usar en clase (en mi otra vida soy profesor de inglés, por si a alguien le interesa), tanto porque suelen ser una herramienta educativa muy útil si se usa bien como porque me permiten cobrar por jugar, lo cual no está tampoco nada mal.

La portada no es espectacular, pero cumple.

La pega para esto es que, en España, los juegos sociales están muy mal tratados, y no salimos del Party & Co. o del Trivial Pursuit. No sólo eso, sino que en los pocos casos en los que se publica en español un juego social medianamente bueno, se hace de una manera que da vergüenza ajena, como lo que ocurrió en navidades de 2013 cuando se transformó el impresionante Wits & Wagers, uno de los juegos más divertidos que hay en el mercado internacional, en el abominable Las Vegas Quiz (consejo de amigo: no compréis Las Vegas Quiz. Nunca. Si tenéis la opción de comprar esa chapuza en caja o tirar el dinero por el retrete, la segunda opción es mucho mejor como inversión). Así que toca buscar fuera. Y buscando, encontré este juego. No estaba mal de precio, así que pensé que, qué demonios, si al final el juego está mal, siempre puedo usar las letras o las tarjetas de categorías para improvisar algo. Un par de días después el amable mensajero tocó mi timbre, saqué el contenido y fui directo a la academia con el juego aún sin desprecintar.

Ya en clase, ante la expectante mirada de los chavales, quito el plástico, saco el tablero y las fichas de letras y leo las reglas mientras ellos se entretienen colocándolo todo. Ese minuto y medio fue todo lo que necesité para asimilar el reglamento, así que dividimos la clase en dos grupos y nos pusimos a jugar.

¿Cómo se juega a Word on the Street? Los jugadores se dividen en dos equipos, cada uno a un lado del tablero y, por turnos, sacan tarjetas con categorías. Una vez se lee la tarjeta, el equipo activo tiene treinta segundos para pensar una palabra que se ajuste a esa categoría, y mueve las fichas de las letras que haya usado un espacio hacia su lado del tablero por cada vez que las hayan utilizado: por ejemplo, si la palabra que eligen es “banana”, mueven la b un espacio y la n, dos. Cuando una letra sale del tablero por un lado, cuenta como punto para ese equipo y ya no se puede volver a mover. El primer equipo en conseguir ocho puntos es el ganador.

Espera un momento… Esto no es Montecarlo. ¡Da la vuelta, Pepe!

En un principio no parece tener mucha miga, ya que las categorías tampoco son tan complicadas y treinta segundos es bastante tiempo pero, conforme el juego avanza, ves cómo va interesando encontrar una letra u otra en función de lo cerca que estén de cada lado del tablero, buscando ser el primero en sacar las letras más comunes o en “salvar” una que esté casi en el borde contrario. Además de eso, cuando se empiezan a eliminar letras el juego se vuelve más complicado, ya que muchas veces una respuesta obvia te puede proporcionar muy poco o ningún beneficio, y es entonces cuando empiezas a intentar buscar dobles sentidos o interpretaciones creativas de las categorías para justificar una palabra que utilice la w antes de que el equipo contrario la puntúe.

Word on the Street puede no ser un juego de gran profundidad estratégica y quizá haya otros con mayor contenido didáctico, pero como juego social es uno de los que más éxito pueden tener a la hora de reunir a un grupo heterogéneo de gente en torno a un tablero y provocar piques y risas a partes iguales. El juego por equipos es algo que siempre ayuda a que todo el mundo se sienta involucrado, y los puntos de decisión sobre qué letras conviene usar en cada momento o cómo interpretar cada categoría según convenga hacen que no siempre el “diccionario con patas” sea el que se lleve el gato al agua y que la experiencia sea lo suficientemente divertida como para que, días o semanas después, te sigan pidiendo jugar al juego de la carretera.

Lo mejor: una demostración de que los juegos sociales pueden innovar y no anquilosarse en el “contestar preguntas” o “adivinar la palabra que tiene el compañero”.

Lo peor: aunque la caja dice que se puede jugar con dos jugadores, si no hay al menos dos personas por cada equipo se puede hacer monótono.

<span title=”data-mc-score=&quot;8&quot; data-mc-bgg=&quot;40990&quot; data-mc-description=&quot;El juego que ha reemplazado Scrabble en mi corazoncito: no cuenta tanto tener un vocabulario muy extenso como encontrar la palabra justa tal y como está el tablero.&quot;”> </span>

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