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Reseña: Modern Art

Reiner Knizia, 1992 – Hans im Glück (Matagot)

Cuando la gente habla de juegos temáticos, por alguna razón inmediatamente nos vamos a los marines espaciales estelares (no quiero que ninguna empresa dedicada a los juegos de figuritas me demande) y a los dragones y magos. Pero un juego puede encajar perfectamente con su tema y, sin embargo, que éste sea algo más mundano. Por ejemplo, pocas experiencias vas a tener más cercanas al mercado del arte moderno que una partida a Modern Art.

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Si es que es como estar ahí mismo.

En Modern Art somos muchimillonarios que han decidido especular con obras de cinco artistas un tanto especiales. Para ello iremos subastando estas obras una a una, mediante tipos distintos de subasta indicados con un símbolo en la obra que se esté subastando en ese momento. Estas subastas pueden ser abiertas, cerradas a una vuelta, ventas a precio fijo o secretas y simultáneas. También hay algunos cuadros que se subastan de dos en dos y hacen que el juego sea un poco menos controlable. En el momento en que el quinto cuadro de un mismo autor salga a subasta, la ronda termina y los cuadros de los autores más de moda (los que hayan sido más sacados a subasta) se venden por una suma de dinero determinada por la posición del artista en esa y anteriores rondas, mientras que los cuadros de autores más desconocidos se acaban regalado a gente que pasa por ahí sin beneficio alguno. Tras cuatro rondas, el jugador con más dinero es el que gana.

Simple, ¿no? Pues, efectivamente, así lo es, pero tiene algunos detalles que, sin hacerlo complejo en absoluto, sí que lo hacen mucho más profundo de lo que parece. En primer lugar, cuando un jugador saca un cuadro a subasta, el dinero que otros jugadores paguen por ellos es para el subastador. Esto crea un mercado cerrado y muchas situaciones interesantes en las que un jugador puede dudar entre sacar un cuadro que él pueda llevarse por un precio bajo o sacarle partido a la avaricia de otros jugadores y poner a subasta un cuadro que sabe que va a alcanzar un alto precio. El ver quién se queda cada cuadro es también importante a la hora de calcular las posibilidades de que los siguientes sean de un autor u otro y actuar en consecuencia. Por último, y no menos importante, que cada cuadro se venda mediante un tipo de subasta distinto evita que el juego se haga repetitivo y añade otro nivel de decisión, ya que cada subasta puede resultar más o menos beneficiosa según el ambiente y el punto concreto de la partida.

Lo que Modern Art consigue es, por tanto, algo muy difícil: es a la vez un juego con muchos niveles de profundidad y oportunidad para el análisis y uno muy fácil de explicar y aprender, incluso añadiendo algunos pequeños consejos estratégicos que animen el cotarro, y todo ello animado por un tema que tiene muchísimo sentido y se integra muy bien con los mecanismos, además de ser muy agradable a la vista en la gran mayoría de sus versiones, entre las que hay que destacar por lo bonito la japonesa.

La versión japonesa, que usa sellos en lugar de cartas y que nos mata de envidia a todos quienes no la tenemos.

Un último consejo: puede que, deambulando por tu tienda física u online habitual, te encuentres con un producto muy baratete llamado “Modern Art: el juego de cartas“. Ni se te ocurra comprarlo pensando que es otra versión más de Modern Art, cuando es una reedición de otro juego de Knizia, Master’s Gallery. ¿Y qué tiene eso de malo? Bueno, si hemos quedado en que el juego que hoy nos ocupa es un grandísimo juego de subastas por cómo tiene en cuenta todo lo que puede hacer una subasta interesante… Modern Art: el juego de cartas es todo eso… pero sin subastas. ¿Que qué sentido tiene tomar uno de los mejores juegos de subastas de la historia y hacer una versión quitándole, precisamente, su punto fuerte? Pues el mismo que un Colonos de Catán en el que no se pueda comerciar o un Hombres-Lobo en el que todo el mundo juegue con su identidad a la vista de todo el mundo. Avisados quedáis: ¡es veneno!

Lo mejor: un juego de subastas que trata todos los factores que pueden hacer que el precio “justo” para cada elemento sea distinto para cada jugador, lo que hace que no te puedas distraer ni un momento.

