Anuncios
Últimas entradas

Reseña: Archipelago

Christophe Boelinger, 2012 - Ludically Christophe Boelinger es famoso en el mundillo principalmente por dos cosas: la primera es, por supuesto, su pelazo. La segunda, quizá menos importante pero puede que algo más relevante para hablar de Archipelago, es su gusto por mezclar géneros y traspasar barreras. Si en Dungeon Twister consiguió crear un juego con una muy fuerte temática de fantasía heroica que se jugaba como un abstracto, y en Earth Reborn nos trajo un juego de combates de miniaturas con mecanismos muy cercanos a los juegos de escuela alemana, con Archipelago riza el rizo y nos trae un juego de gestión de recursos y colocación de trabajadores, con muchos cubos de colores y meeples, que se basa en el faroleo, la negociación y la variabilidad.

No os dejéis engañar por la portada: este juego tiene muy poco de amable y pacífico.

El tema de Archipelago es, en un principio, el típico en tantos y tantos juegos de “comercio con el Nuevo Mundo”: los jugadores han sido enviados a colonizar y administrar una zona ignota llena de recursos aprovechables, y ganar toda la gloria que puedan durante el proceso. Para ello tendrán que contratar trabajadores, construir edificios, comprar y vender distintos materiales y, en fin, hacer todo lo que se hace generalmente en este tipo de juegos.

Hasta aquí, todo parece normal, pero ahora es cuando vienen las peculiaridades. Para empezar, los jugadores no saben con certeza qué tienen que hacer para conseguir puntos. Hay una condición de victoria común, escogida al azar entre varias al principio de la partida, y que indica algo que tienen que conseguir los jugadores para conseguir puntos. El caso es que, además de esa condición pública, cada jugador recibe una condición secreta que puntúa para todos pero sólo conoce él, así que para saber qué es lo que tienes que hacer para conseguir esos sabrosísimos puntos de victoria no queda otra que intentar averiguar qué es lo que persiguen los demás. ¿Ha construido Pepito ese mercado para vender piñas o porque los mercados puntúan a final de partida? ¿Mariano está acumulando piedra para construir templos o para conseguir una mayoría de ese tipo de recursos? Y, para darle más emoción a la cosa, ni siquiera se sabe a ciencia cierta cuándo se acaba la partida, ya que las condiciones que hacen que llegue el final del juego son también secretas.

Otra cosa que distingue a este juego de otros euros es la gran cantidad de azar que tiene: desde los resultados de las acciones de exploración (al fin y al cabo te estás adentrando en terreno desconocido) a las cartas de personajes y avances que vayan apareciendo y que muchas veces influyen de manera importante en el desarrollo de la partida (haciendo la exploración más sencilla, dándole más vida al mercado, facilitando la realización de ciertas acciones…), cuando empiezas una partida de Archipelago nunca sabes exactamente cuáles son las estrategias óptimas a seguir y hace que sea muy difícil ver dos partidas iguales.

Tan bello y cruel como un gatito.

El tercer y más importante punto de originalidad de Archipelago es lo que lo hace más fresco dentro de un mundillo que, cada vez más, empieza a repetirse a sí mismo: ¿recuerdas esa zona ignota llena de recursos que tenías que explorar? Pues resulta que, además de recursos, está llena de nativos, y no te creas que les sienta muy bien ver cómo talas sus árboles sagrados para construir taburetes o que les quites las piñas del desayuno para venderlas en Lisboa. La cuestión es que, a más nativos y más saqueo de sus tierras, más se nos enfada la buena gente, y es más que probable que llegue un momento en el que la población nativa descontenta se rebele y expulse a los invasores, que vienen siendo los propios jugadores. Si esto ocurre, todos han perdido y toca recoger el juego con carita triste, así que conviene ponerse de vez en cuando de acuerdo para construir templos, evitar el desempleo en la población nativa y satisfacer sus necesidades en forma de consunción de cubitos de colores. Para promover (o impedir) la cooperación, los jugadores pueden comerciar, negociar e intercambiar casi cualquier cosa menos sus ciudadanos y barcos, incluso compartir estancia en un territorio. Al principio este peligro de rebelión parece lejano, pero conforme avanza la partida la sensación de “vamos a petar de muy mala manera” se hace cada vez más y más presente.

Por cierto: ¿recuerdas que comenté antes que cada jugador tenía una condición de victoria secreta? Bien, pues resulta que una de esas condiciones viene diciendo básicamente: “si los nativos se rebelan y expulsan a los jugadores, ganas tú”. Qué buen rollito, ¿verdad?

Archipelago camina en el borde de dos zonas muy enfrentadas, y esto puede jugar en su contra: a los amantes de la gestión de recursos les puede parecer que es un juego con demasiada confrontación y mala leche, mientras que los fanáticos de los plásticos más duros pueden ver mucha madera y poco acero. Por otro lado, si lo que buscas es un juego con la elegancia de mecánicas que ofrecen los eurogames, pero con la interacción y variedad de los ameritrash, este fruto del amor prohibido entre Los Colonos de Catán y La República de Roma sólo busca cariño y comprensión, y puede darte muchos buenos ratos.

Y, además: pelazo.

Y, además: pelazo.

Lo mejor: un soplo de aire fresco, no ya sólo en comparación con otros juegos, sino entre partida y partida.

Lo peor: tiene un estilo de juego muy peculiar, y no es raro que no encaje con tus preferencias o las de algún compañero de mesa.

 

 

 

Anuncios

4 Comentarios en Reseña: Archipelago

  1. Este juego es muy bueno y todo un descubrimiento, el cierto que no es apto para todo tipo de grupos, pero su experiencia es de juego es muy diferente a todo lo demás.

    No entiendo como con un juego tan bonito no incluyas ni una sola foto en toda la reseña…

    Un saludo.

    Me gusta

  2. La explicación a la falta de fotos es sencilla: el juego es, efectivamente, tan bonito que lo que tenía disponible en el momento (la cámara del teléfono) no podía hacerle justicia. Pero le debo alguna foto en condiciones, tienes razón.

    Gracias por pasarte 😉

    Me gusta

  3. Ahora ya está completa, fotito y todo.

    Me gusta

  4. Si eres un jugón de los buenos, de los que le gustan todo tipo de juegos, este es un must have: lo tiene todo. Gestión de recursos, colocación de trabajadores, mayorías, cooperación sin efecto líder, colocación de losetas, negociación, deducción, roles ocultos, diplomacia, bluf y faroles, enfrentamientos y perradas (especialmente con la expansión war & peace) y sobre todo rejugabilidad: nunca sabes que deparará una nueva partida. Lo que a su vez hace que el juego nunca muera por encontrarse la estrategia ganadora, como ocurre tarde o temprano con los eurogames más genéricos.
    Por contra, si eres un jugador cerrado con gustos muy concretos y géneros que odias, de seguro que encontrarás elementos que no te gusten.
    Por suerte yo soy del primer tipo :p. Archipelago, un juego hecho a mi medida.

    Me gusta

1 Trackback / Pingback

  1. Reseña de Archipelago | The Freak Times 07

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: