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Reseña: Steam Park

Lorenzo Silva, Lorenzo Tucci Sorrentino y Aurélien Buonfino, 2013 – Cranio Creations

Vaya por delante el disclaimer: me encantan los juegos familiares, esos que puedes explicar en un par de minutos y no te obligan a leer artículos de estrategia para aprender a jugar bien. Dicho esto, también tengo la impresión de que es un tipo de juegos en el que los diseñadores no suelen dar lo mejor de sí, y los últimos títulos que han salido, como Kingdom Builder o Takenoko, no los veo ofreciendo nada nuevo. Ni siquiera el último juego de Days of Wonder, que suele (solía) ser sinónimo de bombazo, me ha hecho especial ilusión. Pero hete aquí que me entero de que ha salido un juego sobre crear y dirigir un parque de atracciones para robots a base de tiradas de dados. Y claro, uno no es de piedra…

Parques de atracciones. Para robots. El resto de la reseña sobra.

Lo primero que llama la atención en Steam Park es lo bonito que es todo, y es que la labor de la ilustradora Marie Cardouat es excelente, pero eso es algo que ya sabíamos los que la habíamos visto en Dixit. Desde la portada y su estilo onírico a las distintas atracciones y puestos para montar y colocar sobre nuestros parques, durante toda la partida vamos a sentirnos como si estuviéramos participando en un cuento. Qué lejos de cosas tan horrendas como los tableros de Brass o Age of Steam, que parecen decir: “no te atrevas a divertirte con nosotros”. Aquí desde un principio el juego nos está dando la bievenida, invitándonos a sentarnos, jugar y tomarnos un café con magdalenas.

Hasta los robotitos parecen estar pasándoselo pipa.

Hasta los robotitos parecen estar pasándoselo pipa.

Y, aparte de mirar lo monísimo que es todo con cara de bobos, ¿qué hacemos en este juego? Tirar dadetes, construir cosas y ganar puntos, todo ello vigilando la basura, por supuesto. Por ir un poco más despacio:

Tirar dadetes: al principio de cada uno de los seis turnos que dura el juego, cada jugador toma seis dados especiales y, a la cuenta de tres, empiezan a tirarlos y volverlos a tirar hasta obtener los resultados que quieran. Cuando uno de los resultados te gusta, lo colocas en tu cerdito y ya no se toca hasta que todo el mundo haya terminado de tirar. En el momento en que estás contento con todos tus resultados, tomas la ficha de orden de turno que te haya tocado. Si eres el último que queda tirando dados, tienes hasta tres tiradas más, y fuera. Nada de quedarse repitiendo tirada tras tirada hasta obtener el resultado perfecto. Aquí, más que intentar conseguir el jugadón, lo suyo es hacer dos o tres tiradas, deshacerte de las caras en blanco, que son las únicas realmente malas, y quizá intentar conseguir 3-4 resultados de la acción en la que quieras esforzarte más ese turno, pero prácticamente todo lo que saques tiene una utilidad.

Construir cosas: una vez todo el mundo ha tirado sus dadetes, en orden de primero a último en haber cogido su ficha de orden de turno puede usar esos resultados para construir cosas en su parque, según el resultado. Un resultado te permite construir atracciones, que serán la principal fuente de puntazos porque, ¿qué es un parque de atracciones sin atracciones?; otro resultado lo vas a usar para construir puestos de información, retretes, casinos y demás, que te dan ciertas ventajas como doblar los resultados de un tipo, cambiar un dado por otro o engañar a robots visitantes para que prueben atracciones que no les gustan; también puedes usar otros resultados para jugar cartas de bonificación, atraer visitantes a tu parque o limpiar la basura que van acumulando la construcción y los propios visitantes. Y, si la acción de un dado no te parece lo suficientemente interesante, siempre puedes utilizarla para ampliar tu parque, así que todo son ganancias.

Lo importante no es la tirada, sino lo que hagas con ella.

Lo importante no es la tirada, sino lo que hagas con ella.

Ganar puntos: hay dos modos principales de ganar puntos en Steam Park: el primero es jugar cartas de bonificación, de las que siempre tienes tres al principio del turno y para lo que necesitas usar un resultado específico en un dado. Estas cartas te darán una cantidad determinada de puntos según un criterio concreto como puede ser número de visitantes de un color, tipos de puestos distintos, tamaño del parque, cantidad de resultados de un tipo en concreto que hayas conseguido ese turno y demás. Otro de los modos, y quizá el que más te vaya a rentar a largo plazo, es atraer visitantes a tu parque. Hay seis tipos distintos de atracciones, y cada tipo atrae a un robot con unos gustos concretos. Cuando realizas la acción de atraer visitantes metes en una bolsa tantos robots como dados hayas usado en esa acción, la sacudes un poco y sacas esa misma cantidad de robots. Si el color de alguno coincide con un espacio vacío de alguna de tus atracciones, el robot se monta en ella y continúa allí hasta el final de la partida (los robots no se cansan), pagando su entrada religiosamente cada turno. Si no, tras darse una vuelta y ver que no hay nada que le guste, se va de tu parque murmurando por lo bajini. En todo momento hay seis robots en esa bolsa, así que nunca puedes estar completamente seguro de qué tipo de clientes van a visitarte ese día, lo que le añade un punto de incertidumbre y emoción al asunto.

