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Be-Top-Ten: muevecubos

Qué bien traído el juego de palabras, ¿eh? Guiñar

Pues eso, empiezo una serie de “Diez Arriba”, por categorías. Y qué mejor manera que empezar por el género que todo el mundo sabe que más me chifla: los muevecubos sin alma  Sonreir

¿Qué es un muevecubos?

No estamos hablando simplemente de “euros”. Un muevecubos sin alma es un juego cuyo objetivo principal es conseguir puntos de victoria. Esos puntos de victoria los consigues colocado piezas en una zona del tablero que te da unas fichas (generalmente cubos de madera) que entregas en otra parte del tablero para conseguir algo que, finalmente, te da esos ansiados puntos de victoria. Aquí el tema no es que sea secundario, sino que es completamente sobrante. Son juegos equilibrados en los que todos los jugadores parten del mismo punto y, la mayor parte de las veces, no interactúan demasiado entre sí.

Menciones especiales

No he jugado, pero tengo ganas de jugar y quizá aparecieran por aquí de hacerlo, a:

  • Le Havre
  • Belfort
  • Last Will
  • Manhattan Project

Si alguno de vosotros considera que uno de estos juegos debería estar en la lista, siempre podéis regalármelo, y yo prometo probarlo y modificar la lista en consecuencia de juzgarlo necesario Guiñar

Y sin más dilación, empezamos:

10 – Trajan

Stefan Feld tiene un don para hacer juegos absolutamente insulsos. Este, al menos, aunque podría ser perfectamente un juego sobre la caza de gamusinos y los demás jugadores están para comparar una mayoría cuatro veces durante toda la partida, es entretenido. Mover los barrilitos de colores por el mancala para ver en qué parte del tablero coges una fichita tiene su gracia y todo.

Lo mejor: al no ser un juego, sino seis minijuegos conectados de manera más bien difusa, siempre puedes encontrar alguna parte que te entretenga un poco más.

Lo peor: si alguna vez me he encontrado algo merecedor del nombre “muevecubos sin alma”, es este. Ni Knizia sería capaz de hacer un juego en el que los dibujos de las fichas (me niego siquiera a llamarlo “tema”) tenga tan poco que ver con el juego en sí.

9 – Puerto Rico

Diez añitos tiene este juego ya, y muchos dirían que fue el inicio de la era de los cubitos de madera. Tomando una idea de otros juegos como Ciudadelas, Puerto Rico es un tenso juego en el que tienes que elegir muy bien qué rol escoges en cada momento, qué estrategia a largo plazo quieres llevar, cómo combinar los poderes de los edificios que vayas construyendo y, sobre todo, al lado de quién te sientes.

Lo mejor: la manera en que cada parte del engranaje encaja con todas las demás, y la agradable sensación de ver cómo vas construyendo poquito a poco tu cachito de ciudad.

Lo peor: si una persona en la partida tiene un nivel mayor o menor que el resto, esa partida está arruinada para todo el mundo.

8 – La Villa

El juego del bien morir. Las novedades que introduce este jueguín respecto a otros del palo es la introducción del tiempo como un recurso más, y el hecho de que ver morir a los miembros de tu familia sea considerado como algo no sólo bueno, sino deseable hasta el punto de tener a varios jugadores intentando ser el que se cargue antes al abuelo para apuntar su nombre en las crónicas del pueblo. Un juego en el que, literalmente, matarás a tu familia por unos pocos puntos de victoria.

Lo mejor: es un juego sencillo de explicar, con una preparación mínima y que ofrece muchos caminos distintos para conseguir la victoria.

Lo peor: una vez está todo dicho, no aporta nada especial ni novedoso al mundillo.

7 – Alien Frontiers

Conocido también como “el juego ese de Kickstarter”, es un juego de mayorías de corazón camuflado tras un motor de colocación de dados que recuerda vagamente a Troyes, pero sin florituras ni complicaciones innecesarias, y siendo mucho más directo y honesto. La competición por cada zona del planeta, el azar de los dados y las combinaciones de cartas hacen que cada partida te produzca sensaciones distintas.

Lo mejor: la combinación de dados como trabajadores y un tema interesante, además de los bloqueos y contraataques entre jugadores.

Lo peor: siempre habrá quien se queje de que los dados restan estrategia o hacen que el juego sea “puro azar”.

6 – Kingsburg

Otro de tirar dados y colocarlos, este ya directamente para conseguir cubitos de colores y construir edificios, sin careta. Lo que hace especial a Kingsburg es la pelea por los puestos más jugosos, las dudas entre usar varias casillas bajas o ir a por todas y ocupar una única casilla de valor más alto, unido a la tensión por los ataques al final de cada año y las combinaciones de edificios.

Lo mejor: juego muy sencillo y con mucha miga. Añadirle la expansión multiplica su rejugabilidad y las opciones que ofrece.

Lo peor: la expansión es prácticamente una necesidad si lo vas a jugar muy a menudo.

5 – Goa

Este clásico tiene todos los elementos necesarios para un muevecubos de libro, desde la portada con señor alemán seriote hasta el modo mágico en que un saco de clavo y uno de jengibre son los ingredientes necesarios para crear unas nenitas perfectas un ejército de colonos. No vas a sentir el viento en la cara mientras vives las aventuras de navegar por el Océano Índico, pero sí vas a encontrar un juego de subastas y gestión de recursos muy interesante y con mucha chicha.

Lo mejor: la subasta y cómo decides no sólo cuánto pujar, sino qué va a entrar a subasta cada turno. Especialmente chulas las decisiones con las reglas de la nueva edición.

Lo peor: un jugador que meta mucho la pata en un momento concreto puede causar un desbarajuste importante, inflando el precio de losetas normalitas o dejando otras más potentes casi gratis.

4 – Tzolk’in: The Mayan Calendar

¡Fresquito desde Essen’2012, oiga! El juego sobre el calendario maya cuyo componente principal es un elemento de la iconografía azteza, pero teniendo en cuenta que estamos hablando de muevecubos le podemos otorgar un premio de consolación “close enough”. Este juego añade al mecanismo de colocación de trabajadores el elemento temporal haciendo que, cuanto más tiempo dejes a un trabajador en una rueda, mayor será el beneficio que obtengas al recuperarlo. Esto hace que tengas que tener muy en cuenta cuándo hacer cada cosa, y que si otro jugador pone su señor en el sitio que tú necesitabas en el momento preciso, te pueda hacer un traje bastante importante. Un juego muy bien pensado y que tiene mucho más que el punto de novedad de la ruedecita dichosa.

Lo mejor: cómo las ruedas hacen el mantenimiento del juego, que puede ser algo cansino en juegos como Agrícola y similares, algo extremadamente fácil y rápido.

Lo peor: con lo original que les había quedado el elemento temporal, tienen que estropearlo poniendo fases de “alimentar a tu gente”, que es algo ya demasiado trillado.

3 – Dungeon Petz

Hacer una lista de “los mejores juegos de X” sin que aparezca nada de Vlaada es algo realmente complicado. Dungeon Petz es uno de esos juegos que merece la pena comprar sólo por partirte el ojal leyendo las reglas, pero es que además el juego es bueno y todo. Desde la mezcla rara de colocación de trabajadores con subasta en la que el que más señores mande juntos (y, por tanto, menos casillas vaya a ocupar ese turno) escoge antes hasta el complicado equilibrio entre el riesgo creciente de cuidar una mascota que se va haciendo mayor y que sean precisamente las mascotas de más edad las que más posibilidades tienen de dar puntos y dinero, pasando por supuesto por la gozada que es ver lo chulamente ilustrados que están tablero y monstruos, este es uno de esos juegos que todo jugón mínimamente serio (en cuanto a dedicación, no a caralarguismo) debería tener.

Lo mejor: el modo en que transmite el tema, y cómo acabas cogiéndoles cariño a los bichines que vas criando.

Lo peor: pese a su aspecto tan cuqui y casi infantil, este juego es de los duros, y hasta no haber echado varias partidas no terminas de cogerle el truco y saber exactamente qué es lo que se supone que deberías hacer en cada momento.

2 – Agrícola

El juego que le salió tan bien a Uwe Rosenberg que, desde entonces, lo único que ha hecho ha sido variaciones sobre el mismo tema. Este juego combina la sensación de progreso al ver cómo tu granja va creciendo cada vez más y el horror visceral de ver cómo tus granjeros están siempre al borde de la muerte por inanición. Los ocho millones de cartas de oficios distintas, y más que van saliendo cada poco rato, te aseguran la rejugabilidad.

Lo mejor: uno de esos juegos fáciles de aprender pero muy difíciles de dominar. Además, las ovejitas-meeple son una de las cosas más monas que se pueden ver en un juego de mesa, compitiendo duramente con los astronautas de Galaxy Trucker.

Lo peor: le falta un poco de mordida y competición entre jugadores, adoleciendo algo del síndrome del “solitario multijugador”.

1 – Caylus

Palabras mayores, señores. Aquí todo el mundo callado, sentadito y con el móvil apagado, que ha llegado el Fucking Boss. Seco como él solo, con un tema que no inspira precisamente aventura y fantasía, pero con unos mecanismos que lo separan del resto y lo elevan a la categoría de clásico. Caylus no es un juego: es un campo de batalla, y cada cubito de madera es un puñal que clavarle a tus oponentes en el hígado. Puede que Caylus no fuera el primer juego de colocación de trabajadores pero, desde luego, es El Uno.

Lo mejor: la batalla constante por cada recurso, cada casilla, cada favor real y cada contribución al castillo.

Lo peor: la portada, sobre todo la original. ¿Quién querría comprar un juego que ya de primeras te mira como si te estuviera regañando?

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4 Comentarios en Be-Top-Ten: muevecubos

  1. Lo primero, felicidades por la vuelta al blog. Lo siguiente, una queja. ¿Cómo puedes considerar al Agrícola y al Dungeon Petz juegos sin alma ni tema? ¡Un saludo!

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    • Gracias, intentaré ir apañando esto, que lo tenía que daba pena verlo 😉

      En cuanto a tu apunte, no todos los muevecubos tienen que carecer de alma y/o tema. Agrícola y, sobre todo, Dungeon Petz son prueba de ello.

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  2. Me sorprende que incluyas el Kingsburg en este top ten. Está muy poco valorado por ahí. Yo misma lo tengo, y me gusta, aunque lo veo un poco flojo, será porque me falta la expansión.

    Mis favoritos de aquí Caylus (reverencia y saludo marcial), Agrícola (rezo un padrenuestro a Uwe todas las noches) y Puerto Rico (sacrosanto).

    Te aconsejo At the Gates of Loyang, otro fríecerebros (no consigo pasar de 17, aaaaaaaaaaaaaaargh), y las verduras son monisisisisimas.

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  3. Kingsburg es, entre otras cosas, uno de los pocos juegos de este estilo que puedo sacarle a mi grupo de plastiqueros sin que me lo tiren a la cabeza. Sólo por eso ya merece la pena. Y sí, la expansión mejora muchísimo.

    El AtGoL la verdad es que no me llama mucho, pero se acerca el verano y en Puebla hay una facción Rosenberg importante y quizá acabe por probarlo. También tengo sin catar Le Havre y Ora et Labora…

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