Lo peor: con tres jugadores nada más se hace quizá demasiado previsible.

 

 

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8 Comentarios en Reseña: Modern Art

  1. Buena reseña. Y juegazo donde los haya. El martes estuvimos dándole un tiento en Puebla.

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  2. Me gustan los juegos tematicos, si, pero de temas que me sean afines o que al menos me llame su estetica, y este no es uno de ellos precisamente. No me lo compraria porque no me llama nada de nada, es feo como pegar a un padre :/

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  3. A mi es un juego que me gustaba bastante, pero me dí cuenta que las cartas dobles desbalancean el juego en favor de quien tenga la suerte de tenerlas, Vender dos cuadros en un mismo turno es mucha ventaja,

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  4. A mi no me parece feo en absoluto. Creo que refleja perfectamente el mundo del arte abstracto. Un bodrio puede valer mucho o nada en función de 2modas” y de la especulación. Así es que en ese aspecto creo que el diseño gráfico lo clava.

    Las cartas dobles creo que no desequilibran demasiado el juego. Si tienes la “suerte” de tenerlas ya se encargarán el resto de jugadores de que ese pintor se coma los mocos.

    Es un juego sencillo. Pero mejora mucho cuando lo juegas con gente que lo ha jugado más veces.

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  5. @Cesar: gracias 🙂 Es, curiosamente, uno de los pocos juegos a los que no hay ninguna resistencia a jugar varias veces en Puebla, que es un entorno no muy dado a repetir juegos. Por algo será.

    @Ech-Pi-El: yo diría que es uno de esos juegos que son feos adrede. Eso mete más en el tema de que el valor de los cuadros depende únicamente de lo “de moda” que esté el autor. Eso sí, si la estética te tira para atrás, no seré yo quien te intente convencer: la estética es un elemento muy importante en la experiencia lúdica. Si acaso te diría que les echaras un vistazo a los muchos rediseños que hay por ahí, por si encuentras uno que cameles más.

    @kesulin: las cartas dobles descompensan en la misma medida en que descompensan los ases en el póker. Para mí parte del juego es pensar qué cartas pueden jugar los demás y actuar en consecuencia, y es justo uno de los detalles que me parecen que le añaden profundidad. En cualquier caso, gracias por el comentario 🙂

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  6. @cesar: Si yo juego la 3 y 4 cartas de un Nex, a ver quien es el guapo que impide que quede almenos segundo. Además hay que poder hacer que el autor se coma los mocos, ¡puede que solo tengas una ronda para ello!
    Muy difícil contrarrestar la jugada.

    @Betote: No he dicho que me gustase el poker…
    El problema es más grande de lo que te parece:
    1-Todos venden un cuadro por turno, excepto los agraciados que tienes caras de venta doble, si tu consigues 20 por un turno, el otro consigue 40 en un mismo turno (es un ejemplo). ¿Porque? Porque tiene una carta de venta doble.
    2- Vender dos cuadros de un mismo autor revaloriza este bastante, pudiendo dar sorpresas que otro que no tenga la carta no tiene opción de dar.

    Conclusión, el día que en una partida no veas ninguna de estas cartas, te vas a dar cuenta que no tienes opción de ganar la partida.

    Es una opinión un poco llevada al extremo, pero la realidad es que estas cartas estropean el juego.

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  7. Pues lo que te decía, kesulin: está claro que las cartas dobles son más potentes, pero a mí me gusta el punto de incertidumbre que le dan al juego (menos fácil de calcular posibilidades), y opino que se puede jugar en torno a ellas aunque no las tengas tú en la mano, por el componente de especulación del juego (p.e., cuando ves que alguien puja especialmente por un tipo de cuadros, puedes imaginar que tiene la doble de ese autor, y por ahí va a salir).

    En cualquier caso, si todo el mundo está de acuerdo y ese es el único problema que le veis al juego, con quitar las dobles antes de la partida, solucionado 😉

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  8. @betote, en vez de quitar las dobles se puede decidir que la segunda carta la tenga que sacar el siguiente jugador, que será además el que reciba toda la pasta. Sería una forma de que salgan a subasta con algo más de criterio.

    pero vamos, que a mi me gusta como está.

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