Vigilar la basura: el último punto que tienes que tener en cuenta es el de la basura, ya que parece ser que los parques de atracciones son altamente contaminantes, y la ciudad de Roboburgo donde has plantado el tuyo es muy estricta en ese aspecto. Cada robot que comience un turno subido a una de tus atracciones, y siempre que guardes un resultado de construir atracción, puesto o jugar carta de bonificación en un dado, vas a recibir marcadores de basura. Esto también se ve afectado por el orden de turno, así que a veces te compensará quedarte con una tirada no demasiado potente para limpiar un poco el parque si lo tienes como la cocina de una tasca de barrio. ¿Y por qué ibas a querer limpiar el parque si, total, los robots tampoco van a poner muchos remilgos? Porque al final de la partida, si te queda demasiada basura, vas a tener que pagar una multa proporcional a lo asqueroso que hayas dejado el solar al recoger el chiringuito, y el concejal de medio ambiente no se anda con chiquitas. Una vez pagada esa última multa, el jugador con más puntos es el ganador.

¿Qué quiero hacer en este turno? Da igual: todo es bueno.

¿Qué quiero hacer en este turno? Da igual: todo es bueno.

¿Cuál es el veredicto, entonces, para Steam Park? Que me ha encantado. El tema es muy difícil de superar, y gráficamente está cuidadísimo, pero la experiencia de juego no se ha descuidado. Como todo juego familiar que se precie, tiene el azar suficiente, tanto en las tiradas de dados como en las cartas de bonificación o el método de sacar visitantes de la bolsa, para que nadie se sienta en ningún momento fuera de la partida, aunque sin convertirse en un juego de azar puro, ya que planificar la construcción de tu parque de manera que ese azar se mitigue lo más posible construyendo los puestos adecuados o las atracciones que más resultado te puedan dar siempre compensa. Además, el mecanismo de la basura actúa como un igualador muy eficaz, ya que los jugadores con los parques más complejos y con más visitantes van a generar más basura cada turno y, por tanto, tendrán que dedicar más recursos a mantenerla a raya. Si tiene alguna pega, es que no recomendaría jugarlo a gente a quien le gusta tener todo bajo control y buscar siempre la jugada perfecta, ya que es un juego que penaliza muy duramente ese modo de jugar: ¿quieres pensarte tu jugada y evaluar los resultados de cada tirada para ver qué dados mantienes? Vas a verte siempre jugando en último lugar y acumulando basura por ello. Pero si te gusta dejarte llevar y plantearte un turno en términos de “a ver qué puedo hacer con esto que tengo” en lugar de “a ver qué necesito tener para hacer lo que me gustaría”, estás ante un ganador. Es muy difícil, como decía al principio de la reseña, que un juego familiar me enganche tanto como para añadirlo a mi colección, y Steam Park se ha ganado el hueco.

Lo mejor: un tema original y unas ilustraciones excepcionales que hacen que apetezca jugar sólo con verlo.

Lo peor: si juegas con gente muy empeñada en planear cada jugada a la perfección, se puede hacer pesado, sobre todo con cuatro jugadores que vayan de ese palo.

 

 

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9 Comentarios en Reseña: Steam Park

  1. Sensaciones encontradas. El tema y la mecanica me recuerdan en cierto modo al Galaxy Trcuker, por la fase de locura de montar la nave (aquí tirar dados hasta tener tu jugada). A mi novia le motiva muchisimo, y, teniendo en cuenta que no es caro, no descartamos que caiga 😛

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    • A mí también me recordó ese inicio a ver quién termina antes de tirar dados a Galaxy Trucker, con la diferencia de que aquí la mayoría de las decisiones las vas a tomar después de la tirada, quitándole algo de las taquicardias que surgían a la hora de construir tu nave y ver que no encuentras nada con los conectores necesarios.
      Juegazos los dos, en cualquier caso 😀

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  2. Has conseguido que un juego al que decía: Bah ; ahora diga: LO DESEO!!

    Fantástica reseña. Me gusta mucho (y cada vez más) el blog.

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  3. Parece un juego simpático, habrá que probarlo, que el Takenoko ya está un poco “sobao”.

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  4. A mí Takenoko me perdió con el dado del principio de turno. Aquí el azar equilibra, no al revés.

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  5. Miguel (roanoke) // enero 28, 2014 en 9:05 pm // Responder

    jajajaja…nunca pensé que el tablero del Brass me dijera eso de que “no está ahí para que yo me divierta”. ¡ qué bueno ¡ En cuanto al juego reseñado, puesss……no sé, no sé, no acabo de verlo. Y el caso es que me interesan este tipo de juegos porque los domingos tengo en casa un grupo de colegialas invitadas por mi hija para tardes de merienda y juegos. Lo voy a seguir de cerca por si acaso. Y gracias, Alberto, por la reseña.

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  6. ¿Como ves este juego a 2? se que a 4 debe ser la bomba, pero ¿como ira el tema de presion en los dados a 2? y por otro lado ¿como se ve de rejugabilidad?

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  7. A dos es más recomendable aún que a cuatro, porque los entreturnos son más cortos. En cuanto a rejugabilidad, al ser más un juego de competir con otros jugadores que de desentrañar el “puzzle”, está a la par de otros familiares como Carcassonne o ¡Aventureros al tren!

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